Opinión

Una buena reforma

23 Septiembre 2025 Fachada SII, Servicio de Impuestos Internos Foto: Andres Perez Andres Perez

En un breve e interesantísimo librito titulado An Expenditure Tax, el economista Nicholas Kaldor aboga por el reemplazo de los impuestos sobre la renta progresivos por un impuesto sobre el gasto o consumo, también progresivo. Argumenta en su escrito que los últimos no sólo son más eficientes, sino que también más justos.

Sostiene Kaldor que el impuesto sobre la renta grava al ahorro dos veces, lo que desalienta la inversión y el crecimiento económico. En efecto, si una persona genera un ingreso, debe tributar. Si luego consume en su totalidad dicho ingreso neto de impuesto, no paga tributo adicional alguno. En cambio, si invierte una parte de tal ingreso -si ahorra una parte del mismo- debe tributar nuevamente sobre los ingresos que tal inversión genera. No cabe duda, el impuesto sobre la renta discrimina en contra del ahorro.

Ud. contraargumentará que el consumo en Chile está afecto al impuesto al valor agregado (IVA) y la inversión no lo está. Eso es solo así en apariencia, dado que en último término lo invertido -aumentado en las correspondientes rentas- se consumirá por el ahorrante original y/o por su sucesión, y quedará por tanto afecto al IVA correspondiente.

Kaldor agrega en su librito que el impuesto progresivo al gasto tenderá a reducir las diferencias en los niveles de consumo de las familias. Esto es así, argumenta, porque en el caso del impuesto sobre la renta, en el fondo la base del tributo es el valor de lo que aportamos a la sociedad. Es decir, mientras más aportamos a la producción de bienes y servicios, mayores tenderán a ser nuestros ingresos y por ende, relativamente mayores serán los impuestos que debemos cancelar. En cambio en el caso del impuesto progresivo sobre el consumo, mientras mayor sea lo que retiramos de la sociedad, o sea, mientras más consumimos nosotros y menos lo puedan hacer los demás, relativamente mayores serán los impuestos que tenemos que pagar. Es decir, el impuesto al gasto progresivo hará que las diferencias en los niveles de consumo de las familias tiendan a disminuir.

Pues bien, Chile adoptó en 1984 un esquema tributario en línea con las propuestas de Kaldor, integrando el impuesto corporativo -fijado en un 10 por ciento- con el impuesto Global Complementario (Cifuentes y Soto, 2025). Este esquema se mantuvo, en lo esencial, por un largo período, y coincidió con un espectacular auge en la tasa de crecimiento económico del país.

Sin embargo, y a la par con las reformas que afectaron el grado de integración tributaria, se fue aumentando paulatinamente ese 10 por ciento hasta llegar al 27 por ciento actual. Por ello, una rebaja de este último porcentaje al 23 por ciento, si adoptado y a pesar de estar lejos del óptimo, aumentará la eficiencia y competitividad de nuestra economía, además de hacerla más justa.

Por Rolf Lüders, economista

Más sobre:Impuesto a la rentaEsquema tributarioIntegración tributaria

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