El amor de pareja cuando existe la sensación de fin del mundo

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A finales de febrero Martín Echenique (30) y Santiago Sahli (37) hicieron match en Tinder. Santiago volvía de la capital a Puerto Varas –donde vive hace tres años– dos días después, por lo que Martín le propuso que se conocieran en su próxima visita. Pero Santiago le respondió: "El mundo se va a acabar, así que juntémonos ahora".

Unas semanas después, María Ignacia Aldana (31) recibió un mensaje de texto de su ex pololo, a quien no veía hace tres años. Desde el término de su relación, las interacciones entre ambos habían sido muy escasas, pero ahora parecía estar interesado en su bienestar. "¿Cómo estás y cómo va la cuarentena?", le preguntó. Ella dudó en responder. "En otras circunstancias dudo que me hubiese escrito. Pero eso es lo increíble de todo esto, que no son las circunstancias de siempre", dice. Desde entonces, retomaron el diálogo y han planteado volver a verse.

El 17 de marzo, Manuela Orrego (45) y su marido Tomás (49) tomaron la decisión de separarse. "El elástico estaba vencido hace tiempo y esta situación de confinamiento obligatorio lo evidenció a tal punto de que ya no lo pudimos evadir. Esto no se trató de una reacción espontánea, sino que de algo que veníamos masticado y que debido al contexto, al fin, nos atrevimos a concretar", explica Manuela.

Historias de este estilo hay muchas. Y es que a la lista de circunstancias, vínculos y hábitos que se han visto impactados o modificados por la pandemia mundial, se suman las dinámicas de pareja. En tiempos de crisis, en los que a ratos existe una sensación de que se acerca el fin del mundo, son muchas las historias que han sido detenidas o puestas en pausa. Otras, en cambio, han visto en el contexto actual un catalizador y detonante. Tanto para empezar como para terminarse.

La psicóloga y terapeuta de parejas Daniela Werner explica que en momentos de cambios vertiginosos e incertidumbre el amor responde a la urgencia y a la impulsividad, pero también al cuestionamiento. ¿La persona con la que estoy conviviendo realmente me gusta? ¿Qué pasa si intento algo que normalmente no haría? ¿Estoy acompañada porque estoy enamorada o únicamente por el miedo a enfrentar la soledad?

Preguntas como estas, en estos días de aislamiento, nos han hecho repensar nuestras maneras de relacionarnos. "Todos los cuestionamientos que ya veníamos teniendo colapsan cuando no hay un sistema de enajenación que nos contenga. Este es un lapso de tiempo que se desencaja de su lugar común y nos permite una revisión, también desde la impulsividad. Porque existe la sensación de que se acaba el tiempo", dice el filósofo y docente argentino Darío Sztajnszrajber.

La paradoja es ineludible. Y es que el riesgo de muerte siempre ha existido, solo que ahora que hemos estado expuestos y expuestas a nuestras vulnerabilidades le tomamos el peso. "Estas situaciones visibilizan que el tiempo no es infinito como quizás creíamos y que no podemos hacer de él lo que queramos. Y frente a esto, aparecen distintas respuestas. Mientras algunos se separan, otros están queriendo volver a acercarse o se están dando cuenta de que los problemas que tenían ya no se pueden soslayar y deciden recurrir a terapia. En ese sentido, hay algunos que son más propensos a la impulsividad y otros que reflexionan más. Lo importante es que, aunque se oscile entre la impulsividad y la represión, sepamos que seguimos siendo nosotros los responsables de nuestros propios actos y sus consecuencias", explica Daniela Werner.

En este sentido, el gran desafío de esta época, como plantea la profesional, radica no solamente en ser más conscientes respecto a nosotros mismos y nuestras historias, sino que también poder ser autocríticos y sinceros. "La consciencia es un primer paso y me parece que estamos mucho más avanzados que generaciones anteriores en eso. Pero todavía estamos viendo una capa muy superficial de todo lo que implica poder revisarse y hacer elecciones responsables", dice. "No hay una sola forma de relacionarse, hay múltiples, pero para poder acceder a la forma que nos acomoda tenemos que saber quiénes somos y a partir de ahí definir lo que queremos y lo que nos hace sentido".

Y es que, según Werner, la mayoría aún no nos hemos hecho las preguntas ¿para qué y por qué? Y si las hemos hecho, hemos respondido desde un estándar de vida y desde un consenso social que tiende a priorizar la dualidad (lo femenino versus lo masculino, estar casada o estar soltera) como dos polos extremos y no darle cabida a mucho más. "Ya hemos establecido que entre el día y la noche hay matices y entre el blanco y negro hay grises, pero sigue existiendo una polarización en la que se sustenta la idealización de la pareja y la idea, por ejemplo, de la media naranja", explica. "No es que eso esté totalmente mal. Ha sido conveniente a lo largo de la historia para simplificar la visión de mundo, pero también ha sobrevivido porque nos ha permitido tener ganancias innegables, como lo son la compañía, la complicidad, el sentido de trascendencia con otras personas y el poder tener y dar apoyo emocional. El amor romántico puede ser muy valioso. Distinto es que se priorice estar en pareja por sobre la calidad de esa relación. Mientras eso esté definido y mientras entendamos que existen –y es bueno que así sea– otros modelos. Porque tener esa flexibilidad es clave".

La distancia del aislamiento

A pocos días que se decretara la cuarentana obligatoria en siete comunas de Santiago, Manuela y Tomás tomaron la decisión de darse el tiempo para conversar, como no lo habían hecho en mucho tiempo, cara a cara y sin distracciones. Son padres de dos hijos y sus rutinas diarias no les permitían fácilmente instancias de encuentro. Pero en cuarentena no quedó otra. Abrieron una botella de vino, se tomaron unos minutos, suspiraron y luego comenzaron a hablar al unísono. Era una conversación que sin realmente abordarla, ya habían tenido muchas veces. En sus 10 años de matrimonio, como en todos, se habían querido, se habían peleado y habían pasado por momentos difíciles. Pero nunca se habían planteado la posibilidad de oficializar la separación. Manuela tomó la iniciativa: "Ya no podemos seguir obviando algo que nos está mirando de frente", dijo.

Tomás no pudo mirarla a los ojos. Él también sentía lo mismo. Y es que, en definitiva, los pocos días de aislamiento que ya habían cumplido los habían despojado de toda posibilidad de evasión. La decisión, aquella noche, fue la de pasar la cuarentena juntos, pero dormir en camas separadas. En estos días, con plena naturalidad, han ido explicándole a sus hijos la decisión. "Nunca ha faltado el amor, solo que en este contexto las cosas adquieren mayor valor, así como también se amplifican las molestias y malestares. No dudo que nuestro amor sea para siempre, pero hace tiempo que nuestra comunicación no fluía. Cuando uno sale se llena de cosas, que a la larga sirven para evadir", explica Manuela. "Pero en una situación de encierro el problema se hace muy evidente".

Nuestras relaciones interpersonales íntimas son, como explica el psicólogo y académico de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristóbal Hernández, de nuestros núcleos de apoyo más importantes. De adultos constituyen nuestra primordial fuente de seguridad y por eso, frente a una situación de amenaza, vamos a tender a buscar estar acompañados.

Según explica Hernández, son tres las vertientes que influyen en los cambios que se han dado en las relaciones de pareja en tiempos de crisis. Por un lado, está la sensación de apuro, en la que nos encontramos de frente con nuestras propias fragilidades y la posibilidad de desaparición. Ante esa posibilidad, y ante un tiempo comprimido, definimos qué es lo importante y tomamos decisiones rápidas. El psicólogo alemán Hans Eysenck, quien estudió la inteligencia y personalidad, hablaba de la impulsividad como una serie de comportamientos riesgosos, no planificados y realizados de manera veloz.

Por otro lado, están las condiciones contextuales que genera la crisis: hay parejas que se van a ver obligadas a pasar mucho más tiempo juntas y hay otras que se van a ver mucho menos. En ambos casos, el cambio de ambiente es importante y las disposiciones o manías de cada uno se van a ver amplificadas. Y el tercer punto, tiene que ver con la eterna dificultad de estar solos. "La pareja es la persona en la que te apoyas y buscas soporte emocional y concreto en las tareas del día a día. Cuando estamos en un ambiente incierto y aumentan nuestros niveles de estrés, tendemos a buscar personas con quien podamos sintonizar. En esa lógica tiene sentido que tratemos de restituir un vínculo con que nos sintamos seguros".

Este es el caso de María Ignacia Aldana quien, desde que le respondió el mensaje de texto, retomó el diálogo diario con su ex pareja. En una primera instancia, no supo cómo interpretar ese acercamiento, pero al día siguiente decidió conscientemente responderle. Desde entonces han tenido citas por Zoom, se han mandado mensajes y comparten lo que han hecho en el día. Se buscan y comparten. Incluso han hablado de volver a verse presencialmente cuando puedan hacerlo. "Es raro lo que se ha dado y a ratos, incluso, bastante inexplicable. Por un lado piensas que no hay tiempo que perder y que dada la fragilidad de todo, hay que actuar de manera espontánea, sin darle muchas vueltas. Pero por otro lado, es difícil no cuestionarse si de haber sido otro el contexto, esto estaría pasando. Por algo terminamos hace tres años. ¿Será que ahora se sintió solo? ¿Será que yo me sentí sola? ¿O será que hemos dimensionado y tenemos mayor perspectiva respecto a lo que importa y lo que no importa tanto?

Por su lado, dos semanas después de que Martín y Santiago se juntaron por primera vez, Martín decidió viajar a Puerto Varas. Los planes en conjunto que habían programado se habían visto truncados, y esta parecía ser la única posibilidad de volver a verse. Sabía, también, que existía la posibilidad de que se tendría que quedar ahí por mucho tiempo, pero la disyuntiva era clara: era eso o no verse durante un tiempo indefinido, que quizás sería demasiado. A esas alturas, ambos sentían que pocas veces habían conocido a alguien con quien se sintieran tan cómodos en tan poco tiempo, y estaban dispuestos a asumir el riesgo y las posibles complicaciones con tal de estar juntos de nuevo. Pasaron así de un match en Tinder y una cita fugaz, a vivir juntos en Puerto Varas, donde llevan un mes. "Ambos somos muy impulsivos, y eso no se lo podemos atribuir únicamente a la pandemia. Pero lo que sí creo es que este contexto justifica esa impulsividad", relata Santiago. "Y es que el tiempo se transforma en un bien tan preciado, que adquiere otro valor". Martín concuerda y agrega que en lo que más influye la pandemia es en la temporalidad: "Nos habríamos demorado más en tomar decisiones que, probablemente, de igual manera habríamos tomado. En este sentido, el contexto actúa de catalizador de procesos que tienen otros tiempos, porque es todo mucho más condensado y catártico. Y eso lo hace a su vez muy especial".

Como explica la psicóloga y docente de la Universidad Diego Portales, Eliana Heresi, si hay una satisfacción global en la pareja, enfrentar una crisis podría afianzar más el vínculo, generar cooperación y unión entre ambos. Por el contrario, dificultades sostenidas en el tiempo podrían llevar a aumentar los conflictos y desplegar mecanismos inadecuados de resolución. Pero sean cuales sean las decisiones, la situación que enfrentamos ha significado sin duda una instancia de mayor reflexión que muchas veces se aplica y manifiesta en las dinámicas que más nos mueven.

Hace unos días el filósofo y autor español Santiago Alba Rico publicó en su Twitter que "esta sensación de irrealidad se debe a que por primera vez nos está ocurriendo algo real". En un mundo regido por el mercado, explica, se había creado una "normalidad" opuesta a la realidad: tecnológica, consumista y de presente continuo ilimitado. "Este presente nos proporcionaba intensidades solubles, como el café en polvo, que no permiten ni reconstruir genealogías hacia atrás, ni proyectarse hacia el futuro. La normalidad de la que procedíamos era, en consecuencia, sin memoria y sin proyectos, basada en la convicción antropológica de la inmortalidad", explica. "Pero esta crisis nos ha revelado nuestra fragilidad y corporalidad. Los cuerpos tienen historia, la acumulan en su superficie y en sus órganos, y su existencia es limitada". Y quizás por eso, en medio de la incertidumbre, recurrimos a ciertas predictibilidades inmediatas.

Estar en pareja desafía nuestros aspectos individuales. "Muchas relaciones interpersonales surgen desde una herida o una carencia, algo que se busca arreglar, pero también en ocasiones surgen desde el querer compartir un momento de la vida, desde el querer contar con cierta estabilidad y tener compañía. Y eso también es sano", dice Daniela Werner. "Por eso en momentos en los que predomina una sensación de incertidumbre, recurrimos a lo que históricamente nos ha hecho sentir seguros. Lo importante es que tengamos clara la intención y nuestro actuar. Estos momentos son una invitación no solo a moderar el consumo, sino que también a moderar nuestras acciones".

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