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Exposición revive a los pintores bohemios del Centenario

<P>De orígenes obreros y campesinos, a principios del siglo XX introdujeron la imagen del roto y la vida pueblerina en la pintura chilena. Conocidos como "la generación trágica", Neruda los llamó la "heroica capitanía de pintores".</P>

Durante el Centenario de la República se erige el edificio del Museo de Bellas Artes y las clases populares llegan por primera vez a la academia, a la nueva Escuela de Bellas Artes que también se crea en el Parque Forestal. Ese grupo de pintores de principios del siglo XX fue llamado la "generación trágica", por el destino desafortunado de algunos de ellos, o la "generación del 13". Pablo Neruda los denominó "heroica capitanía de pintores".

En 1910, Chile sufre cambios, tiene aspiraciones como país, consolida instituciones e inaugura edificios, pero por otro lado, se mantiene gran parte de la población en la miseria. "Casi todos los pintores de esa generación son de clase media o clase media baja, provenientes de sectores rurales, campesinos, obreros o muy marginales. Son los miserables que llegan al arte", dice Patricio Muñoz Zárate, curador de la exposición la Generación del Centenario que se inaugura el 21 de abril en el Museo de Bellas Artes, compuesta por 133 obras provenientes de la Pinacoteca de Concepción. "Se produce una especie de apertura en el ambiente académico que no existía. Antes era muy oligárquico y sólo las grandes familias tenían acceso".

Fue una generación bohemia y taciturna, con muchos escritores y poetas cercanos, como Neruda, quien frecuentaba la Escuela de Bellas Artes y compartía con ellos. Era un grupo de provincianos que se reunían en tabernas a departir.

"Mantienen en la ciudad las costumbres pueblerinas y el compadrazgo de la fiesta criolla. Instalan en la pintura el criollismo y el costumbrismo, la imagen popular del pobretón y el roto, algo que en lo contemporáneo podría definirse como lo flaite. De ahí viene esa imagen bohemia del arte chileno, esa idea trágica del artista que está presente hasta hoy", sentencia Muñoz Zárate.

La migración campo-ciudad marca a este grupo de pintores y sus cuadros que rompen con lo académico. Los retratos de Ezequiel Plaza, por ejemplo, corresponden a gente pueblerina y rostros mestizos, sin el abolengo europeo de artistas del siglo XIX, como Raymond Monvoisin, Juan Mauricio Rugendas o José Gil de Castro. Consecuencia de su vida bohemia, Plaza enfermó del hígado. Fue internado en un hospital del cual arrancó sin ser dado de alta, pero pudo continuar con vida un par de años más. Otros pintores del Centenario fueron Arturo Gordon y Pedro Luna, artista que vive casi en la miseria. "En la factura de las obras de Luna se aprecia que vive el día a día en una condición social precaria", describe Muñoz Zárate. "Luna pintó muchas escenas rurales, pequeños poblados y también algunas casas urbanas. Reflejó al Chile aún provinciano y su proceso de transición hacia lo urbano. Esta generación captó muy bien el entorno social de su época, se sensibilizó frente a lo cotidiano".

Sólo uno de estos pintores del Centenario entró en la exposición inaugural del Museo de Bellas Artes realizada el 21 de septiembre de 1910: Ezequiel Plaza. Incluso debía recibir la medalla al primer lugar por su cuadro El pintor bohemio, pero el español Fernando Alvarez de Sotomayor, su profesor y miembro del jurado, prefirió no entregársela para que no cayera como una lápida sobre la promisoria carrera del joven y brillante artista.

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