Dieciocho discos para sumergirse (a fondo) en la música brasileña

Reducir la enorme geografía musical de Brasil a un par de recomendaciones resulta tan mezquino como atrevido. Pero ahí vamos: obviamente faltan nombres, discos, géneros y etapas, pero aquí hay un listado de artistas clásicos, otros no tanto, algunos álbumes menos conocidos de las leyendas y derechamente joyas fuera del radar más habitual del público hispanohablante.



*Caetano Veloso – Muitos carnavais (1977)

Aunque no forma parte de su etapa más celebrada, entre fines de los 60 y la primera mitad de los 70 cuando su exploración creativa ensanchó los límites de la música brasileña, este disco lo presenta con trío eléctrico y con un acento festivo en que parece zafar de los días de exilio y la canción de carácter más confesional.

Un disco para darle play en plena mañana y encuadrar a Caetano como un autor que es melodía, atrevimiento y vitalidad. O lluvia, sudor y cerveza (Chuva, suor e cerveja), tal como oferta uno de los temas del álbum.

*Ivan Lins – Nos dias de hoje (1978)

Cantautor de excepción, su música puede que represente un lenguaje opuesto al de Veloso. Ahí donde uno es más exuberante, Lins elabora melodías tejidas por el detalle, la sutileza, con canciones que crecen y adquieren belleza en el virtuosismo instrumental e interpretativo.

Un conjunto de lecciones aprendidas en el jazz y en la MPB, aparte de su formación como pianista, talento que reluce en cada una de sus producciones. Como en ésta de sus mejores años, con look Lennoniano y espacio hasta para el género folclórico del noroeste conocido como forró.

*Gal Costa – Legal (1970)

Figura mayúscula del gigante sudamericano, no es simple apostar por sólo uno de sus trabajos. Pero aquí va una recomendación que escapa a algunas de sus joyas habituales: Legal fue despachado tras el impacto de sus éxitos más atronadores, como Baby y Divino maravilhoso, aunque no cede en calidad y composiciones redondas.

Además, como si quisiera demostrar fuerza inclaudicable, se acerca más al rock, el blues pesado y la psicodelia: la apertura casi simbólica con el título Eu sou terrivel (Yo soy terrible), áspero y urgente , suena a manifiesto y principios.

*Elis Regina – Falso brilhante (1976)

Quizás la mejor voz femenina de la música brasileña del siglo XX. Y un de las más grandes incluso a nivel global, aunque sin la “fortuna” de haber nacido en los grandes emporios de la música anglo que permiten tal estatus, a lo que se suma una muerte abrupta por sobredosis a los 36 años.

En este trabajo, Regina exhibe en equilibrio todas sus caras, desde su interpretación huracanada y explosiva (Velha roupa colorida), hasta los timbres más suaves donde por momentos sugiere un susurro (Fascinacao).

Una garganta elástica y un disco que sirve de bisagra a una discografía febril, imperdible en todas sus etapas.

Céu - Apká! (2019)

Como toda escena artística desbordante, Brasil tiene voces femeninas excelsas y sugerentes tanto ayer como hoy. Salido en 2019 en su país, el último disco de la cantautora paulista explotó recién en la temporada siguiente en el resto del planeta.

Aunque se trata de un estallido sutil: la sensibilidad de la bossa nova coge aquí elementos del trip hop, el R&B y la experimentación, pero creando pasajes llenos de tonalidades y ligereza melódica. Hasta Caetano Veloso aporta una composición inédita. Lo mejor de todos los mundos posibles confluye en Apká!, la última entrega de Céu, una artista para apuntar.

*Ayom – Ayom (2020)

Brasil es samba, bossa nova, MPB, tropicalismo y rock con identidad mestiza, pero también, como ninguna otra nación del continente, es un puente con África. Cientos de proyectos artísticos de las últimas décadas han querido tributar los orígenes en la tierra que hay al otro lado del Atlántico.

Encabezado por la cantante, compositora y percusionista Jabu Morales –nacida en Belo Horizonte y también con una interesante carrera en solitario-, Ayom es un conjunto multiétnico que incluye a instrumentistas de Angola y Portugal, maridando ritmos brasileños como el forró, el maracatú y el carimbó, con la cumbia, el funaná o el guaguancó. Una verdadera travesía de sonoridades y tradiciones.

*Chico Science & Nação Zumbi – Afrociberdelia (1996)

Si se trata de aleaciones efervescentes, el grupo Chico Science & Nação Zumbi estableció en los años 90 una de las más disruptivas del país. Se trata del llamado manguebeat, expresión artística nacida en la ciudad de Recife y que concilió los sonidos regionales de la parte norte con las percusiones, el groove y la cadencia característicos del funk, la electrónica y el hip hop.

En este disco cabe de todo, como una batidora donde se agitan elementos que a momentos rozan el caos. Es cierto que Sepultura representó a ojos del mundo la más poderosa fusión entre rock y rítmicas vernáculas de Brasil; pero Chico Science & Nação Zumbi también hablaron fuerte.

Lástima que la ruta fue demasiado breve. El mismo cantante Chico Science, en su momento más estelar y cuando sólo tenía 30 años, murió en un accidente automovilístico.

*Secos & Molhados - Secos & Molhados (1973)

Para quienes buscan trazar paralelos o diálogos creativos entre bandas latinoamericanas y los grandes fenómenos que se sucedían en el rock anglo, éste es un buen caso.

Inspirados en el glam de moda a principios de los 70, y en cierto rock progresivo que también apelaba al maquillaje y al asombro estético para montar sus cavilaciones existencialistas, a primera vista los paulistas Secos & Molhados semejan una réplica brasileña de Genesis, Pink Floyd o Roxy Music.

En parte lo son, pero, más que por su parecido fotográfico, por una original combustión de estilos donde el folclor de su país se ponía al servicio de melodías trajinadas por la psicodelia, el rock duro, el folk de sensibilidad hippie y las voces frágiles.

*Raul Seixas - Krig-ha, Bandolo! (1973)

Fan de Elvis y apuntado como uno de los padres del rock brasileño, Seixas trata de dejar en claro desde la portada que en su debut en solitario hay inventiva y audacia: con su torso desnudo, su barba, su pelo largo y sus manos arriba, es lo más parecido a un Jesucristo antes de la inmortalidad.

Al empezar el álbum, otra singularidad. Seguramente, más de alguno reconocerá en el rock and roll de textura carnavalesca de Mosca na sopa, un clásico que en Chile adquirió envoltorio infantil.

¿Más detalles para no perder de vista? El coautor de gran parte de las composiciones es el mismísimo Paulo Cohelo, en su etapa de literato ocultista y mucho antes de catapultarse como un best seller de la autoayuda.

*João Gilberto - O Amor, o Sorriso e a Flor (1960)

La bossa nova, quizás el mayor patrimonio cultural que Brasil entregó al mundo, siempre ocupa sitios de avanzada en cualquier listado que intenta ofrecer un trozo de la música facturada en esas latitudes.

Aquí con uno de sus mayores exponentes, capaz de recoger la tradición poética y sonora de Río de Janeiro para convertirla en el álbum que precipitó la escalada global del género, mirando cara a cara al jazz, el blues y el pop vocal. Simpleza pura para un concepto que se tornó universal.

*Elizeth Cardoso - Canção do Amor Demais (1958)

Otra piedra angular en el desarrollo de la bossa nova. En efecto, el primer álbum del género, con la guitarra de João Gilberto, y la música de Vinícius de Moraes y Tom Jobim, la conjunción que finalmente estableció los patrones para la música que tendría su eco mayor en los años 60.

La voz de Cardoso hizo el resto, materializando un disco que aunque en su momento tuvo un impacto comercial moderado, con el curso de las décadas alcanzó el casillero de leyenda.

*Ed Motta – Poptical (2003)

Si en los 60 y 70 los más diversos nombres transformaron la música brasileña y la orientaron hacia un cauce mucho más cosmopolita, esa misión en el nuevo siglo quedó en manos de figuras como Ed Motta.

Multiinstrumentista, cantante, autor y coleccionista compulsivo de vinilos, el carioca se mueve con olfato arqueológico para desmembrar funk, jazz, R&B, pop y música disco, y llevarlo hacia una síntesis irresistible.

Poptical, el trabajo que por lo demás lo acercó a Chile, luce entre lo más notable de su carrera.

*Charlie Brown Jr. - Transpiração Contínua Prolongada (1997)

Brasil nuevamente conectado con los tiempos. Nacidos en Santos, Sao Paulo, Charlie Brown Jr. fue un conjunto de un historial tan trágico como intenso: con dos de sus integrantes muertos (sobredosis y suicidio), en un lapso breve que fue entre fines de los 90 y principios de los 2000 consiguieron amalgamar rap, punk, hardcore y una vitalidad eléctrica que los sitúa como uno de los grandes números del rock brasileño de las últimas décadas, un peldaño atrás en impacto que Sepultura.

*Os Paralamas Do Sucesso – Selvagem? (1986)

Éxitos en gran parte de Latinoamérica y con una indiscutida conexión con países como Chile y Argentina, el grupo de Herbert Vianna logró ese salto masivo hacia el mercado hispanohablante que sólo unos pocos pueden acreditar.

Este álbum se sitúa por esos años de conquista y suceso, cuando el ADN de la banda declaraba reggae, new wave y ska, algo así como un aire más playero a la invasión de música que llegaba desde el Atlántico, impulsados también por Alagados, el hit que abre este trabajo.

*Roberto Carlos - Roberto Carlos (1971)

Pero antes de Paralamas, estuvo él. Mucho antes de Alagados o Coche viejo, otras canciones interpretadas con esa inconfundible fonética del portugués coparon radios, festivales y preferencias de los chilenos.

Roberto Carlos, con su un timbre diáfano, suave, que parece nunca estallar, es una leyenda a la que siempre vale la pena revisitar, sobre todo en este álbum que parte con Detalles: con un tema como ese, basta y sobra para considerarla una obra memorable.

*Chico Buarque – Chico Buarque (1978)

Otra coordenada ineludible. Aunque con total justicia se ha consensuado que Construção (1971) es su obra maestra –tanto desde el punto de vista de su búsqueda melódica como de sus letras-, su entrega homónima de 1978 no palidece y sigue entregando la versión más rotunda de Buarque.

Hay un semblante más adulto en sus temas, con canciones de fina artesanía autoral, como Cálice o Feijoada completa, además de una cálida lectura para Pequeña serenata diurna, de Silvio Rodríguez, en una de las tantas muestras de los acercamientos que en los 70 tuvo la canción brasileña con sus pares de naciones con un estimulante acervo musical, como Cuba, Argentina o Chile.

*Banda Black Rio - Maria Fumaça (1977)

Los listados, claro, también son una buena oportunidad para descubrir nombres fuera de cálculo. Este disco de la banda originario de Río de Janeiro es un sólido encuentro de funk con jazz y samba, demostrando que en Brasil no sólo hay grandes autores e intérpretes magistrales, sino que también algunos de los mejores instrumentistas del orbe.

Un álbum instrumental lleno de clase y destreza.

*Toquinho y Vinícius De Moraes - São Demais Os Perigos Desta Vida (1972)

Por otro lado, cualquier lista que intente ofrecer una porción de una geografía artística tan amplia como la brasileña siempre quedará estrecha, siempre será mezquina, las voces que no están superarán a las que finalmente dicen presente.

La enumeración podría ser ilimitada, vaya pecado imperdonable omitir a Jorge Ben, Os Mutantes, Novos Baianos, Maria Creuza o Tim Maia, pero aquí va la última sugerencia, el cierre idóneo para días y noches aún paralizadas en cierta serenidad pandémica: el precioso álbum de principios de los 70 que, con guitarra y poesía, unió a dos talentos de un país en el que es muy probable que no baste una sola vida para sumergirse a fondo en su herencia musical.

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