Por Claudio VergaraLa obra brasileña de Teatro a Mil que revive a Roberto Bolaño: “Queríamos evitar cualquier heroización desmedida”
El montaje Desierto llega en la segunda parte de este mes al GAM de Santiago. Se trata de un proyecto premiado en su país y que explora el presente de la humanidad a través de distintos fragmentos de entrevistas, crónicas, poemas y cuentos del fallecido autor.

La pluma y la retórica de Roberto Bolaño cocinaron maravillas. Tanto de sus libros como de sus entrevistas, de sus crónicas como de sus conferencias, surgieron dimensiones múltiples que exhibieron a un autor agudo, desenfadado, reflexivo, insolente, evocativo. Son las diversas caras que se pueden coger de una de las obras hispanohablantes más ricas de este siglo, largamente celebrada y analizada.
Y, en algunas circunstancias, incluso llevada al teatro. Es el caso de Desierto, la primera creación teatral brasileña basada en fragmentos de las memorias y de diferentes obras -de poemas a diálogos en prensa- del fallecido escritor chileno.
“Entre poemas, cuentos, crónicas, conferencias y entrevistas, se revelan las inquietudes existenciales y artísticas de Bolaño, especialmente en sus últimos años, cuando, ya enfermo, se dedicó intensamente a la creación. La obra se centra en el viaje del poeta: un hombre en tránsito, nacido en Chile, que pasa por México y se establece en España, un viaje marcado por el desplazamiento, el exilio, el desamparo y el rechazo a las normas del sistema”, dice la reseña del montaje.

De alguna forma, Desierto ofrece una experiencia multilenguaje que articula teatro con literatura, poesía, música e instalaciones de video. Desde su estreno en 2024, el espectáculo se ha convertido en un gran éxito de crítica y público, acumulando varias nominaciones a los principales premios teatrales de Brasil, como APTR y Shell, en las categorías de Actor, Dirección y Dramaturgia.
Livera encarna al escritor prestando su cuerpo y voz a extractos de obras como La universidad desconocida, 2666, El gaucho insufrible, Entre paréntesis y Bolaño por si mismo.
Se trata de un espectáculo ideado, escrito y dirigido por Luiz Felipe Reis, de Polifónica Cia, quien habla con Culto acerca de la trastienda del montaje.
-¿Por qué les llamó la atención la vida de Roberto Bolaño para representarla en esta obra? ¿Qué fue lo que les cautivó?
Lo que me llevó a crear Desierto fue percibir que tanto la obra de Bolaño como su vida afirman una misma ética, un mismo modo de existencia. Bolaño concibe la poesía como una forma de vida, como una aventura existencial, poética precisamente porque es, al mismo tiempo, creativa y combativa. Esta poesía entendida como forma de vida es, por lo tanto, un modo de existir que busca oponerse y también escapar al conjunto de normas y hábitos — represivos, opresores y, muchas veces, mortíferos — impuestos por el régimen totalitario del capital en su forma contemporánea: el mundo neoliberal — que tuvo al Chile de Pinochet como laboratorio —, regido por la financiarización de todo, donde solo tiene derecho a existir aquello que opera al servicio de la maximización infinita del poder y del lucro.
“Se trata de un mundo regulado por innumerables dispositivos de control y dominación, de medición y cuantificación, de explotación y devastación de todo el mundo material e inmaterial, y que produce, en última instancia — como hemos visto recientemente —, una explosión de violencia, dolor y sufrimiento a escala planetaria, un proceso de degradación y desertificación de lo viviente, de nuestros mundos internos y externos, desde nuestras subjetividades hasta el Sistema Tierra en su conjunto”.

“Desierto es, en gran medida, una contraescena frente al estado actual del mundo, una escena que se alza como contrapunto crítico ante un mundo en vías de desertificación; una puesta en escena que se levanta contra el proceso actual de desvitalización de la Tierra y también de nuestros cuerpos y subjetividades, promovido por la lógica capitalista. Como contrapunto al horror contemporáneo y a la desertificación de la vida, Desierto mira a Bolaño y a su legado artístico para afirmar la poesía como una forma de vida: lúdica y creativa, pero también crítica y combativa, comprometida con la viabilidad de nuestra existencia. La obra de Bolaño funciona como un dispositivo que nos ayuda a reflexionar colectivamente sobre la condición de ser poeta, artista y escritor en un mundo que se encamina a convertirse en un desierto”.
“Desierto surge, por lo tanto, de la percepción de que era importante, considerando el tiempo que vivimos, celebrar la fuerza creativa y el coraje de la travesía existencial de Bolaño. Fue un escritor de espíritu inquieto, marcado por la inconformidad frente a las normas dictadas por el statu quo y por las figuras de poder, un poeta movido por el deseo de ruptura y de aventura, alguien que, a lo largo de su vida, se arriesga, viaja, se lanza continuamente hacia lo desconocido, hasta enfrentarse a las dificultades de un latinoamericano en el exilio: el desamparo y el desempleo, la violencia de lo real y la inminencia de la propia muerte. En suma, me interesaba investigar esta aventura arriesgada de alguien determinado a ser poeta en el cambio de siglo XXI, en medio de un mundo globalmente colonizado y dominado por el imperativo del capital, que es, en última instancia, el reverso del mundo poético y que, además, produce el ocaso de lo poético, ya que determina y permite solo una única forma y tipo de existencia: aquella regida por la maximización infinita de los números, por la utilidad y la eficacia al servicio de la acumulación de lucro y poder; en fin, un sistema-mundo marcado, como ya dije, por la neutralización y la devastación de todo lo que es vivo, incontrolable y salvaje, en un pacto continuo con la muerte y no con la vida”.
“Nuestro Bolaño es como un detective salvaje en busca de la poesía perdida en este mundo inhóspito, en vías de desertificación, adverso a la ‘germinación’ poética”.

-¿Cuál es el momento decisivo de la vida de Bolaño que se convirtió en el más difícil de llevar a escena?
La obra en su conjunto tenía como gran desafío evitar la autovictimización y la autocompasión, así como evitar, en la misma medida, cualquier heroización o adulación desmedida. Pero como la obra está estructurada de modo que se centra en los últimos diez años de su vida, hasta sus días finales de convivencia con la proximidad de la muerte, este era un desafío mayor: no recaer en un exceso de apelación emocional.
“Nuestro guía en la búsqueda de ese equilibrio fue el propio Bolaño y su perspectiva frente a la vida, su ética de poeta trágico que acepta y enfrenta lo desconocido y lo incontrolable con los ojos abiertos, sin desvíos, sin negación, con miedo, claro, “apretando los dientes”, como él mismo decía, pero de pie. Él decía que todo poeta o escritor inicia su batalla sabiendo que será derrotado, y que la única victoria posible es la capacidad de perder de pie, luchando”.
“Para Bolaño, vivir y escribir exigían una única disposición humana: coraje. El coraje de mirar. De mirar el abismo — lo desconocido, lo aterrador — y de sumergirse en ese abismo con los ojos abiertos y enfrentar sea lo que sea que se encuentre. Como dijo en uno de sus escritos, la literatura es como una arena donde un samurái se enfrenta a otro samurái, pero ese otro samurái no es un samurái: es un monstruo, una cosa, lo desconocido, fuerzas suprahumanas, mucho mayores y más fuertes que cada uno de nosotros”.
“Y fue a partir de esta perspectiva que construimos cada elemento de la dramaturgia, de la puesta en escena y de la actuación, buscando la justa medida en el juego entre pathos y logos, emoción y reflexión”.

-¿Cómo han montado esta obra, basándose en qué aspectos, tomando qué capítulos de su vida, adaptando qué mirada? ¿Cómo fue ese trabajo?
“Desierto no es una biografía escenificada, sino un poema escénico, la puesta en escena de un imaginario poético. Desierto invita al público a una inmersión profunda en el imaginario y en el inconsciente poético del autor. En este “mundo Bolaño” — un lugar nada desértico, dicho sea de paso — se yuxtaponen recuerdos autobiográficos y reflexiones sobre su trayectoria literaria, sus preocupaciones éticas y estéticas, políticas y poéticas, en un juego de atravesamiento incesante entre vida y arte, como es característico de toda la producción literaria del autor”.
“Desierto presenta a los espectadores una composición dramatúrgica que cose distintos materiales textuales — poemas, cuentos, crónicas, notas, discursos, conferencias — y entrevistas concedidas por Bolaño, en las que el escritor comparte, con buenas dosis de lirismo, contundencia y humor, sus inquietudes artísticas y existenciales más fundamentales y recurrentes”.
“En escena, lo que acompañamos, por lo tanto, no es exactamente una narración de la vida privada de Bolaño, sino fragmentos de su memoria, de sus poemas y de sus diversos escritos que iluminan la jornada arquetípica de un poeta. Todo esto, sin embargo, sucede como si estuviéramos sumergidos en el imaginario y en la memoria de Bolaño, en los últimos años de su vida, durante los cuales lidiaba con el avance de una enfermedad hepática crónica y, ante la inminencia de la muerte, empeñaba todas sus energías en la escritura y en el intento de concluir su obra maestra final, 2666”.
“Pienso Desierto como una especie de ‘película imaginaria’, aquella película que se proyecta en la pantalla mental de cada uno de nosotros durante los segundos que separan la conciencia de que vamos a morir y la consumación de la muerte factual. La obra en su conjunto es una especie de ultra dilatación de esos instantes que separan la comprensión de que se está muriendo y la muerte”.

-¿Qué importancia tiene la vida chilena de Bolaño en su vida y en su obra?
En este corto arco de 50 años de vida, entre 1953 y 2003, Bolaño vivió muchos Chiles, marcados por distintos contextos políticos, afectivos y culturales, estando siempre geográficamente más fuera que dentro del país, pero afectivamente continuamente inmerso en las cuestiones culturales y políticas chilenas.
“Bolaño vivió y creció en un contexto marcado por los efectos directos e indirectos de las doctrinas y operaciones político-financieras colonizadoras norteamericanas. Me refiero a la Doctrina Monroe — “América para los (norte)americanos”, vigente hasta hoy — y a la Operación Cóndor durante los años de la Guerra Fría, que violentaron y hasta hoy violentan la autonomía política, económica y cultural de todos nosotros, los latinoamericanos, produciendo efectos catastróficos, como el pinochetismo, por ejemplo, que repercuten hasta el día de hoy, posibilitando la elección de alguien como Kast, que marca el retorno de la extrema derecha al gobierno, un admirador confeso de un terrible dictador”.
“Volviendo a Bolaño, en su juventud vivió intensamente el sueño de la emancipación de la izquierda en las Américas, que en Chile adquiere representación con la figura de Salvador Allende. Pero también vio y vivió en carne propia la desilusión, la pesadilla, el reverso del sueño, y convivió con las reverberaciones y los ecos perturbadores de las dictaduras y violencias que se abatieron sobre nuestras cabezas en América Latina. Frente a todo el arsenal colonizador — militar, financiero, político, cultural — movilizado por los Estados Unidos sobre las Américas, Bolaño reaccionó a su manera. Vive, a partir de la caída-muerte de Allende, en 1973, el fin del sueño político y el inicio del sueño poético. Comprende, en medio de las dictaduras latinoamericanas, que su ‘arma’ es la poesía, la escritura. Comienza a ver la poesía no solo como una forma de arte, sino como una forma de vida, como una aventura existencial, como una forma de oposición política y subjetiva, de renuncia y de resistencia al mundo de las armas y del capital”.
“Bueno, pero lo que sabemos del Chile de Bolaño es solo a partir de lo que él dejó disperso en sus libros, entrevistas, poemas, conferencias y otros textos; una serie de pistas no siempre confiables y bastante complejas, contradictorias, en relación con ese recorte territorial y cultural que llamamos Chile. Lo que podemos decir es que se trataba de una relación intensa, paradójica y conflictiva, marcada por afectos muy intensos: nostalgia y horror, orgullo y vergüenza, atracción y repulsión en niveles muy concentrados”.

“En ese contexto relacional accidentado con su país de origen, podemos destacar al Bolaño apasionado y devoto del legado de poetas chilenos como Nicanor Parra, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Vicente Huidobro, Gabriela Mistral, además de nombres más contemporáneos como Pedro Lemebel, Lina Meruane, así como al Bolaño implacable, ácido y corrosivo que criticaba violentamente a los novelistas chilenos. Criticaba no solo por su extrema exigencia como lector, sino sobre todo por aquello que calificaba como un desvío ético de quienes se aproximan a la literatura desde un sesgo utilitario, como un medio de obtención y acumulación de capital económico y social, una forma de alcanzar respetabilidad, prestigio, fama, dinero, en detrimento de una búsqueda más fundamental y, para Bolaño, innegociable: la literatura que surge de un pacto existencial con la excelencia poética y artística — lo que para Bolaño, es importante decir, no significaba “escribir bien”, realizar una obra “bien acabada”, etc., sino tener el coraje de mirar lo real, es decir, lo desconocido, el misterio, la muerte; en suma, todo aquello que más nos inquieta y nos asusta”.
-¿Cómo son representados sus difíciles últimos días o últimos años?
En suma, Desierto acompaña a un poeta frente a la muerte, frente a las terribles fuerzas de thanatos, pero afirmando, hasta el final, un vínculo irrenunciable con Eros, con las fuerzas de la creación y de la reinvención de la vida, con aquello que llamamos poesía.
*La obra Desierto se estrena en portugués y con subtítulos. Fechas, hora y lugar: 19 de enero a las 19:00 horas | 20 de enero a las 17:00 horas | 21 de enero a las 19:00, en GAM (Santiago).
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