Culto

La canción de su obra que a David Bowie nunca le gustó y que después terminó cantando como parodia

Antes del suceso sideral de Space Oddity en 1969 -canción que ha vuelto a la vida gracias a la misión Artemis II-, el inglés presentó una cancioncilla jocosa y juguetona que lo persiguió durante toda su carrera. Y no para bien.

La canción de su obra que a David Bowie nunca le gustó y que después terminó cantando como parodia

Antes del suceso planetario que significó Space oddity en 1969 -esa melodía desolada que musicalizó el alunizaje pionero de ese mismo año-, David Bowie contaba un derrotero inédito: lo había intentado casi todo sin grandes resultados. Trece singles que nunca pegaron demasiado, ocho bandas fugaces que no daban en el blanco y la rotación de un puñado de mánagers que no sabían cómo demonios convertirlo en éxito.

Pero la composición que retrató al Major Tom y al astronauta que pierde conexión con la Tierra lo modificó todo.

Justo antes, en precisamente una de esas tantas aventuras por asestar la gloria, el británico lanzó el single The laughing gnome, el 14 de abril de 1967. Un track juguetón donde conversa con un gnomo de voz urgente y acelerada, truco de estudio cortesía del ingeniero de sonido Gus Dudgeon.

La idea va muy en la línea de otros artistas contemporáneos que exploraban el vodevil, el circo y los mundos de fantasía, como Syd Barrett en Pink Floyd o John Lennon en The Beatles. Eso sí, lo del Duque Blanco parecía más bien un ejercicio de estilo, un ensayo-error, antes que un fragmento que integrara un concepto o una obra mayor, pese a que su inspiración apuntaba al comediante y actor Anthony Newley, una de sus primeras influencias.

En ese momento, The laughing gnome no le dio a Bowie un lugar en las listas, pero en su reedición en 1973 alcanzó el número seis en los ránkings británicos y el número tres en Nueva Zelanda.

La crítica y la parodia

La crítica fue mucho menos complaciente y lo destrozó. NME lo reseñó como “un número excesivamente jocoso que se mantuvo firmemente como el fracaso que merecía ser”. Los editores de la misma publicación, Roy Carr y Charles Shaar Murray, lo describieron más tarde como “sin duda, el ejemplo más vergonzoso de la juventud de Bowie”.

El hombre de Let’s dance ha coincidido en distintas entrevistas que The laughing home fue sólo un desliz de juventud y no guarda relación alguna con el portento de discografía que generó después.

Pese a ello, nunca pudo escapar del todo del single. En 1990, Bowie anunció que la lista de canciones para su gira de “grandes éxitos” Sound+Vision Tour se decidiría por votación telefónica. NME hizo un esfuerzo concertado para manipular la votación con el propósito de que se viera obligado a interpretar la composición (el eslogan de la revista era “just say gnome”). Pero el sistema de votación luego fue descartado.

Más tarde, Bowie bromeó con Melody Maker, la revista rival de NME, diciendo que había estado considerando interpretarla con un nuevo arreglo influenciado por Velvet Underground. También barajó interpretarla en su gira de 2003.

En 1999, el cantante apareció en el teletón bianual Red Nose Day para Comic Relief interpretando una composición irónica titulada Requiem for the Laughing Gnome, una pieza musical deliberadamente mala y poco estructurada, vista como una parodia del lanzamiento original.

Fue el epitafio y el adiós de un tema que -como los pecados de veinteañero de cualquiera- siempre le avergonzó.

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