Opinión

¿El fin de la Historia?

Ha generado una gran preocupación, y en ciertos sectores rechazo, la transformación de Historia en una asignatura optativa para terceros y cuartos medios. Hace poco más de un año se salvó en la agonía la asignatura de Filosofía gracias a una organizada y activa movilización de profesores, académicos y de la opinión pública.

En esta recurrente problemática curricular hay varios temas envueltos. Por un lado, está la opacidad con que se resuelve un asunto tan importante como el currículo escolar –un artefacto mayor en la transmisión cultural de una sociedad. Si el currículo es en buena parte lo que una generación cree que debe conocer la siguiente, este debiera ser objeto de una amplia deliberación dentro de la sociedad. No ha sido este el caso. Por otro lado, está la falta de una planificación curricular.

En menos de dos décadas han existido tres cambios curriculares relevantes. El cambio mayor de 1998, el ajuste curricular de 2009, luego la interrupción de este ajuste curricular y la implementación de una reforma curricular de envergadura en 2012-2013. Hubo un momento en el que hubo tres currículos escolares dando vuelta con la desorientación y perplejidad que ello implicaba para docentes y estudiantes. El cambio curricular iniciado en 2012, bajo la primera administración de Piñera, no fue inocuo y reinstaló una mirada neoconductista sobre los procesos de enseñanza/aprendizaje. Es este el cambio que culmina ahora con el nuevo currículo de tercero y cuarto medio.

Lo ocurrido primero con Filosofía y ahora con Historia debiera mirarse en el contexto más amplio del incómodo lugar de las Humanidades -de sus saberes y racionalidad crítica- en nuestra sociedad. La "cuestión de las Humanidades" es el término con el que comienza a reaccionar un sector de la academia a la marginación -en la universidad y en la sociedad -, de conocimientos y habilidades que permiten, entre otros aspectos, abordar la pregunta fundamental sobre el sentido, en sociedades, culturas e individuos ("una vida no examinada no vale la pena ser vivida" diría socráticamente Nussbaum a propósito del rol de las humanidades hoy). La reacción se dirige también a los modos de producción de conocimiento dominantes que invalidan las formas de investigación y escritura propias del campo de las humanidades.

¿Es necesario argumentar sobre la importancia del saber histórico? Parece que sí. El nuevo currículo refuerza la formación ciudadana, pero la ciudadanía es una cáscara vacía -quizás de eso se trata- si no hay conocimiento y reflexión histórica en su base combinados con "experiencias de ciudadanía". Dicho en términos más amplios: es muy difícil habitar el presente y exorcizar errores y horrores pretéritos sin una idea del pasado. Y esta, sin duda, será más pobre o más rica, más compleja o superficial, según lo que hayamos logrado aprender de nuestra historia.

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