Las idas y vueltas del fútbol chileno

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Retroceder 30 años, en Chile, resulta un ejercicio no menos increíble que necesario. 1988 fue una etapa de cambios en todos los frentes y el fútbol, por supuesto, no estuvo ajeno. Tres protagonistas recuerdan el camino.


Este artículo es parte de la edición especial Reportajes 2018: ¿En qué creer?

Hoy se percibe acaso irrepetible, lejano, pero 1988 fue una tortura para los equipos más grandes del país. Los cuadros del norte lideraron: Cobreloa, el campeón, sumó su cuarta estrella; Cobresal e Iquique le siguieron en el segundo y tercer lugar, respectivamente. Colo Colo y la "U" vivieron la otra cara de la moneda. Hasta la decimotercera fecha, disputada a comienzos de octubre, la tabla de posiciones exhibía a los albos en el último lugar. Lograron repuntar. Pero los azules, por única vez en su historia, perdieron la categoría finalmente en enero de 1989.

Ese año, el fútbol chileno tocó fondo. En septiembre, durante el encuentro que sostenían La Roja y Brasil en el Maracaná, el arquero nacional, Roberto Rojas, se cortó el rostro con una cuchilla de afeitar: acusó a los hinchas brasileños, pero lo descubrieron. A la selección se le prohibió participar de las eliminatorias para el Mundial de 1994. Casi tres décadas después del "Maracanazo", sin embargo, el fútbol chileno exhibe una Copa Libertadores, una Copa Sudamericana y dos Copas América. Tampoco fue todo positivo: los clubes quebraron, llegaron las sociedades anónimas para quedarse y dos expresidentes de la ANFP fueron castigados por FIFA. Treinta años de cambios, de grandes logros y, también, grandes vergüenzas.

La voz de los 80

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Víctor Hugo Castañeda y Juvenal Olmos.[/caption]

En 1988, Víctor Hugo Castañeda, considerado uno de los volantes más talentosos de la liga local, no pudo evitar que su equipo, Palestino, descendiera. Pero sus condiciones lo llevaron a firmar un par de años más tarde por la "U", donde se retiró como referente durante la segunda parte de los 90. Al teléfono, atiende a Reportajes para hablar sobre los cambios que sufrió el fútbol en este período.

—En ese tiempo, se corría menos quizás, pero se jugaba mucho mejor. Se pensaba más —dice. Y el jugador era mucho más comprometido con la actividad, con la camiseta.

Juvenal Olmos, quien entre 1983 y 1987 sumó dos campeonatos y dos Copa Chile vistiendo la camiseta de Universidad Católica, piensa distinto.

—Antes se pensaba más, porque el ritmo era más bajo y porque los jugadores se desplazaban menos —explica. Antes hablábamos de que lo máximo era correr ocho kilómetros, pero hoy los futbolistas recorren 13 o 14. Antes se pensaba con la pelota en los pies, había más tiempo; hoy se piensa antes de que la pelota te llegue, porque no tienes ese tiempo.

Castañeda aclara que fue una época difícil: en los 80, el fútbol chileno atravesaba una crisis financiera y los salarios eran mínimos. Sobre todo para los formados en casa. "Se ganaba muy poco. Tu primer contrato era a los 21 años y por cuatro años: te amarraban. Hoy, a un jugador talentoso con dos o tres partidos, los representantes son capaces de meterlo en Europa sin mucha antesala en el fútbol chileno".

Ambos jugadores, tras culminar sus carreras, continuaron ligados al fútbol como entrenadores. Olmos, que dirigió La Roja entre 2003 y 2005, habla de una evolución en los entrenamientos.

—Antes se corría más, se trabajaba más sin pelota, era pura playa, cerro, pesa y trotar —dice. Hoy la preparación física no se concibe sin la pelota de por medio. Hay más cambio de ritmo, freno, explosión. Los tipos de entrenamientos son muy distintos.

—¿Qué piensan de la escena actual del fútbol chileno?

—El fútbol chileno está sobrevalorado, porque está pagando altos precios y el espectáculo no es de los mejores —dice Castañeda. En el tema de las sociedades anónimas, a los dueños de los clubes no les gusta ser criticados y toman decisiones más con el aplausómetro que con razonamiento. Y hay jugadores que están tomando un protagonismo que no les corresponde: quieren mandar más que los entrenadores y eso no puede ser.

—Tengo un reparo, que afecta todo: los tres equipos grandes siempre nutrieron al fútbol de los mejores jugadores, pero hoy no están saliendo —sostiene Olmos. No hay jugadores de 19 años que reclamen una camiseta de titular. Los jugadores de jerarquía de la selección ya tienen 29-30 años. Nos pasó lo mismo que en el tenis: el fútbol se farreó una generación para poder haber explotado internacionalmente. Es como que dentro del país nos hubiéramos comido el mensajito de que cambió la mentalidad. Para el técnico actual viene un momento más que duro, porque no hay recambio de primer nivel".

Pionero del cambio

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Harold Mayne-Nicholls, expresidente de la ANFP.[/caption]

Esta vez, Harold Mayne-Nicholls tan solo se rascó la cabeza y -seguramente- apretó la frente. Fue distinto al déjà vu que unos cuantos se animaron a presagiar. No fue como en noviembre de 2010: no sintió esa bronca, acaso esa incertidumbre. El cuestionamiento propio del que sabe que cometió un error clave. O dos: intentar repartir de otra manera las utilidades generadas por el Canal del Fútbol (CDF) en un ambiente en el que, reflexiona, existen personajes que tienen agenda propia y velan únicamente por su bien personal, y haber rechazado la oferta que le hizo Antonio Bloise, extimonel de Everton, previo a un partido de la selección en Omán, para hacer una lista en conjunto.

El antofagastino, dice, confiaba en su victoria. Creía que con lo hecho le alcanzaba. Pero hoy, ocho años más tarde, resignifica este último episodio como el detonante que acabó con su gestión y, también, con Marcelo Bielsa en el banco de La Roja.

El mes pasado lo intentó otra vez: según Cadem, un 77% de los encuestados quería de vuelta al expresidente en la sede de Quilín y un 80% creía que era el candidato que "haría un mayor aporte al fútbol chileno", pero solo consiguió 12 votos de 48.

Mayne-Nicholls llegó al fútbol en 1989, cuando lo contrataron como jefe de prensa de la Copa América 1991. Fue desde entonces que se curtió como dirigente: en Universidad Católica y también con un paso como gerente de selecciones hasta mediados de 1996. Recuerda con cariño esa época y la contrasta con la actualidad.

—Había una gran diferencia entre los dirigentes de esa época y los actuales: antes estaban más preocupados de estar enseñando —explica. Ya no existe ese intercambio.

Esa década también fue auspiciosa para el fútbol chileno desde lo deportivo: Colo Colo consiguió la única Copa Libertadores del país en 1991 y las universidades sumaron buenas actuaciones internacionales. "Fue una época espectacular. Dada la situación económica argentina frente a la chilena, se pudieron traer jugadores de alto nivel y los nuestros de alto nivel no tenían tanto mercado", recuerda Mayne-Nicholls.

La llegada del nuevo milenio, sin embargo, trajo consigo el comienzo de la crisis: la quiebra de Colo Colo en enero de 2002, múltiples decepciones en el ámbito internacional y los fracasos de La Roja en dos eliminatorias consecutivas. En 2006, Mayne-Nicholls decidió presentarse como candidato para presidir la ANFP y enfrentar el mal momento. Con un discurso en el que prometía devolver la credibilidad al fútbol nacional, el periodista se impuso y en enero de 2007 asumió el cargo. Su período, dice, se basó en dejar de hacer las cosas "a la chilena": impuso normas y las hizo respetar. Escenario que, piensa, le valió tantos enemigos.

—Lo más recordado de su gestión fue Bielsa. ¿Se siente responsable de este cambio?

—Decidimos traer a Marcelo Bielsa por la sencilla razón de que tenía que haber un cambio cuántico en la estructura de nuestros jugadores. Le pedí mucha disciplina, mucho rigor, mucha humildad. Tenía claro que si eso pasaba, íbamos a tener mejores resultados: no en lo deportivo, sino en la entrega de valores y principios a la sociedad. Mi responsabilidad fue haber luchado hasta el final para que llegara Bielsa. Hubo directores, algunos que después se acercaron mucho a él, que en su momento votaron en contra de su llegada.

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Harold Mayne-Nicholls y Marcelo Bielsa.[/caption]

Pese a que su período fue considerado exitoso, terminó abruptamente en 2010: los mismos que cuatro años antes le dieron la dirigencia, lo sacaron del puesto. La llegada de las sociedades anónimas cambiaron el modo de administrar el medio futbolístico en el país y no aceptaron ver amenazadas sus inversiones. Mayne-Nicholls, que después sería castigado por el comité de ética de la FIFA, vio truncado su sueño. También, en silencio, vio la gestión de su sucesor, Sergio Jadue. Sus logros y su posterior caída.

—¿Qué opina de la conducción de Jadue?

—De Jadue no rescato nada. Hay gente que dice, ok, ganamos, así que da lo mismo que robe lo que quiera. Bueno, eso mientras no le roben a uno. Haber salido campeón de la Copa América, gran triunfo. Pero yo le pongo en el otro pedestal: tuvimos un Mundial Sub 17 que pasó sin pena ni gloria. Debe ser la actividad internacional más triste que hemos organizado en nuestra historia. Y a mí no se me olvida que él privilegió lo ilegal, lo inmoral, por sobre cualquier otra cosa. Ahí se me quitan las ganas de celebrar cualquier victoria que se haya producido en su período.

—¿Qué piensa de las sociedades anónimas?

—Han sido un aporte, aunque no todo lo que se esperaba de ellas. Han permitido que los jugadores puedan recibir lo que pactaron en forma justa y eso le da seguridad a toda la industria. Por el contrario, en la gran mayoría de los casos, se han alejado de las comunidades a las que pertenecen. Por ejemplo, en Antofagasta: primera vez que clasifica a la Copa Sudamericana y el presidente dice que está estudiando la posibilidad de llevar el partido con Fluminense a Calama, porque las condiciones de arriendo del estadio son muy altas. En vez de sentarse y conversar, amenaza. Ese ha sido el problema de las S.A. La ley necesita una actualización.

—¿Cómo evalúa el fútbol chileno?

—Ha habido una tremenda evolución. Como medimos todo en base al día a día, no nos damos cuenta de ello. Nunca antes tuvimos tantos jugadores actuando en Europa a alto nivel. La construcción de nuevos estadios, ¿quién lo iba a soñar 30 años atrás? El CDF, que se hizo durante la presidencia de Reinaldo Sánchez y que nosotros le dimos el impulso, es una generación de recursos increíble. No se puede negar que ha habido un aporte dirigencial en este crecimiento impresionante.

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