El rey de las reinas

En un ambiente en que cada vez hay más resistencia a los concursos de belleza, este domingo se va a realizar una nueva versión del Miss Universo. Pese a eso, el principal promotor de esta actividad en Chile, Eugenio Manzur, asegura que el sector goza de buena salud y que él está empeñado en recuperar el glamour ochentero.

Keno Manzur (35) viste una polera amarilla, un short y unas sandalias en un café cercano al Parque Arauco. Lleva una barba de pocos días. Podría ser un mendocino comiendo algo antes de irse de shopping o un vecino del sector llegando o saliendo a la playa. Pero este ingeniero comercial es el principal promotor de las misses chilenas en la última década, mundo al que llegó en 2012 después de notar que un nuevo concurso, el Miss Earth, no tenía licencia en Chile.

Tras eso se transformó en director de Miss Mundo en Chile y comenzó a asesorar a Chilevisión en la versión local de Miss Universo. Para eso dejó un buen trabajo en un banco y ahora dirige cuatro concursos de belleza. Mañana estará junto a Jordi Castell y Francisca García-Huidobro analizando cómo le va a Catalina Cáceres, la representante chilena en el Miss Universo en Manila, Filipinas. “Mi interés en esto partió por la Bolocco. Por lo que he investigado fue bastante fuerte, con gente tocando la bocina y filas de autos en Plaza Italia”, comienza diciendo.

¿Era la época dorada de las misses?
Sí. En los 80 estaba al mando la revista Paula y era otra cosa. Algo mucho más fino y bien cuidado. De eso se trata esto, si quieres tener buenos resultados tienes que cuidar a tus candidatas. Prepararlas, no dejarlas botadas, darles las mayores comodidades posibles.

¿Qué buscan las concursantes que entran?
Todas llegan super escépticas y con miedo. Te hacen sentir que te están haciendo un favor presentándose. Hay que ofrecerles un concurso del que se sientan orgullosas, que les cuenten a sus amigos y familia y no sientan vergüenza de decir soy la Miss Chile, y por ende soy tonta y flaite.

¿En eso se transformó?
Sí. El Miss Chile tuvo un auge super potente en los 80 hasta el 90, 91 y después se desperfiló. Lo tomó la televisión y empezó a hacer un cuento que buscaba dejar a las niñas en ridículo, hacer preguntas difíciles, dejarlas como tontas.

Manzur recuerda que en 1995 las concursantes tenían una prueba de baile: sonaba una cumbia y debían tirar unos pasos con los galanes de teleserie del momento. “Eso no da. Una niña de bien, buena, educada, que hable idiomas, con buenos valores y todo, ¿se va a prestar para esas cosas? No”, critica.

¿Cómo reclutas a las misses?
Voy en el mall, veo una niña que puede ser y le paso una tarjeta. Estoy todo el día en función de esto. Si ahora viera una niña, voy y le hablo, me importa un pepino.

¿Ganan un sueldo las misses?
Acá no. Si ganan en concursos Internacionales, sí. Hay premios en dinero que vendrían siendo como un pago. Aunque el verdadero pago viene más por lo que tú puedas lograr después con el título. Cecilia Bolocco en su época se ganó 250 mil dólares. No deja de ser.

¿A quiénes les pones tú de ejemplo?
Me gustó mucho Cecilia Bolocco porque ella se ganó el Miss Universo compitiendo a ojos de todo el mundo, siendo Chile un país miserable, con dos vestidos, tres aros y la rompió en la final. La otra que lo hizo muy bien en el Miss Mundo fue la Daniella Campos, el 98. Ella era muy sexy y también muy dama, independientemente de la imagen que puede tener por el tema farandulero.

¿Cuál es el perfil que buscas hoy?
Para mí la prioridad es la belleza. Una niña que si les preguntas a 10 personas cómo es, por lo menos ocho te digan linda. Eso es lo más importante, independientemente de su apellido, peso o altura. Mientras sea bonita, todo se puede arreglar.

De boutiques y feminismos
A Manzur se le ve contento, reconoce que han sido años intensos, pero que su trabajo está comenzando a dar frutos. Dice que complementa su trabajo con el de misses Mundo, Earth, Universo, Eco y Supranational con talleres para mujeres en regiones, que hace una semana estuvo en Rancagua y que la próxima parte a Curicó. Que fuera de Santiago el interés por las misses es mucho mayor y que en lugares como Ovalle, Concepción y Coquimbo ha llenado plazas de armas y portadas de diarios regionales con candidatas. “Me interesa que tengamos una reina internacional. Ese es mi objetivo. Y le hemos subido el pelo, estamos trabajando con buenos auspiciadores”.

¿Cuando llegaste, qué marcas se interesaban?
La boutique de los Dos Caracoles.

¿No crees que la crítica feminista a este tipo de actividades termine por hacer desaparecer estos concursos de belleza?
No hay ninguna posibilidad de que desaparezcan, de hecho cada vez están saliendo más. Siempre va a haber gente interesada, siempre.

Pero en Argentina, por ejemplo, hay un debate, se han suspendido en varios municipios y hay hasta proyectos legislativos para terminar con ellos. La última noticia fue la suspensión del concurso Miss Reef en el balneario de Mar del Plata.
No. De hecho, eso ayuda. En Argentina tuvieron transmisión en vivo de Miss Argentina y Miss Mundo. Crea morbo.

¿Crees que los concursos como el Miss Reef dañan a la industria?
Sí, aunque yo apunto a la gente que entiende que el Miss Reef no es lo mismo que el Miss Chile.

¿Por qué no hay que meterlos en el mismo saco?
Yo lo veo por género. El Miss Reef es un concurso para hombres, se hace en la playa, en el jurado y en el público hay puros hombres. El Miss Chile es más transversal, le gusta a todo el mundo. Todos saben que son cosas diferentes. Una cosa es un concurso veraniego, donde las niñas muestran el poto, y el otro es ser miss.

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