Paula

Hablemos de amor: Me enamoré tres veces de la misma persona

Tenía 22 cuando lo conocí en Valle Nevado. Pasaron 27 años, vidas completas y varios intentos fallidos, pero nunca dejamos de buscarnos.

Conocí a Stephane en Valle Nevado en 1999. Yo tenía 22 años, él 21. Venía desde Francia a competir con el equipo olímpico de snowboard. Recuerdo perfecto ese momento: lo vi en la nieve, se subió las antiparras y sus ojos azules me dejaron completamente encandilada. Fue amor a primera vista.

Ambos éramos bastante tímidos, así que nos demoramos unos días en hablarnos. Hasta que un día se envalentonó y me preguntó mi nombre. Esa misma tarde había una competencia nocturna importante. Lo vi saltar, ganar la medalla de oro. Cuando subió al podio, me buscó entre la multitud. Yo estaba ahí, aplaudiéndolo. Nos encontramos con la mirada y me sonrió.

Esa noche salimos todos a bailar. Se acercó de inmediato y empezamos a conversar. Fue algo difícil de explicar: no podíamos dejar de mirarnos. Había una conexión especial. Nos besamos y nos despedimos sin saber que sería la última vez que nos veríamos.

Al día siguiente tuve que bajar a Santiago por una urgencia familiar. No volví a subir. No alcanzamos a intercambiar teléfonos. Cuando finalmente regresé, ya se había ido a Francia. Nunca logré olvidarlo. Me había marcado de una forma única.

Pasaron varios años hasta que llegó Facebook. Lo primero que hice fue buscarlo. Me acordaba perfecto de su nombre, y ahí estaba. Empezamos a conversar sobre nuestras vidas y, poco a poco, se volvió rutina saber el uno del otro.

En 2012, cuando yo estaba estudiando en Londres, me escribió para contarme que tenía que ir por trabajo y que le gustaría verme. Fui a buscarlo a su hotel. Estaba sentada en el lobby, frente al ascensor. Se abrieron las puertas y ahí estaba. Se me puso la piel de gallina.

Nos abrazamos, nerviosos, y pasamos el día entero conversando y riéndonos. Salimos a comer con amigos y después a un bar. Mientras bailábamos, me preguntó: “Can I kiss you?”. Literalmente, habían pasado 13 años para ese beso.

Esa misma noche le avisaron del trabajo que tenía que irse a primera hora. Aprovechamos cada minuto antes de despedirnos, con la sensación de que, otra vez, podía ser la última.

Al poco tiempo me tocaba regresar a Chile. Nos escribimos sin parar, intentando entender esa sensación extraña de que todo seguía ahí, intacto, y lo mágico que había sido volver a encontrarnos. Hablamos todos los días, planeando un nuevo reencuentro.

Hasta que llegó un mail que nunca voy a olvidar. Me decía que no dejaba de pensar en mí. Que nunca había conocido a alguien como yo. Que lo había vuelto loco. Que, si pudiera, se quedaría conmigo. Que me recordaría siempre.

Guardé ese mail como un tesoro. Hasta que le propuse ir a Francia. Y entonces vino la sorpresa: había vuelto con su ex y prefería que no tuviéramos contacto, a menos que fuera como amigos. Igual que en la canción de Cristina y los Subterráneos, mil pedazos de mi corazón volaron por toda la habitación. Me costó mucho olvidarlo. Era la única persona que me había hecho sentir algo así.

Como dicen, el tiempo lo cura todo. Empecé a trabajar en la pega que siempre había soñado, volví a salir, a conocer gente, a disfrutar. Y entonces conocí al que después sería el papá de mi hija. Empecé a construir la vida que quería: una familia pequeña, cálida, cariñosa.

Pero la relación se fue deteriorando. Se volvió distante. Y, entre el encierro, una hija pequeña y el exceso de trabajo, se armó una tormenta perfecta que terminó en una crisis profunda.

En 2022, mi papá sufrió un ACV. Subí un post a Instagram dándole fuerzas, y Stephane me escribió. Me ofreció ayuda. En todos esos años nunca dejamos de hablar del todo, siempre desde un lugar respetuoso. Pero esta vez fue distinto. Me confesó que, en los diez años desde Londres, no hubo un solo día en que no se arrepintiera de haberme dejado ir. Me dijo que estaba enamorado de mí. Que nunca había dejado de estarlo, pese a todo.

Yo no supe cómo procesarlo. Estaba en medio de una separación dolorosa, con mi papá convaleciente y síntomas de burnout. Le dije que necesitaba tiempo.

Pasaron los meses. Mi papá se recuperó completamente. Las cosas con mi ex se resolvieron. Y, por fin, encontré paz.

Dos años después de ese mensaje viajé a Europa. Le escribí para contarle que estaría unos días en Cannes y en Barcelona. Me dijo que haría todo para vernos. Y así fue.

Estaba en el departamento de mi prima con unas amigas cuando sonó el timbre. Bajé a abrir. Nos abrazamos y fue como si el tiempo no hubiera pasado. Pero habían pasado 12 años desde Londres. Fueron días maravillosos.

El día que nos despedíamos, yo estaba nerviosa. Me daba miedo volver a ilusionarme después de lo que había pasado. Pero él tomó la iniciativa y me dijo: “Esta vez no permitiré perderte”.

Tres meses después vino a Chile y conoció a mi familia. En esos días me confesó algo que nunca me había contado: que ese primer día en Valle Nevado me había visto de lejos y le había dicho a sus amigos: “me enamoré”. Que esa conexión tan intensa solo la había sentido conmigo. Que durante años se imaginó encontrándome en aeropuertos, buscándome entre la gente.

Ahora estoy preparando mi viaje a Francia para conocer a su familia y sus amigos. Para ver cómo seguimos construyendo esto, incluso a la distancia.

Han pasado 27 años desde ese primer encuentro en la nieve. Kilómetros, vidas enteras vividas por separado. Y aun así, cada reencuentro ha sido como volver a casa. Como volver a enamorarme.

Cuando somos jóvenes creemos que conectar así de profundo con alguien es fácil, que va a pasar muchas veces. Pero con los años una se da cuenta de que no. Que pasa muy pocas veces en la vida. A veces, solo una.

No sé si creo en el destino o en las almas gemelas. Pero sí sé que hay personas que dejan una huella tan profunda que ni el tiempo ni la distancia logran borrarla. Y que, a veces, solo a veces, la vida da una tercera oportunidad para hacerlo bien.

  • Geraldine tiene 48 años y es publicista.
Más sobre:AmorHablemos de amorRelaciones de pareja

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE