Por Eugenia FernándezLuis Larraín: “Un proyecto sobre la base de una batalla cultural conservadora no tiene ninguna posibilidad de éxito en Chile”
Observador y actor de la derecha hace décadas, el presidente del consejo asesor de LyD plantea que Kast no debe perder su espíritu crítico ya en La Moneda. Pero también, que una agenda conservadora no tiene espacio ante una sociedad liberal como la chilena.

Desde que fundó el Instituto Libertad y Desarrollo en 1990 -junto a otros personeros de la derecha, como Hernán Büchi y Carlos Cáceres-, Luis Larraín ha sido un observador y actor de ese sector y de los vertiginosos cambios que ha vivido en las últimas décadas.
Tras ser subdirector y director ejecutivo del influyente think tank -cargo que dejó en 2020-, Larraín asumió la presidencia de su consejo asesor, donde se desempeña hasta hoy.
El economista plantea desde ahí cuáles son los principales desafíos del entrante gobierno de José Antonio Kast, dice que la derecha que ahora arriba a La Moneda tiene “menos amarres” que la tradicional y advierte que la batalla cultural tiene hoy poco eco en los chilenos.
Queda un mes para el inicio del gobierno de Kast, ¿cuál es el principal desafío que tiene en su mandato?
Bueno, cumplir la promesa o las expectativas que la gente que lo apoyó de manera muy mayoritaria tiene con su gobierno, que es el famoso concepto del gobierno de emergencia. Mi diagnóstico de la elección presidencial fue que la élite tuvo un entendimiento muy pobre de la magnitud de lo que le estaba pasando a la gran mayoría de los chilenos, producto básicamente de la criminalidad y la economía. Eso nunca se entendió desde la política ni desde el gobierno de Boric, obviamente, pero tampoco desde la oposición. Eso hizo que Kast ganara tan fácil.
Pero Kast es una persona que viene de la élite. ¿Cómo logra conectar?
Bueno, una de las razones es porque no está en los grupos que están gobernando, ni en el gobierno ni en los grupos de oposición que tenían un diálogo con el gobierno. Tampoco tenía mayorías en el Congreso. Y todas las cosas que se iban haciendo y que tenían muy contenta a la gente que estaba en el gobierno o en la oposición, en realidad generaban una sensación distinta en la gente.
¿Kast lo que tiene que hacer es mantenerse lejos de la élite de la derecha para tener un buen gobierno?
Mantener su diagnóstico, que yo creo que es correcto, no significa alejarse totalmente de la élite, porque al final el gobierno es la élite por definición. En el fondo, Kast no debe perder el espíritu crítico que tuvieron como candidatura una vez que estén instalados en La Moneda, o sea, que no se achanchen una vez que están en La Moneda. Ahora, pareciera que por carácter, Kast es poco de achanchar y va a mantener ese espíritu.
El gobierno no va a tener mayoría en el Congreso y los partidos llegan desafectados al 11 de marzo por la composición del gabinete. ¿No pone en riesgo las opciones de ser ambiciosos en su objetivo?
Depende. Todas estas disquisiciones acerca de si los partidos están desafectados terminan con la encuesta de la semana. Si el gobierno está bien evaluado, los políticos, los partidos que están con esta duda o con esta herida, se les va a pasar. En ese sentido es una apuesta riesgosa. O sea, se está jugando todo a que efectivamente va a ser un gobierno de emergencia y eso es lo que explica que insista en tener en su gabinete a gente muy potente, muchos de los cuales no vienen del riñón de la política -como Francisco Pérez Mackenna o Fernando Barros-, pero que nadie puede decir que no sean políticos en su manera de ver las cosas, pero son bastante independientes de los partidos.
Pero las encuestas son volátiles, es un efecto y un afecto de los partidos que puede ser débil...
Por eso es que él tiene que hacer las cosas que prometió. Si hacen las cosas que prometieron, y el gobierno y el presidente, efectivamente, están metidos en los campamentos, sacando soluciones habitacionales, haciendo que funcione la maquinaria, eso se va a notar de alguna manera. Quién copa la agenda va a ser quien está metido en una toma, no en las páginas de política de un diario, que hablan de las disputas entre los partidos.
Ok, pero tampoco un gobierno puede funcionar al margen de los partidos...
Tiene obviamente un problema, que es la actitud a priori desconfiada de los partidos.
La derecha que llega
Ud. lleva décadas observando a su sector. ¿Qué derecha es la que entra al nuevo gobierno y en qué se diferencia de la derecha que gobernó con Piñera?
Este gobierno es más de personas que de partidos. Los que estaban en el gobierno de Piñera entraban por la vía de un partido, estos ministros y subsecretarios entraron por ser quienes son, entonces yo creo que ahí hay un elemento diferenciador. Lo otro es Piñera, porque Kast no es Piñera, y eso se va a tener que notar.
¿En qué, por ejemplo?
Se va a tener que notar en que José Antonio no puede tener reuniones bilaterales, digamos, con todos los ministerios para ver el detalle de lo que se está haciendo, porque, primero, creo que no está metido en el detalle de los temas, y hay más confianza en las personas en los temas de fondo.
Va a ser un estilo distinto, con definiciones un poquito más colectivas en el sentido de que va a haber grupos o ejes en el gabinete que van a discutir los temas con Kast y su Segundo Piso, para ver si esto está calzando o no con la cosa más estratégica que verán Cristián Valenzuela y Alejandro Irarrázabal.
¿Es una derecha más joven, más contestataria?
Yo diría que tiene menos amarres. En la derecha y en Chile Vamos, también hay amarres.
¿De qué tipo?
Lealtades personales de muchos años, que vienen desde el año 90. Entonces, es propio de la naturaleza humana que uno trata de no pelearse tanto con la gente que es muy cercana y muy amiga. Aquí no son tan amigos, aquí responden al presidente. Y aunque la palabra es mala, no hay una casta. No hay un grupo que tiene lealtades entre ellos que van incluso más allá de los partidos. Yo creo que esas lealtades van a ser casi todas con Kast.
Muchos de los que entran al gabinete se iniciaron en la discusión pública a partir del estallido social. Los casos más claros son los de Mara Sedini e Iván Poduje, que lo hicieron, además, con un estilo muy frontal. ¿Cómo va a marcar eso al futuro gobierno?
Ellos son personas que creen menos en las buenas intenciones de la izquierda, ya derechamente. Que por ejemplo son muy críticos de la llamada gente del socialismo democrático, con la actitud que tuvieron frente al estallido.
¿Eso va a marcar un cierto carácter del gobierno?
Sí, pero va a tener que balancearse con una cosa menos confrontacional, digamos, más de política tradicional, que pueden aportar Alvarado, García, Barros, Pérez Mackenna.
La batalla
En una de sus columnas, usted aplaudió que Kast haya logrado integrar en su gabinete a las fuerzas que estuvieron detrás de su triunfo. ¿Cómo conservar esa transversalidad?
El punto de fondo para mí es si de verdad hay un clivaje nuevo en la política y que tiene que ver con la nueva Constitución más que con el Sí y el No, yo todavía tengo mis dudas. Yo creo que esto se va a resolver, en definitiva, si es que el gobierno es exitoso. Si le va bien, y el próximo candidato presidencial es alguien de ese grupo, no importa cuál, y que gane. Si es así, el nuevo clivaje se está imponiendo. Esa es la medida del éxito.
Pero conservar esa transversalidad tiene que ver con conservar la idea o al menos el espíritu de este gobierno de emergencia durante los cuatro años, ¿no?
Sí, pero cuando te vayas acercando hacia el final de los cuatro años ya tienes que ponerle otro ingrediente, porque se está acabando el gobierno, entonces tienes que ver cómo se constituye este nuevo referente, por así decirlo. La tarea pendiente es que el gobierno y las fuerzas que lo apoyan sean capaces de generar liderazgos que sigan con el proyecto.
¿Con qué proyecto? ¿De un gobierno de emergencia?
No, con el proyecto de un gobierno del 60%. Porque ya no va a ser de emergencia, porque se supone que la emergencia la cubrió este gobierno. En el fondo, significa que la derecha tradicional más la derecha de Kast acepta una cuestión que es difícil para la derecha aceptar, que es que tiene que hacer mayoría junto con el centro. Si no, como derecha sola conservadora, nunca va a pasar.
¿Entonces no genera ruido que Kast enarbole el tema de la batalla cultural y moral?
Es una noticia en desarrollo, como dicen ustedes, porque efectivamente creo que tienen que encontrar otra manera de ponerlo. ¿En qué sentido? De que como esto tiene referentes mundiales muy claros, tienes que escogerlos mejor. Algo dijo Kast por ahí, que es tener referentes distintos para distintos temas. Entonces, tú puedes tener a Bukele para el tema de las cárceles, pero no para cualquier cosa, porque es bastante loquito. La nueva referente es Meloni, digamos, que parece bastante más arriba. Italia superó a Francia en producto per cápita, por ejemplo, y es una de las presidentas que más han durado en ese país. Ahí hay un referente. Eso tiene algo de batalla cultural, pero no es la misma batalla cultural ruda de Trump, de Orban. Quizá hay que rebautizar eso, porque hay elementos de batalla cultural, obviamente, pero no es tan burda.
Sí, y un tema también es cómo se resuelve esa tensión con quienes sí quieren empujar esa batalla. ¿No?
Kast ha mostrado, con la excepción de los nacional libertarios, la capacidad de liderar a los suyos. O sea, que conservadores como Gonzalo Rojas, por ejemplo, no hablen tanto de la batalla cultural y lo bueno que es el conservadurismo. Porque además, si tú miras lo que es Chile hoy día, sobre todo lo que es la clase media, un proyecto sobre la base de una batalla cultural conservadora no tiene ninguna posibilidad de éxito.
Carlos Peña dice que las ideas de Kast son difíciles de conciliar con una sociedad plural...
Más que con una sociedad plural, yo digo con lo que es la clase media, sobre todo la juventud en Chile hoy. Creo que no es un problema de pluralidad, Peña mete de contrabando la cosa de la pluralidad, pero creo que ese no es el punto. Yo creo que los valores que tienen hoy la clase media y los jóvenes chilenos son muy poco conservadores, son muy liberales, entonces es muy difícil ganar si es que tú insistes en esa agenda.
¿Es necesario dar una batalla cultural en Chile?
Yo creo que es necesario mostrar que somos distintos de la izquierda, que no somos woke, que no nos compramos todas las cosas que han hecho que la izquierda pierda los votos. Ellos están perdiendo en todo el mundo votos a manos llenas, excepto Portugal, por meterse en los temas identitarios, por no ver las necesidades de las mayorías, por no ver el tema del sentido común. Ahora, llamarlo batalla cultural... No sé si es lo más adecuado, pero tenemos que hacerlo.
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