Especial Tecnología: La ciencia y el negocio de una gran laguna
<p>Esta historia mezcla tecnología, ciencia y arquitectura. Con todo eso, el ingeniero bioquímico Fernando Fischmann creó en Algarrobo una laguna artificial de 8 hectáreas, que el Record Guinness reconoció como la más grande del mundo. Su empresa, Crystal Lagoons, tiene hoy 80 lagunas en construcción en 35 países, con una inversión que ya alcanza los US$ 60 mil millones.</p>
El jeque árabe no lo podía creer. Desde el cielo, era sólo una gran mancha calipso que contrastaba con las oscuras aguas del Pacífico. Pero a medida que el helicóptero se acercaba a Algarrobo, la mancha comenzaba a tomar forma. Era la piscina de aguas cristalinas más grande que había visto. Ya en tierra, miró de cerca la enorme laguna turquesa rodeada de arenas blancas y palmeras, que se alzaba frente al mar. Veleros y kayaks cruzaban las aguas, mientras las familias tomaban el sol. El rostro del jeque se iluminó. Y decidió, en ese minuto, que replicaría ese proyecto en Dubái.
Fernando Fischmann, el ingeniero bioquímico dueño de San Alfonso del Mar, ha visto esa misma reacción en todos sus invitados. Desde que hace dos años fundó la empresa Crystal Lagoons para llevar su creación al resto del mundo, no ha habido ningún empresario que luego de visitar su complejo en Algarrobo se haya ido sin cerrar contrato. Así pasó con jeques de los países árabes y los empresarios inmobiliarios más reconocidos del mundo, como la familia Sharbatly -con quienes levanta dos megaproyectos en Egipto-; Nasir Schon, uno de los hombres más ricos de Pakistán -y dueño del proyecto Dubai Lagoon-; y Eduardo Fernández León, con quien está inaugurando una laguna en Las Brisas de Santo Domingo y con quien creó una sociedad para desarrollar el proyecto de segunda vivienda más ambicioso de Chile: Bahía Tricao, a un costado de Las Brisas.
Hoy, su empresa construye 80 lagunas en distintos lugares del mundo y los proyectos inmobiliarios asociados alcanzan las 140 mil viviendas. Su modelo de negocio es simple, pero efectivo: Fischmann recibe un porcentaje de la venta de cada uno de los desarrollos en los que participa. Una especie de royalty por poner su tecnología a disposición.
Desde que hace dos años Fernando Fischmann fundó la empresa Crystal Lagoons para llevar su creación al resto del mundo, no ha habido ningún empresario que luego de visitar su complejo en Algarrobo se haya ido sin cerrar contrato. De hecho, entre noviembre y febrero habrá por lo menos cuatro nuevas lagunas de aguas cristalinas en el mundo: Las Brisas de Santo Domingo, Dubai Lagoon, Panamá y Sharm El Sheik en Egipto.
La inversión total de los complejos que se levantan actualmente alcanza los US$ 60 mil millones. Hasta ahora, algo de las ventas en verde ha llegado a sus bolsillos. Pero las verdaderas ganancias vendrán desde el 2010, cuando se inauguren los primeros megaproyectos. Entre noviembre y febrero, habrá por lo menos cuatro nuevas lagunas de aguas cristalinas en el mundo: Las Brisas de Santo Domingo, Dubai Lagoon, Panamá y Sharm El Sheik en Egipto -que desterrará a San Alfonso del Mar del Record Guinness, con 12 hectáreas de agua-.
Se trata de la primera empresa chilena que a sólo dos años de su creación, recibirá royalties por US$ 400 millones. Y eso es sólo por ahora. Las proyecciones -conservadoras según el gerente comercial de la firma, Eduardo Klein-, apuntan a que Crystal Lagoons construirá 1.668 lagunas en el mundo en la próxima década, lo cual es apenas un 5% del mercado potencial a nivel internacional.
La fórmula
San Alfonso del Mar
Para llegar la combinación perfecta entre los químicos, filtros y arquitectura que hoy permite que las aguas de sus lagunas sean transparentes como las del Caribe, Fischmann tuvo que invertir tiempo. En su primer intento, en San Alfonso del Mar, estuvo probando por más de seis años, hasta que dio con la fórmula precisa en el 2006. Ese aprendizaje incluyó viajes por el mundo en busca de experiencias similares e incluso una asociación con la Fundación Chile.
Hoy, la tecnología consiste en pequeños inyectores ubicados en lugares estratégicos de las enormes piscinas, los cuales liberan los "pulsos de desinfección" con una mezcla precisa de químicos para desinfectar el agua. Otro de sus secretos está en el sistema de filtración: si una piscina normal filtra el 100% del agua cuatro veces al día, el modelo de Fischmann filtra sólo un pequeño porcentaje; y así utiliza el 2% de la energía que usa una piscina tradicional. El liner que se ubica en el suelo de las piscinas -y que se manda a fabricar en Estados Unidos- y los equipos ultrasónicos que se importan desde Holanda también contribuyen.
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