Ecoturismo en el Valle Central
<P>Al interior de Curacaví, bordeando el estero Puangue, se creó Cerro Viejo, un parque ecológico que cuenta con un centro de investigación que, mediante programas de educación ambiental y actividades <I>outdoors</I>, inculca la importancia biológica y paisajística de uno de los últimos refugios de la vegetación que cubría la cuenca de Santiago. </P>
SUFRIDOS HAN sido los últimos años del estero Puangue. Hasta hace un tiempo, era un verdadero depósito de basuras que dejaban los visitantes. Ni hablar en verano, cuando a los desechos se sumaban diversos focos de incendios.
Mientras esto pasaba, llegó a la zona una empresa minera que, haciendo estudios para explotar posibles yacimientos, levantó toneladas de tierra. Finalmente no se construyó nada, pero los montículos de escombros todavía contaminan visualmente el camino. Luego, vino la sequía, que hasta hoy aqueja a los pocos agricultores de esta zona y al entorno natural, dejando además al estero convertido en un hilo de agua, que espera las primeras lluvias de otoño.
A nadie parecía importarle mucho la frágil situación que venía sufriendo el Puangue, hasta que en 2004, Gastón Montes -empresario de 74 años, ligado a las finanzas y el turismo y propietario de un fundo en la zona- se aburrió de las invasiones que cada fin de semana sufría en su predio. Decenas de personas cruzaban sus cercas para disfrutar del estero, dejándolo muy deteriorado. Y vio en estos problemas una oportunidad de desarrollar un proyecto de educación ambiental y conservación sustentable. Con una propuesta que lleve al visitante no sólo a recrearse, sino también a tomar conciencia de la fragilidad de este recóndito ecosistema.
Fue así como, en un predio de 850 hectáreas que corre junto al Puangue en un tramo de mil metros, nació Cerro Viejo. Complejo ecoturístico abierto todo el año (previo aviso a: oficina@cerroviejo.cl o al cel. 9-8246071) y creado con la menor intervención posible ante un paisaje tapizado por montañas de la Cordillera de la Costa, vegetación y fauna nativas.
Estadía de silencio
El pueblo de Curacaví es el último punto de abastecimiento antes de llegar a Cerro Viejo (a 27 kilómetros).
Luego de 21 kilómetros pavimentados, cruzando parcelas de agrado insertas en valles que comienzan a encajonarse, aparece el ripio que, en seis kilómetros sube y baja laderas, bordeando el estero hasta llegar al centro ecoturístico. El camino fue hecho hace 15 años por los pocos residentes de esta zona y permite conectar a Curacaví con Colliguay, caserío pasado 8 kilómetros de Cerro Viejo.
Más allá de aparecer en la crónica roja en el último tiempo, en Colliguay destaca una vida de tradiciones chilenas, con campesinos amables, viñedos de cepa país y el trabajo textil y artesanal de sus hilanderas, mujeres que han formado un centro comunitario.
Da la bienvenida a Cerro Viejo un profundo silencio. Un mutismo imposible de encontrar en la gran ciudad y del que podrá disfrutar durante toda la estadía.
Si piensa en un paseo por el día, puede acceder a los sitios de picnic ($ 3.500 p.p.). Si quiere pernoctar de manera rústica, existen 22 amplios sitios de camping ($ 15.000 el día para cuatro personas). Ambos servicios se encuentran a pasos del estero y cuentan con baños, luz, agua caliente, lavaplatos, además de un sistema de reciclaje de basura.
Para quien prefiere algo más cómodo, existen dos cabañas para cinco personas cada una. Están equipadas, bien decoradas y con una panorámica vista del lugar ($ 48.000 la noche).
El complejo cuenta también con un restaurante. Eso sí, abre sólo cuando los visitantes avisan con tiempo que quieren contar con este servicio.
Aquí se obtiene miel de abeja casera ($ 4.000 el kilo). Si le interesa, también puede realizar sesiones de apiturismo.
Saliendo a terreno
La educación ambiental que brinda Cerro Viejo pretende generar un estrecho vínculo entre el visitante y la naturaleza. Primero a través de charlas en el Cip (centro de investigación del Puangue), donde guías con experiencia en ecoturismo egresados del Duoc UC explican a familias, estudiantes y grupos de empresas en qué consiste este proyecto y qué podrán observar y recolectar luego al caminar por los senderos del parque.
Uno de estos senderos bordea el estero, que aquí posee la particularidad de tener las aguas más limpias de todo su recorrido (empieza en Colliguay y desemboca en el río Maipo). Este circuito de dos horas visita un humedal donde es posible divisar con binoculares garzas, patos y decenas de aves de montaña como picaflores, perdices, zorzales, lechuzas y águilas.
Otra interesante ruta es Las Pataguas, que en una hora y media permite conocer bosques y quebradas donde brotan napas subterráneas. Por último, Las Lingadas, de cuatro horas, atraviesa el estero, cruza vertientes y se interna por cerros y mesetas rumbo a Colliguay.
En todas estas caminatas es posible encontrarse con zorros, conejos y culebras, además de variadas especies de la flora representativa del valle central, zona que históricamente se ha mezclado con especies introducidas. Aquí, en cambio, el boldo, litre, espino, romero, maitén y arbustos como el colliguay se dan copiosamente. A ellos se han agregado 1.500 quillayes, plantados por la administración de Cerro Viejo.
Junto con el trekking, se está trabajando en la posibilidad de conocer la zona mediante cabalgatas y rutas de mountain bike. Iniciativas que pretenden estar funcionando en septiembre próximo. Por esas fechas también estarían operando escaladas por quebradas de este vulnerable rincón natural.
Más información en www.cerroviejo.cl.
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