¡Ventilador artificial para la economía también!

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No soy seguidora de Keynes en lo económico, pero ¡vamos por el activismo monetario y fiscal! En situaciones como las que estamos viviendo, la actividad privada se detiene en un grado muy significativo, y si no se hace nada, es inevitable que se interrumpa la cadena de pagos, lo que lleva a que un shock transitorio, como el coronavirus, genere daños permanentes y muy profundos. De hecho, ya se escuchan voces planteando que lo que viene podría ser peor a la Gran Depresión. No soy tan pesimista, porque en esa oportunidad se produjeron errores evidentes de política macro, que se pudieron corregir en 2008, y que creo tampoco se repetirán en esta oportunidad. Tenemos un mundo mejor preparado, primero, en lo tecnológico para enfrentar la crisis de salud, y segundo, en el manejo de las herramientas de política económica.

Lo anterior no quita que probablemente este año el mundo enfrente una recesión. Habrá empresas que no resistirán el golpe y trabajadores que perderán su empleo, situación inevitable cuando la actividad económica debe reducirse a la mínima expresión en gran parte del mundo. La clave es evitar que este shock transitorio, aunque de duración impredecible, genere daños estructurales que impidan una recuperación rápida una vez controlada la pandemia. Y en esto el activismo keynesiano es esencial, se deben usar las herramientas monetaria y fiscal para atenuar los efectos del shock. La política monetaria tiene muy poco espacio en materia de tasas, pero más importante es que mantenga al sistema financiero con respirador artificial, para que éste a su vez haga lo mismo con las empresas, y éstas a su vez con sus trabajadores, de tal forma de no interrumpir la cadena de pagos. En esa línea estamos viendo actuar a los principales bancos centrales del mundo, y también al chileno, que se ha comprometido en un programa de facilidad cuantitativa, con un paquete de medidas aún más expansivo que el implementado durante la crisis subprime. Una segunda etapa es controlar que estas facilidades al sistema financiero sean traspasadas a las empresas, en forma independiente de su tamaño, ya que los efectos de esta crisis no tienen que ver con la dimensión de la firma, sino con el rubro que se trate.

¿Y qué hay respecto a la política fiscal? Tenemos un espacio mucho más reducido, ya que antes de esta crisis la estimación del déficit fiscal era de 4,5% del PIB, con un crecimiento del gasto de 8,5% real. En ese sentido, el paquete fiscal dado a conocer por el gobierno parece una buena mezcla de prudencia y activismo, ya que a un aumento moderado de gasto, agrega políticas de crédito, es decir, postergación de ingresos y entrega de recursos al fondo de cesantía (que deben devolverse una vez pasada la emergencia). Por supuesto, el déficit será bastante mayor al 4,5% estimado, principalmente por menores ingresos. No parece prudente mayor gasto aún, ya que una crisis fiscal también genera daños más permanentes.

¿Será suficiente para evitar una recesión en Chile? La respuesta es muy incierta, al igual que la evolución de esta pandemia, pero lo es más aún por los efectos de la profunda crisis política que enfrentamos desde el 18/O. Sin embargo, hay un aspecto positivo; frente a este grave problema sanitario se ha visto por parte del mundo político un mayor grado de amistad cívica. Bastaría que esa condición se mantuviera una vez superada la emergencia para que miráramos con más optimismo el futuro del país. El mundo político tiene también mucho que hacer para que este shock sea solamente transitorio, y el país pueda volver a crecer, condición absolutamente necesaria para satisfacer las demandas sociales.

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