Política

El íntimo match entre Kast y Meloni

Desde que se conocieron en junio de 2019 en Roma, cuando ambos daban sus primeros pasos en la construcción de los partidos que los llevarían al poder en sus respectivos países, el presidente electo, José Antonio Kast, y la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, establecieron una relación de estrecha complicidad. Hoy, Meloni es la principal referente y modelo de gobierno a seguir del líder republicano, quien debuta en La Moneda en marzo próximo.

El jueves 5 en la mañana, cuando Giorgia Meloni recibió al presidente electo, José Antonio Kast, en la entrada del Palazzo Chigi, a sólo dos cuadras de la famosa Fontana di Trevi, la primera ministra italiana se apresuró a fundirse con él en un fuerte y prolongado abrazo.

Los protocolos no eran necesarios. Frente a ella, no estaba simplemente el líder conservador de una pequeña nación sudamericana que en menos de un mes más asumirá la Presidencia de la República, sino un viejo conocido, con el que comparte creencias y valores y al que ha ayudado permanentemente en los últimos seis años y medio a forjar redes en el escenario de la derecha europea más extrema.

Esta es la cuarta vez que Kast visita a Meloni en Roma, pero ambos se han visto y encontrado muchas veces más, ya sea presencial o telemáticamente, en los foros y cumbres internacionales de partidos afines, en los que han forjado una fuerte complicidad.

Kast y Meloni apostaron uno por el otro cuando estaban dando sus primeros pasos en la formación de sus partidos políticos y pocos creían que llegarían al lugar donde están ahora”, señala un cercano al presidente electo chileno que conoce bien de esta relación.

Desde entonces ambos han seguido de cerca sus carreras, los pasos y giros que han dado.

Ella sabe, porque Kast se lo ha dicho personalmente, que él admira “su carácter, su coraje y la determinación con que actúa en política”. También es consciente de que el estilo de hacer política interna y el manejo de las relaciones internacionales que ha implementado desde que se convirtió en 2022 en el presidente del Consejo de Ministros -ella detesta el feminismo exacerbado, por lo que utiliza el término masculino de su cargo- se ha tornado en una suerte de modelo a seguir para Kast. Algo que él y su entorno han reconocido públicamente cuando se refieren a la líder italiana como su principal referente internacional.

Desde el primer momento en que cruzaron caminos -por allá por 2019- Meloni estuvo disponible para ayudar a Kast a contactar a jefes de gobierno, ministros y dirigentes europeos afines al mundo conservador.

Este jueves 5 fue el turno del chileno de ofrecer devolverle la mano. “La presencia de la primera ministra en este periodo es relevante por las discusiones internas, como también por las discusiones europeas. Y lo que le planteamos es que si ella no pudiera asistir (al cambio de mando), que pueda mandar una delegación de primer nivel para que en conjunto pudiéramos tener un debate bilateral en los temas que nos interesan a ambos y también generarle reuniones con distintas representaciones de otros países que nos van a acompañar en el cambio de mando”, explicó Kast al término del encuentro, que se prolongó por casi una hora y media.

Kast llegó acompañado de su esposa y futura primera dama, Pía Adriasola; su jefe de asesores, Cristián Valenzuela, y quien será su futuro canciller, Francisco Pérez Mackenna, el único de la delegación al que Meloni no conocía de antes.

El próximo jefe de la diplomacia chilena no estuvo en la primera parte de la gira europea de Kast por Bruselas y Budapest, la que tuvo un marcado perfil ideológico. Un retorno a las raíces y a los grupos ultraconservadores que lo cobijaron mientras daba sin éxito las primeras batallas electorales en Chile.

Meloni es parte de ese mismo mundo, pero tomó un camino distinto al del español Santiago Abascal, el presidente del partido Vox, o a Víktor Orbán, el euroescéptico y disruptivo primer ministro de Hungría, y esa ha sido, precisamente, la clave de su éxito. La líder italiana ha logrado convertirse en un puente fundamental dentro de la Unión Europea y ha jugado un complejo y, a la vez, fundamental rol de mediadora en los conflictos entre el Viejo Continente y el Presidente Donald Trump.

Meloni entendió que si ella seguía los dictados de la extrema derecha italiana iba a quedar aislada. Inteligentemente, porque ella es muy inteligente, empezó a dar señales y hacer cosas que dejaron en claro que ella no estaría a favor de posiciones extremas. Una de las primeras fue frente a la invasión rusa a Ucrania. La gente pensaba que Meloni iba a apartar a Italia del conflicto y que se distanciaría de la Unión Europea, como hizo Orbán, pero ella hizo todo lo contrario. Ojalá Kast siguiera en ese sentido los pasos de Meloni y frente a un tema tan complejo para la región como es Venezuela, él asumiera ese tono tan pragmático”, señala el exsubsecretario de Relaciones Internacionales del gobierno de Ricardo Lagos, Cristián Barros. El exembajador y miembro del Foro Permanente de Política Exterior es uno de los expertos en política internacional ligado al mundo progresista que no oculta su admiración por Meloni.

Italian Prime Minister Giorgia Meloni meets with U.S. President-elect Donald Trump, accompanied by U.S. Senator Marco Rubio (R-FL) and U.S. Representative Michael Waltz (R-FL) at Mar-a-Lago in Palm Beach, Florida, U.S. January 4, 2025. Italian Government/Handout via REUTERS THIS IMAGE HAS BEEN SUPPLIED BY A THIRD PARTY. NO RESALES. NO ARCHIVES. MANDATORY CREDIT. ITALIAN GOVERNMENT

En Italia, Meloni ha logrado entender mejor que nadie, señalan por igual fanáticos y detractores, los entresijos de la política interna, por lo que abrió su gobierno a otras fuerzas para estabilizar a un país que se había acostumbrado a tumbar a sus gobernantes cuando no llevaban más de un año en el poder (en los últimos 80 años, Italia ha tenido 70 primeros ministros). Sólo Silvio Berlusconi, Enzo Rossi y Meloni han logrado superar esa barrera, y todo indica que terminará su mandato en 2027, con amplias posibilidades de ser reelecta.

Todo eso sin renunciar a sus creencias ni a su carácter afable, pero directo y frontal. Aún se recuerda el discurso que hizo en octubre de 2019 la entonces senadora y líder del pequeño partido posfascista en formación Fratello D’Italia (Hermanos de Italia) durante un miting en contra del gobierno del derechista Guiseppe Conte, cuando se presentó ante el mundo con el grito de: “¡Yo soy Giorgia! Soy una mujer. Soy una madre. Soy italiana. Soy cristiana. ¡No me lo quitaréis!“.

Un hecho que ocurrió sólo unos meses después de conocer a Kast.

¡Vean a Meloni!

El 20 de junio de 2019, Kast abordó el avión que lo llevaría a su primera gira europea. España, Bélgica, Italia y Polonia eran parte del periplo destinado a generar nexos políticos “para lo que viniera después”, señala un cercano integrante del equipo del líder republicano que participó en la organización de ese viaje. Por entonces, Kast venía saliendo de una dura derrota -cuarto en la elección presidencial que ganó Sebastián Piñera y en la que se presentó como independiente, cosechando apenas el 7,9% de los votos- y sólo 10 días antes había fundado el Partido Republicano.

Lo acompañaban su esposa, Pía Adriasola, y su asesora y otrora jefa de prensa, Carolina Araya.

Por entonces, Kast y sus equipos miraban con atención la carrera del populista de derecha italiano Matteo Salvini, líder del Partido Liga del Norte. Incluso, Cristián Valenzuela, uno de los asesores más cercanos a Kast, ya lo seguía por redes sociales, por lo que la prioridad era lograr un encuentro con él.

Sin embargo, mientras hacían los preparativos, un funcionario diplomático chileno, que trabajaba en uno de los consulados en Italia al que recurrieron para pedirle ayuda para contactar a Salvini, les habló maravillas de una política de 42 años, que había sido ministra de la Juventud durante el gobierno de Berlusconi y que lideraba un pequeño partido heredero del Movimiento Social italiano, la colectividad que aglutinó a los fascistas de Mussolini tras la Segunda Guerra Mundial. “¡Vean a Meloni! ”¡Vean a Meloni!“, les insistió, explicándoles quién era esta senadora, su posición política y la proyección que tenía, pese a que en las elecciones de ese mismo año apenas había obtenido el 4% de los votos.

Kast y su equipo tomaron nota del nombre y comenzaron a buscar datos de ella. De inmediato se produjo casi una obsesión.

Cuando llegaron a Roma, a mediados de 2019, en la embajada de Chile en Italia estaba el exsenador de RN Sergio Romero, quien invitó a cenar a Kast y a Adriasola a su residencia.

Romero les dio una lata explicación sobre la política italiana, pero les hablaba todo el tiempo de Giuseppe Conte y Salvini, mientras Kast no dejaba de preguntarle sobre Meloni. Al final, Romero les consiguió el contacto de Patrizia Scurti, la poderosa jefa de gabinete, secretaria y asesora por más de 18 años de la política italiana.

Esa misma noche, Carolina Araya, asesora de Kast, llamó a Scurti -a quien en Italia llaman el “poder en las sombras” y la propia Meloni le dice “la jefa”- para pedirle una cita.

“Meloni los recibió en su oficina en el Senado. Desde el principio fue muy afable y amorosa, pero era el encuentro entre dos perfectos desconocidos. Tuvieron que contarle todo, que venían saliendo de una elección presidencial, que estaban en la lógica de crear un partido político, que levantaban las ideas de la libertad”, recuerda un estrecho colaborador de Kast que estuvo en la organización de la gira.

Por entonces Meloni hablaba español, aunque no con la fluidez con que lo hace ahora. Pero la conversación fue extremadamente cordial, afirman en el Partido Republicano.

José Antonio Kast y su esposa, Pía Adriasola, junto a Giorgia Meloni, en 2019 cuando se conocieron en Roma.

Ella entendía perfectamente la dificultad que era armar un partido, lo estaba viviendo ella misma en esos días. Así que fue generosa y se puso a disposición nuestra para ayudarnos. José Antonio le contó que pensaban ir después a Polonia y Meloni nos ayudó a hacer los nexos con el ministro de la Familia de Polonia y con europarlamentarios para que nos recibieran”, señala una fuente republicana que conoció de esas gestiones.

Esos contactos serían clave para que Kast extendiera sus redes entre los partidos conservadores europeos y su ingreso a la organización de movimientos y partidos ultraderechistas Political Network for Values, la que llegó a presidir entre 2022 y 2024.

A fines de 2021, Kast llamó a Meloni para felicitarla por su triunfo en las urnas. La periodista y política italiana había logrado convertir en poco tiempo a su partido en la mayor fuerza política de Italia, al sacar más del 26% de los votos, ganando en todos los barrios populares y de clase media, bolsones tradicionales de los dos partidos de izquierda más importantes de Italia: el Movimiento 5 Estrellas y el Partido Democrático, y donde esta vez el discurso antifascista no caló.

Una vez en el poder, en una maniobra política que demuestra la destreza de Meloni, incluyó en la conformación de su gobierno a los dos principales líderes de la derecha y centroderecha: Matteo Salvini y Antonio Tajani (secretario general de Forza Italia, el partido fundado por Berlusconi), nombrándolos vicepresidentes y ministros de su gabinete, con lo que pudo neutralizar las críticas desde el lado derecho, algo que no pudo hacer Kast mientras conformaba su futuro gabinete con el líder libertario y excandidato presidencial, Johannes Kaiser.

En 2022, Kast volvió a pedir a Araya que contactara a Scurti en Roma para agendar un nuevo encuentro con Meloni. Esta vez, la líder de Fratello D’Italia los recibiría por primera vez en su despacho, en el palacio de gobierno, ya como primera ministra.

A ese viaje Kast fue acompañado por Cristián Valenzuela y el diputado republicano Agustín Romero. Y como se ha hecho una costumbre en sus giras, el hoy presidente electo llevaba en su maleta vinos chilenos para regalar.

Pese a que el día que Kast llegaba a Roma, Meloni tenía su agenda copada, la gobernante se la jugó por hacer cambios que le permitieran recibirlo aunque fuese por menos de una hora.

“Fue un encuentro algo protocolar. José Antonio la felicitó por el trabajo que estaba realizando en el gobierno italiano y le deseó que le siguiera yendo tan bien en el futuro. Ella, a su vez, le manifestó su deseo de que en un futuro muy cercano él pudiera obtener grandes triunfos electorales”, recuerda Romero.

El parlamentario señala que Meloni fue muy deferente con ellos. “Se acordaba con mucho cariño de José Antonio. Ellos para entonces ya se habían encontrado en varias citas organizadas por la CPAC (la Conferencia Política de Acción Conservadora) y en las reuniones de la red PNFV (Political Network for Values)”, añade.

La reunión tuvo también un carácter práctico. “A Kast le interesaba mucho conocer experiencias concretas sobre el manejo de situaciones complejas y difíciles como la inmigración, la seguridad y el combate al crimen organizado, con la idea de traer algunas de esas experiencias a Chile”, resalta Romero.

La reacción de Meloni aún los sorprende. “Ella puso a los miembros de su gabinete a disposición nuestra para que nos explicaran lo que estaba haciendo”, señalan fuentes del Partido Republicano.

El 15 de septiembre de 2025, cuando se reunieron por tercera vez en Roma, Kast y su esposa, Pía Adriasola, no sólo le llevaron vino de regalo a Meloni. “La hija de Meloni, Ginevra, estaba de cumpleaños por esos días. Así que Pía le llevó de regalo un set de muñecas con vestidos tradicionales de distintas zonas de Chile”, lo que refleja la cercanía que para entonces ya habían forjado.

En esa oportunidad hubo otro gesto de complicidad cuyas repercusiones políticas fueron mayores. En la reunión -que se extendió por más de una hora y media- Meloni le anticipó a Kast que no iba a recibir al Presidente de Chile, Gabriel Boric, quien tenía previsto viajar a Italia la segunda semana de octubre. Por entonces, la embajada de Chile en Roma, encabezada por Ennio Vivaldi, realizaba denodados esfuerzos por conseguir que Meloni recibiera en audiencia al mandatario chileno.

“Fue un papelón tremendo”, admite un diplomático chileno. La gira la promovió Vivaldi, aprovechando que se cumplían 50 años del atentado en Roma al líder democratacristiano chileno Bernardo Leighton. Pero cuando le informó a Cancillería, el ministro Alberto van Klaveren le preguntó si había disponibilidad para conseguir audiencias con las principales autoridades italianas. Vivaldi les reconoció que no tenían respuesta, por lo que el canciller desaconsejó hacer la gira. Pese a ello, el embajador fue a La Moneda y habló directamente con el asesor internacional del presidente, Carlos Figueroa, y con el propio mandatario, a quienes convenció de la iniciativa.

Boric viajó a Italia sin haber obtenido una respuesta del despacho de Meloni. “Si no es por el encuentro con el Papa en el Vaticano, la gira hubiera sido un desastre”, señalan fuentes diplomáticas chilenas. Hasta el día de hoy, el gobierno italiano no ha respondido la carta del Presidente Boric solicitando una audiencia, algo totalmente inaudito", añaden.

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