Paula

La historia de Kate Escobar, la luthier de acordeones

Dejó otros trabajos para apostar por un oficio poco común: reparar acordeones. Aprendió en la práctica y hoy es la única mujer en Chile dedicada a esto.

20/03/2026 - KATE ESCOBAR. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

La primera vez que Kate Escobar (36) abrió un acordeón no sabía lo que estaba haciendo. Tampoco sabía tocarlo ni había estudiado lutería. Solo había una urgencia doméstica, casi casual. El acordeón de Sebastián, su pareja, se había echado a perder justo antes de una presentación.

“¿Qué tan difícil puede ser arreglarlo?”, pensó. Lo desarmó completo. Cuando él volvió y vio el instrumento abierto, se asustó, recuerda Kate entre risas. Pero funcionó. El acordeón volvió a sonar y algo más también se puso en marcha.

“Ahí se empezó a dar la cercanía con el instrumento”, cuenta. Aunque ese fue su primer acercamiento práctico, el interés venía de antes. Cada vez que acompañaba a Sebastián a reparar su acordeón, se quedaba observando, preguntando, tratando de entender el proceso.

Cinco años después, en una pieza de su casa convertida en taller, Kate Escobar repara acordeones. Hoy, es la única mujer en Chile dedicada a este oficio.

20/03/2026 - KATE ESCOBAR. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

En rigor un luthier es quien fabrica instrumentos, sin embargo, con el tiempo se ha ido ampliando esa definición y hoy se reconoce como luthier a quien hace, repara o restaura instrumentos.

En el caso de Kate, de manera autodidacta. Viene de una lógica familiar donde arreglar es casi una forma de vida. Su padre es mecánico de aviones y su madre, de una u otra forma, siempre repara todo lo que se rompe en la casa. Ella heredó esa inquietud.

Y a eso se sumó que desde pequeña tuvo cercanía con la música folclórica, participaba en distintos conjuntos y hasta el día de hoy su hobby es cantar cuecas.

Durante años la lutería convivió con otros trabajos para Kate. Fue vendedora en una tienda deportiva, trabajó en turismo y en un taller de bicicletas. Mientras se desempeñaba como cajera en una pizzería, comenzó a tomar los primeros pedidos de conocidos que necesitaban reparar su acordeón. La demanda empezó a crecer. “Si quiero hacer esto bien, necesito más tiempo”, pensó.

20/03/2026 - KATE ESCOBAR. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Fue así como, apenas hace un mes y medio, tomó la decisión de renunciar a su trabajo y dedicarse por completo a los acordeones. No exenta de temores. Es un rubro bastante masculino y siente esa presión interna. “Me hace querer ser mejor para entregar un excelente servicio y estar a la par”, dice. Y agrega algo que reivindica como propio: “Creo que soy muy minuciosa con los trabajos, tengo ese valor agregado”.

Su casa y su trabajo son el mismo lugar. Los días empiezan con café y terminan, a veces, a las nueve de la noche. Hay ruido constante, pues afinar implica hacer sonar el acordeón una y otra vez. “De repente suena horrible”, dice, pero es la única forma de encontrar la falla.

No hay horario fijo, depende del cliente: “Si lo necesitan urgente, me voy a amanecer”. Aunque siempre hay tiempo para pausas necesarias, como los martes que son sagrados, pues va a cantar cueca a un local en Patronato. “Es mi momento de relajo”, dice.

20/03/2026 - KATE ESCOBAR. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Para Kate reparar un acordeón no es solo arreglar piezas, es reconstruir memoria, aunque no siempre es fácil. “Los instrumentos antiguos tienen piezas muy difíciles de encontrar, entonces muchas veces pasa que hay que hacerlas nuevamente”, explica. Y en eso entra la innovación. Y también eso de autodidacta que lleva en la sangre. “Viendo tutoriales aprendí a hacer repuestos, especialmente teclas, que no lograba encontrar. Los fabrico con impresión 3D. Me ahorra el tiempo y la espera”, explica.

El resultado es un cruce inesperado: tecnología contemporánea aplicada a instrumentos centenarios. “La gente se impresiona cuando les cuento”. Y aunque las piezas nunca serán idénticas, cumplen lo esencial: funcionan.

Lo que no se pierde, a pesar de la tecnología, es la historia de cada uno de los instrumentos que pasan por su taller. “Muchos llegan como reliquias familiares: el acordeón del abuelo, del padre, de alguien que ya no está. Esa es mi alegría. Cuando se lo paso al cliente y lo toca, vienen sus recuerdos. Me gusta ser parte de eso”.

20/03/2026 - KATE ESCOBAR. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Es una de las dimensiones que más le gustan de su trabajo. “Los acordeones que pasan por mis manos pueden tener más de un siglo. Son objetos que han viajado, que han pasado de generación en generación, que guardan relatos invisibles. Es como tener toda esa historia en mis manos”, dice.

Por eso su sueño es seguir aprendiendo y certificarse en Europa, en fábricas de acordeones en Italia o Alemania. Quiere validar su conocimiento antes de enseñarlo. “Este es mi camino definitivo”, asegura.

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