Paula

La vida (no tan secreta) de las mormonas chilenas

El reality estadounidense 'La vida secreta de las esposas mormonas' abrió la conversación sobre cómo viven las mujeres que pertenecen a esta iglesia, una mirada muchas veces cargada de estereotipos. Justamente para desmitificarlos, las chilenas Scarlett Pontillo y Tatiana Maureira crearon una cuenta en TikTok donde muestran, de forma transparente y honesta, cómo es, en la práctica, vivir su fe en el Chile de hoy. En esta entrevista derriban prejuicios y hablan con soltura de relaciones, infidelidad y anticoncepción.

01.04.2026 Mormonas Foto Pablo Vásquez R Pablo Vásquez R.

El mundo que rodea a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días está más en boga que nunca gracias al reality estadounidense La vida secreta de las esposas mormonas, que se transmite a través de la plataforma de streaming Hulu. Una telerrealidad que sigue las vivencias de un grupo de mujeres mormonas y que ha puesto en el centro de la conversación mainstream a una comunidad históricamente divisiva.

Entre extensiones de pelo, bronceados, dirty sodas, soft swinging, separaciones dramáticas y un episodio de violencia doméstica protagonizado por el rostro más visible del programa, estas esposas han reconfigurado el imaginario tradicional que existía no solo sobre su comunidad, sino también sobre los cientos de mujeres que pertenecen a su iglesia. Pero ¿qué es verdad?, ¿qué es mentira? Y, en realidad, ¿cómo viven las mujeres que siguen esta religión?

Scarlett Pontillo (28) y Tatiana Maureira (30) son dos jóvenes chilenas, miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o, en términos coloquiales, “mormonas”. Pero no usan extensiones, no están bronceadas artificialmente y tampoco visten de manera ultraconservadora ni llevan ornamentos religiosos que delaten su fe. A simple vista, pasan desapercibidas entre cualquier mujer joven que transita por el Mercado Urbano Tobalaba un viernes por la mañana.

No obstante, quienes pasan varias horas al día en TikTok podrían reconocerlas, especialmente a Scarlett, creadora de contenido detrás de la serie de videoblogs titulada “La vida secreta de las mormonas chilenas”. Un espacio que Pontillo, ingeniera civil industrial, ha convertido en una especie de confesionario sobre las verdades y los mitos de su vida como madre, esposa y, sobre todo, como mujer perteneciente a la Iglesia de Jesucristo SUD.

Detrás de esa cuenta, hay una identidad que busca ser comprendida y cuya realidad va mucho más allá de los prejuicios que rodean a una comunidad asociada a la típica imagen del misionero que es rechazado en la puerta, o que a menudo es confundida con otros credos. Es justamente para sacudirse ese imaginario que, antes de entrar en sus historias, resulta necesario dejar de utilizar la palabra que hasta ahora hemos usado para referirnos a los miembros de esta congregación.

Entre los mitos y el no ser “mormonas”

De las primeras cosas que explican Scarlett y Tatiana es que, si hay un error que hemos estado cometiendo colectivamente como sociedad, es el de referirnos a los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días como “mormones”. Y aunque, incluso para ellas, puede resultar agotador mencionar el nombre completo de su congregación, el término correcto es “miembros de la Iglesia de Jesucristo” o “seguidores de la Iglesia de Jesucristo”.

“Mormón fue un profeta del Libro de Mormón… no es un dios en el que creemos. Lo consideramos un profeta, pero la base de nuestra iglesia es Jesucristo. Y si bien no es una ofensa, está mal dicho, porque no somos mormonas”, explican ambas.

El mal uso del nombre es solo un ejemplo del amplio desconocimiento que existe sobre la cofradía fundada por Joseph Smith. Su historia, particularmente en relación con la poligamia, puede a primera vista resonar con el llamado soft swinging que muestra el reality de Hulu. Sin embargo, esa asociación dista mucho de la vida de Scarlett y Tatiana. Para ellas, el matrimonio, la fidelidad y la monogamia son pilares fundamentales y, según sus propias palabras, probablemente “lo más tradicional” de sus vidas. Ambas están casadas desde los 20 y 23 años, respectivamente.

¿Es el matrimonio joven un mandato? No. Al interior de la comunidad se entiende que no todos encuentran a su pareja ideal de forma inmediata y que muchos viven ese proceso más tarde en la vida. Sin embargo, los casos de Scarlett y Tatiana han seguido una vereda más tradicional, aunque con ritmos propios.

Scarlett conoció a su esposo, Martín, en una fiesta de la iglesia y, con el tiempo, comenzaron una relación. Al cumplir un año de noviazgo se comprometieron y, al año siguiente, se casaron. Tatiana, en cambio, conoció a su marido, Orlando, a los 15 años, pero debieron pasar años de amistad, otras relaciones y la misión de él en Ecuador para que sus caminos finalmente se alinearan. Tras un año de relación formal, decidieron comprometerse, y hoy ya cumplen siete años de casados.

Sin embargo, esta realidad no responde a una imposición ciega. Si bien el matrimonio, dentro de su fe, tiene un propósito sagrado y fundamental —por la trascendencia que proyectan para esta unión durante toda la vida, e incluso después de ella—, esa relevancia no lo convierte en un lazo inquebrantable. Contrario a lo que suele creerse, el divorcio es aceptado, como ocurrió en el caso de los padres de Tatiana, lo que muestra que la fe también contempla salidas fuera de sus propias convenciones.

Castidad, infidelidad y anticoncepción

Así como existen ciertas flexibilidades dentro de la tradición, también hay límites y normas claras. En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, sus miembros siguen la llamada “Palabra de Sabiduría”, que establece la abstención de alcohol, drogas y estimulantes como el café; promueve la castidad antes del matrimonio y resguarda los domingos como días de descanso y reflexión.

Para Scarlett, estos lineamientos no se viven como restricciones, sino como compromisos personales. “Más que una prohibición, yo lo veo como una decisión: tú eliges cumplir con ciertas cosas”, explica.

Es, probablemente, la idea de llegar virgen al matrimonio la que, para muchos, resulta más difícil de comprender. Sobre todo en la juventud, una etapa en que el deseo atraviesa gran parte de las dinámicas sociales y donde existe una presión, explícita o implícita, por iniciar la vida sexual. Pero ellas le quitan dramatismo al asunto: “aunque la norma dentro de esta comunidad es clara, la fe no desconoce la fragilidad humana ni la posibilidad de transgredirla”.

“Tú puedes pasar por un proceso de arrepentimiento con tu obispo, que es totalmente privado, y después de eso volver a empezar, porque de eso se trata también la iglesia”, explica Tatiana. A su juicio, aunque se trata de un mandamiento exigente, es más común de lo que se piensa que algunas personas lo incumplan.

01.04.2026 Mormonas Foto Pablo Vásquez R Pablo Vásquez R.

En contraste, la infidelidad es considerada una de las faltas más graves dentro de esta comunidad. Una transgresión que puede derivar incluso en la excomunión y en la necesidad de iniciar nuevamente el camino para ser miembro activo de la iglesia.

Esta mirada se vincula con una concepción del sexo que, además de su dimensión reproductiva, también reconoce su valor como expresión de amor, conexión y disfrute dentro de la pareja. En ese sentido, el uso de métodos anticonceptivos es aceptado: la planificación familiar se entiende como una decisión que combina la voluntad personal con la fe.

“¿Te imaginas tener relaciones solo para tener hijos? Sé que hay gente que lo hace… pero nosotros no queremos eso. También nos podemos divertir… pero con nuestro esposo o esposa”, dice entre risas Scarlett.

Más allá del reality

Una de las críticas que han recibido tanto la serie The Secret Life of Mormon Wives como los videos chilenos es el contraste entre el exceso de drama en la producción estadounidense y su ausencia en la versión local. Scarlett lo entiende, pero aclara que nunca fue ese el objetivo de su contenido.

“Yo creo que, en el fondo, la gente espera que esto sea como un reality. Pero no es así. Lo de la ‘vida secreta’ es más bien una ironía, porque en verdad no hay ningún secreto en lo que comparto, que es gran parte de mi vida”, comenta.

Tatiana coincide. Aunque reconoce que pueden existir otras experiencias más conflictivas, el factor del “secreto” pierde sentido cuando todo se expone en redes sociales. “El contenido que está haciendo Scarlett es justamente para derribar esos mitos que la misma serie está generando”, agrega. “La idea es que se den cuenta de que, en nuestro caso, no hay drama. Hay gente que vive cosas así, pero no es mi realidad”, cierra Pontillo.

Sin embargo, que no haya dramatismo no significa que todo sea simple. La vida dentro de esta Iglesia, como cualquier otra, también implica decisiones, tensiones y momentos de duda que no siempre se ven en pantalla.

Scarlett lo reconoce con honestidad: sería más fácil no ser parte de la iglesia. “Mi vida podría ser mucho más sencilla: quedarme acostada los domingos, no leer escrituras o participar de todo lo que el resto consume. Pero si hago este esfuerzo es porque sé que lo que creo es real. El beneficio de tener esta fe es mucho mayor para mí”, confiesa.

Tatiana también ha atravesado momentos de duda. Al profundizar en la historia de su religión y en la figura de Joseph Smith, se ha encontrado con aspectos difíciles de procesar. El choque entre las formas de pensar actuales y las prácticas del pasado le ha abierto interrogantes profundas. Con el tiempo, dice, entendió que la fe no implica aceptar todo sin cuestionar, sino también reconocer los procesos de cambio dentro de la propia institución.

Esa tensión —entre lo que se cree, lo que se cuestiona y lo que se decide sostener— no es solo personal, sino que también se proyecta en la forma en que viven su fe en el entorno que las rodea.

Ser miembro de esta iglesia en el Chile de hoy implica, muchas veces, ir a contracorriente. Scarlett lo resume así: “Yo creo que todos los que somos miembros, en algún momento, hemos sido esa minoría distinta. No digo que sea necesariamente difícil, pero sí es algo por lo que todos hemos tenido que pasar”.

Lejos del ruido de las redes sociales y del dramatismo televisivo, ambas coinciden en que la fe se vive en lo cotidiano, no en la pantalla. Por eso, Tatiana invita a conocer la iglesia desde sus propias bases y no desde una serie. Scarlett va un paso más allá y lo aterriza en algo simple: “Si quieren entender nuestras creencias y cómo vivimos, vayan un domingo a las 10 de la mañana a su capilla más cercana. Esa es la forma más correcta de entender en qué creemos”.

Al final, el sentido de pertenencia de Scarlett y Tatiana no pasa por una iglesia sin fisuras ni por la versión espectacularizada de la televisión. Tiene que ver con algo más íntimo: la convicción de que las herramientas que reciben para sus familias y su paz mental valen el esfuerzo de ser distintas. Porque, detrás de los filtros y los videos, no hay secretos ni dobles vidas, sino una decisión diaria, valiente y profundamente humana de caminar de la mano de su fe.

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