Avellaneda y el colapso moral del fútbol

SEÑOR DIRECTOR:
Lo que ocurrió en Avellaneda duele. No solo por la violencia desatada, sino por lo que revela: que el fútbol sudamericano ha perdido el rumbo moral. Lo vimos todo y nadie se hace cargo. No es la primera vez, y por eso no sorprende, aunque impacta profundamente.
Hace años que las barras fueron secuestradas por el fanatismo y la violencia, mientras clubes y autoridades miran para el lado. La Conmebol, siempre rápida para sancionar a los débiles y lenta para prevenir lo evidente, vuelve a fallarnos. ¿Qué más tiene que pasar? Esto ya no es deporte: es un espectáculo que tolera el horror.
Es urgente devolverle al fútbol un mínimo de dignidad. No se trata de castigos ejemplares, sino de un cambio profundo: de liderazgo, de valores y de coraje para decir basta.
Alejandra Jiusán
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