Culto

Diego Soto, cineasta: “El sueño de una industria no es algo que me parezca atractivo ni acorde a nuestra realidad como país”

Reconocida con dos premios en FICValdivia 2025 (y recién estrenada en salas), La Corazonada es una comedia romántica que gira en torno a una pareja adulta en Doñihue. En diálogo con Culto, su director habla sobre la trastienda del filme y el momento del sector audiovisual. “Uno también puede pensar en los adultos de edad madura como adolescentes”, apunta.

Diego Soto, cineasta: “El sueño de una industria no es algo que me parezca atractivo ni acorde a nuestra realidad como país”

Pese al escepticismo de su hijo, Nieves desea que las personas que visiten su piscina en su casa en Doñihue se alejen del estrés de la capital y tengan “un encuentro místico con ellas mismas”. La rutina del lugar le depara la mayor sorpresa a ella, la administradora del recinto: la aparición de Enrique, un motociclista que se enamora de ella y que insiste en invitarla a salir a pesar de sus evasivas.

Entre idas y venidas, los sentimientos de ambos se aclaran a medida que son convocados a participar en una experiencia completamente nueva: la filmación de una película de una joven cineasta que llega a la zona.

En esa localidad de la Región de O’Higgins, a cerca de una hora y media de Santiago, Nieves y Enrique, a medio camino entre la ficción y la no ficción, se transforman en los protagonistas de una comedia romántica. Una “muy chilena”, como ha enfatizado el director nacional Diego Soto desde que La corazonada se estrenó en la 32° edición de FICValdivia, donde ganó dos premios.

Soto llegó a ese certamen en compañía de Natacha García y Germán Insunza, sus tíos y protagonistas de su tercer largometraje, con quienes ya había trabajado en su ópera prima, Un fuego lejano (2019).

“Más allá de que son muy graciosos y fotogénicos, mi intuición es que son dos personas muy aventureras. Entonces de partida era más probable que quisieran lanzarse a jugar de esta manera y hacer una película. Quizás yo los agarré en un momento de sus vidas donde no estaban teniendo esa posibilidad de llevar a cabo esas aventuras”, señala a Culto sobre el filme que acaba de debutar en salas nacionales.

El director de 32 años define: “Sabíamos que al final del proceso teníamos que descubrir algo. Que no bastaba con contar la historia, sino que teníamos que salir entendiendo más sobre ellos, sobre nosotros mismos –que la estábamos haciendo–, sobre nuestras ideas del amor, sobre el campo. Para mí el sentido de hacer una película tiene mucho que ver con indagar en el mundo, más que concretar una idea que yo tenga como autor”.

-¿Qué preguntas se estaba haciendo en el momento en que empezó a crear esta película?

En esta época es difícil contar una historia romántica que sea creíble. Creo que hemos pasado por muchos cuestionamientos sobre el amor, que han sido muy positivos, muy válidos. Pero al mismo tiempo, por mucho que uno intente blindarse, eventualmente puede pasar que te enamores. El sentimiento no deja de ser real, por mucho que uno cuestione las formas, la cultura, los códigos. Por eso me vino muy bien que la protagonista estuviera en un momento de su vida en el cual no estaba tan abierta a tener una relación. Encarna una reticencia que yo creo que es buena para cultivar un vínculo más duradero. Partir por la desconfianza para darse cuenta de que en el fondo el poder juntarse con otro es un camino que requiere esfuerzo, que requiere muchas vueltas.

-¿Cuánto tardó en descubrir que La corazonada se inscribiría en la tradición de las comedias románticas?

Yo creo que en algún momento del proceso me fui dando cuenta de que estábamos haciendo una comedia romántica. Inicialmente sabía que quería indagar en esta relación, que es la relación de mis tíos, pero todavía no sabía que la película iba a tomar una estructura tan similar a las comedias románticas, hasta que empezamos a probar las primeras escenas en las que ellos se invitaban a salir. Inmediatamente se produjo un efecto cómico y me di cuenta de que ese efecto venía de tratar de traducir o de adaptar estos códigos de películas que son muy gringas a un escenario chileno y con personas comunes y corrientes. En esa traducción había algo que no calzaba y que justamente es el terreno en el que me pareció interesante explorar.

-La película evoca a los motoqueros, que es otra imagen muy asociada al cine estadounidense.

Una de las grandes motivaciones para hacer la película fue enterarme de que mi tío estaba involucrado en este grupo de motoqueros, que es algo real. Esa imagen me parecía muy entretenida. También es uno de los muchos aspectos del cotidiano chileno que están cruzados por influencias de lugares muy lejanos. Acá es el imaginario del motoquero aplicado a la región, al campo. Nuevamente aparece como algo que no calza tanto. Y desde luego que esa estética y ese mundo es muy norteamericano.

-A partir del recorrido de la película, ¿cómo cree que resuena en los espectadores de su generación? ¿Con qué cosas se sienten cerca o lejos?

Por lo que he visto y he conversado en las funciones con personas de más o menos mi edad o más jóvenes, la película los ayuda a conectar con la generación más mayor. Muchos me han dicho que ven la película y ven reflejado a su papá o a su abuelo, y que eso les permite empatizar con esa edad de la vida que está tan ignorada en nuestra cultura. Pareciera que todo está hecho para los jóvenes y que ser joven en sí es un valor, porque se tiene más energía, porque se es más productivo. Pero al final yo creo que lo que pasa en esa edad, cuando uno está cerca de jubilarse, es que se vive como una especie de segunda adolescencia. Porque cuando ya están todas las metas cumplidas, aparece de nuevo la pregunta que uno se hacía cuando adolescente: ¿qué me ofrece la vida? ¿Qué puedo hacer yo con la vida? No es muy distinto en ese sentido. Uno puede pensar en los adultos de edad madura como adolescentes también.

Frente a la industria

Hace poco el director se encontró con una crítica en que él y su grupo de colaboradores eran descritos como “cineastas de fin de semana”. En vez de molestarse, le gustó el concepto.

“Me parece bastante apropiado porque la carrera de cineasta que sólo se dedica a esto tiene otro camino y otra lógica. Nosotros estamos tratando de congeniar trabajo y familia con hacer la película. Eso también es algo que nos otorga la libertad de poder organizar el proceso como nosotros queramos y tomarnos el tiempo que queramos”.

Así, mientras de lunes a viernes se dedica a un trabajo ligado a las redes sociales, Soto ya planifica sus siguientes filmes: uno es un corto y otro es un largometraje, ambos ambientados en la Región de O’Higgins.

-Bajo ese concepto, imagino que la idea de dirigir un largometraje que ya venga desarrollado por otros no es de su interés. ¿Es así?

Sí. Es que mi razón para hacer las películas no es ni crear una carrera ni ganar plata. Para hacer una película tengo que sentir que hay algo que yo quiero explorar y que voy a aprender algo de ese proceso. Si no, no es algo que me motive. Y aparte tampoco me considero un gran director. No sé si yo podría dirigir Harry Potter, por ejemplo, a pesar de que me gusta harto.

-¿Cuál es su mirada ante el cambio de gobierno? ¿Le parece importante que, por ejemplo, la estructura de fondos de cultura se conserve?

Hay una sensación de incertidumbre justamente porque no se ha declarado cuál es la estrategia respecto a la cultura. Eso implica que puede ir desde pasar la máquina, como en otros países vecinos, hasta que la cosa siga funcionando por inercia, como ha funcionado siempre. Esa es una posición bastante incómoda, porque a mí el sistema de fondos tal como existe me parece que podría mejorarse en pos de una mayor democratización del cine, de una distribución más equitativa de los recursos. Creo que, por ejemplo, se deberían potenciar los proyectos más pequeños. Experiencias recientes de varios colegas en el fondo dan cuenta de que no necesariamente la cantidad de dinero que se gasta en una película implica su éxito. Y me parece que el fondo tiene una mirada de fomento a la industria que implica el valor del tamaño. Esas lógicas se podrían mejorar y sería muy beneficioso; creo que crearía una mayor diversidad.

“Una de las grandes quejas que tenemos actualmente es que hay ciertas grandes productoras que se llevan muchos de los fondos y que es muy difícil competir contra ese tamaño. Lo que nunca se ha definido, y lo que habría que definir, es si el objetivo de los fondos de cultura es fomentar la existencia de una industria o fomentar la democratización y la diversidad de las excepciones artísticas. Esas dos metas quizá se pueden llevar a cabo en paralelo, pero no son lo mismo”.

-Las voces más consolidadas del audiovisual chileno apuntan a lo primero. A que se generen incentivos y mecanismos que permitan que por fin Chile tenga una industria audiovisual.

A mí me parece que el sueño de una industria no es acorde a la realidad de nuestro país y de nuestra cultura. Creo que se vende la idea de que en el fondo una industria nos va a beneficiar a todos, pero la experiencia de quienes hacemos películas pequeñas es que un colega puede ganarse el Oscar y eso no implica ningún beneficio ni ningún chorreo para nadie. Incluso no significa un beneficio económico para los técnicos que participaron, sino que para los productores que son dueños de la película. En ese sentido, a mí el sueño de una industria no es algo que me parezca ni atractivo ni acorde a nuestra realidad incluso económica como país. Quizá la industria llegue después si es que logramos generar una diversidad y mantener la práctica. Bajo este sistema los directores hacen una película cada ocho años. ¿Qué capacidad tienen de practicar su oficio si en 15 años hacen tres películas? Dirigir es un oficio, es algo que requiere contacto constante y reflexión y práctica. Si no tenemos esa máquina andando y los proyectos se demoran, es difícil que lleguemos a ser una potencia cultural. Podríamos serla, porque hay muchos colegas muy brillantes y, en términos culturales, Chile tiene para ofrecer mucha riqueza.

Lee también:

Más sobre:CineDiego SotoLa CorazonadaFICValdiviaNatacha GarcíaGermán InsunzaMartín InsunzaCentro Arte AlamedaCine Culto

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Plan digital + LT Beneficios por 3 meses

Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE