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Exhiben en Osorno colección de automóviles clásicos

<P>Museo alberga ejemplares estadounidenses Studebaker, además de vehículos de marcas como Dodge y Cadillac.</P>

Desde que era pequeño, los autos fueron una afición para Bernardo Eggers. Nacido en Osorno, en 1942, una de sus principales entretenciones cuando niño era dibujar y recortar los vehículos que aparecían en revistas y folletos: "Era el terror de los negocios de autos, porque siempre les pedía entre dos y tres folletos para juntar". Cuenta que muchos de esos recortes quedaron pegados en maderas, en una colección que conserva hasta hoy.

Los vehículos han formado parte de momentos gratos y de otros trágicos en su vida. Recuerda que cuando tenía 13 años, sus padres -agricultores de la zona- fallecieron en un accidente automovilístico, en el ingreso a Osorno. Ellos conservaban dos modelos Studebaker, una marca estadounidense desaparecida en 1966 y que la industria automotriz catalogaba, durante su auge, como sinónimo de calidad a precio reducido, además de una construcción sencilla, pero con un estilo futurista.

Enmarcado en el recuerdo que generaban esos vehículos, nace en Eggers la dedicación y el cariño por esa marca: "Si admiré un vehículo en mi niñez, fue aquella Studebaker 49 color gris, en la cual aprendí a manejar, sentado en las rodillas de mi padre, de la cual también conservo el folleto original".

Es así como hace 18 años comenzó el museo de ve- hículos clásicos que hoy exhibe un centenar de unidades.

Comprando tres autos y recibiendo la donación de otros seis, Bernardo Eggers junto a su familia decidieron fundar el Auto Museum Moncopulli, que actualmente alberga una de las mayores colecciones de Studebaker fuera de Estados Unidos, con más de 46 modelos del año 1930 a 1965.

"Curiosamente, fuimos descubriendo que era una marca muy querida", explica su fundador. Sin embargo, la exhibición cuenta con un total de 100 autos conservados o refaccionados -53 de ellos entregados sin costos-, que incluyen otras marcas como Ford, Dodge, Mercedes Benz, Cadillac, Chevrolet y Volvo, de 1920 y hasta 1968.

"Yo no soy tan dueño del museo", reflexiona Eggers, agregando que "uno pasa a ser cuidador de un patrimonio, sobre todo si se recolectan cosas que no tienen un valor de venta".

El museo, además, alberga otros objetos, como máquinas de escribir y fotográficas de colección, un tractor y artículos de hogar.

Según relata Sabine Eggers, gerente comercial del museo, "lo que nos mantiene en pie son los donativos, las entradas y el apoyo familiar. El resto es mucho amor al arte", considerando que, en total, el 90% corresponde a donaciones.

Moncopulli, que ya lleva 18 años funcionando, recibe diariamente cerca de 100 personas, en temporada alta.

"Vimos este museo en una guía de viaje. Es absolutamente recomendable, porque no es fácil encontrar este tipo de colecciones tan bien conservadas y mantenidas", comenta Verónica Reyes, visitante del museo.

Para marzo, sostienen, esperan la inauguración del segundo salón de automóviles, que albergará 18 vehículos, de los cuales el 99,3% corresponde a donaciones.

Eggers cuenta que además de coleccionar automóviles, se ha dedicado a la fotografía. Producto de esta afición ha logrado títulos nacionales e internacionales.

Su tema favorito, dice, "aquellos queridos autos americanos".

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