El regreso de Lorde a Lollapalooza: minimalismo, desnudez y un pop reinventado
Regresó al Parque O´Higgins, luego de doce años, una de las grandes del pop, una artista que entregó nuevos aires al género y que se atrevió a hablar de temas más sensibles, cercanos y muchas veces tabú. Con el debut del disco Virgin en el país hizo también un recorrido por sus clásicos. Un show lleno de nostalgia y ritmo que prometió vuelta.

Ya es sábado en Lollapalooza 2026 y vuelve a ser turno del pop, esta vez de la mano de Lorde, una de las artistas que redefinió el género desde la década pasada. Esta vuelta al país se da en medio del Ultrasound Tour, a propósito del disco Virgin (2025).
A la fecha tiene cuatro álbumes de estudio: Pure heroine (2013), Melodrama (2017), Solar Power (2021) y Virgin. Desde sus inicios, siendo adolescente, destacó por presentar un sonido distinto, íntimo.
Su música pasa por varias facetas. Con el paso de cada track se invita al baile, al llanto, a la reflexión y a pasar un buen rato. Todo esto inspirado en experiencias diversas, que pueden encontrar universalidad: quiebres amorosos, la pérdida de una mascota, crisis climática, machismo y una necesidad constante de libertad en medio de un mundo altamente tecnologizado.

Lorde y su redefinición del pop en Chile
Se presentó como uno de los platos fuertes en el cartel del festival, y no es menor. Desde primeras horas del día se ve a fanáticos que se mueven por el parque con poleras de la artista. Sus oyentes son variados: hay una tendencia femenina, pero el rango etario es amplio. Están aquellos que llevan más de diez años vibrando con su música y quienes, debido al mainstream y uno que otro trend de Tik Tok, llegaron a su último disco hace pocos meses.
Ese es el motivo de la presentación de hoy: Virgin. Un disco que destacó en la crítica y que se convirtió en himno para sus fans. Hammer, Man of the year y Clearblue son algunos de los temas que sobresalen. Aún así, es interesante que sus canciones más reproducidas en Spotify sean Ribs, Team y Royals, las tres de su primer proyecto. Así, también se suma Supercut, un single que fantasea con una relación que no funciona.
Si se hiciera una comparativa, el estilo de Lorde podría asemejarse a la performance de Fionna Apple, junto con el estilo caótico de Paramore, en especial de Hayley Williams. Otra cosa que destaca en su performance es la ausencia de extravagancia: sus vestuarios son sencillos, no hay mucho peinado ni maquillaje, así, tampoco resalta una escenografía grande. En un momento musical en que lo gigante importa, dar un show de talla mundial con elementos básicos podría ser incluso revolucionario, y desde ahí se toma mucho de su propuesta.

Llega el momento: el regreso de Lorde
Comienza a cantar casi sin anunciarse y el grito de su fanaticada es inmediato. Éxitos como Buzzcut Season y Green Light llenan el ambiente. El público salta y baila al ritmo de la música, que es pop, sí, pero tiene harto de techno. Con el DJ en la mesa al fondo, se comienza a armar la fiesta.
“Gracias, Chile. Gracias por venir”, dice. Abre la conversación y da paso al reencuentro con Lollapalooza después de doce años, luego de la recordada edición de 2014.
Cerca de la quinta canción aparecen un par de bailarines y, al igual que el resto de su performance, sus movimientos son simples, recreando escenas más que coreografías complejas. Pasan las canciones y ella performa desde el suelo, al lado de la banda, recorre la pasarela. Es dueña del escenario y lo sabe.
Llega el turno de Supercut, otro de sus hits. Se saca el pantalón, quedando en bóxers rojos marca Calvin Klein y se sube a una trotadora. Corre mientras canta. Una presentación que ya ha realizado antes pero que marca una parte importante del show: no importa cuánto corra, las expectativas, el síndrome del impostor y lo que podría haber sido la siguen persiguiendo.

Virgin y un match antiguo
Este disco llega con aire renovado. Su primer álbum fue producido por Joel Little (Taylor Swift, Sam Smith, Imagine Dragons) y luego los dos siguientes fueron llevados por Jack Antonoff –importante responsable del pop de los últimos años, que entre sus acreditaciones tiene además de Taylor Swift a Lana del Rey y Sabrina Carpenter–. Virgin, el último, se produjo con Jim-E Stack (Bon Iver, Haim y Charli XCX).
Entre tantos charts y reproducciones, no es que su música haya quedado en el olvido, pero sí fue necesaria una reinvención para que lograra volver a lo alto. E irónicamente, lo hizo volviendo a sus inicios, con la honestidad y el minimalismo por delante.
Desde el escenario, se sincera sobre estos doce años que la separaron de Lollapalooza: “Recuerdo esa noche. Fue solo una, pero fue una de las noches más maravillosas de mi vida”. Dice que le gusta volver, que el cariño y la pasión de Chile le recuerda a algo viejo, duradero, que siente profundamente y que las relación con el país es un “match”.
Pasa a una de las partes más intensas: Man of the year. El tema, perteneciente a Virgin, se dice que hace referencia a la división entre lo masculino, lo femenino y todo lo que hay en medio. En una entrevista, la cantante comentó: “Generalmente me expreso como mujer, excepto por los días en que soy hombre”.
La expresión de género, los estereotipos y el género fluido son conceptos que se repiten en el disco. Un álbum que según ha dicho, es el “sonido de su renacimiento”.

“Siempre quiero volver”
Team es otro de los momentos altos. Un clásico contemporáneo que es coreado por distintas generaciones. El público se mantiene atento, aunque ya hay quienes se transportan al escenario contiguo para ver a Tyler, The Creator, exponente del hip-hop.
La variedad de sonidos se intensifica una vez que repasa las canciones más antiguas: más piano, más sintetizador y un beat más continuo. Lorde se mueve por el escenario, canta, grita, se acerca a los cámaras y performa a través de los videos. Lo que antes se mantuvo como una presentación relativamente calmada, excepto por algunos temas, ahora es una discoteca, con luces lasers incluidas. Los brazos están en alto, sus fans saltan y hacen valer las palabras de la artista. Es un reencuentro completo.
Con el paso del show, pareciera que la artista volvió a tomar confianza con el público chileno. Para el final todo es caos, del bueno. Con el escenario repleto de luz verde, recordando también la icónica colaboración con Charli XCX, Girl, is so confusing.
Se acerca a un reflector del mismo color y como si de una abducción se tratara, se deja llevar. Las luces se apagan y se viste con una chaqueta luminosa. Baja de la tarima para cantar con el público, les toma de las manos mientras camina más allá de la pasarela. Interpreta David, un tema potente en el que dice que no pertenece a nadie.
Llega el momento de la última canción, ahora con una chaqueta color rojo, sobre la pasarela y en medio de quienes alcanzaron estar en la reja. Ribs es el cierre ideal para terminar en lo alto, entre baile, saltos y una nostalgia que se deja cada vez un poco más atrás.
Sigue leyendo en Culto:
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
2.
3.
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE

















