Opinión

Gestión política

20.01.2026 Nombramiento de ministros José Antonio Kast Oficina del Presidente Electo - OPE Foto Pablo Vásquez R. Pablo Vásquez R.

Un gabinete con buenos profesionales, representantes del mundo empresarial y, sobre todo, personas independientes. A la hora del análisis, este último rasgo fue destacado como un sello que el Presidente electo quiso darle al próximo gobierno: eficiencia y compromiso con la gestión sectorial, reducir al mínimo el peso de los partidos en la toma de decisiones, reforzar la impronta de la autoridad presidencial. Todo, en la lógica de un gobierno de emergencia, donde a los problemas de orden público, inmigración irregular, trabas a la inversión y listas de espera en salud pública, ahora se agrega el imperativo de la reconstrucción en las zonas afectadas por los incendios.

16 ministros independientes de un total de 24; impresionante, pero la verdad es que van a terminar siendo aún más. ¿La razón? El Presidente Kast designó a un militante de Evópoli, a otro del Partido Radical, una Social Cristiana y una Demócrata, es decir, cuatro partidos que en la última elección parlamentaria no alcanzaron el mínimo para mantener su existencia legal y están, por tanto, en vías de disolución. De concretarse esa realidad, partidos con representación en el gabinete habrá solo tres: dos militantes Republicanos, un UDI y un RN. Escenario inédito, que dejará al próximo gobierno en una situación bien compleja frente al Congreso y, también, ante enormes desafíos en materia de gestión política.

Se ha dicho que el Presidente electo buscará compensar a las fuerzas políticas en la designación de los subsecretarios. Eso puede ayudar a descomprimir en algo la tensión con los partidos, pero no alterar lo sustantivo: la autoridad política es el ministro, no el subsecretario. De hecho, tener una mejor representación partidaria en la segunda línea deja a los ministros en una posición desmedrada frente a sus subalternos, algo que se refuerza por el hecho de que los subsecretarios son cargos de exclusiva confianza del Presidente, no del ministro.

Frente al drama que se vive en el sur del país, José Antonio Kast señaló que “no hay espacio para la política”, una idea que, con alta probabilidad, se extenderá también a las áreas de gestión que definen al gobierno de emergencia. ¿El próximo gobierno no tendrá entonces desafíos políticos? ¿Puede existir la pretensión de que no los haya? Y si inevitablemente los hay, ¿cuáles son esos desafíos políticos? ¿cómo se está preparando la futura administración para abordarlos? ¿Lo está haciendo?

Un rasgo endémico de la derecha chilena ha sido creer que la dimensión política, es decir, los conflictos de poder en torno a modelos de sociedad, pueden soslayarse con logros sectoriales. Sin ir más lejos, fue lo que impidió a los gobiernos de Sebastián Piñera entender y estar preparados para la irrupción del movimiento estudiantil -primero- y del estallido social, después. Porque es inevitable: la naturaleza de lo que está en juego en cada ciclo político es la clave de todo lo demás, y no hay éxito ni logro de gestión que al final pueda reemplazarlo.

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