La sensata objetividad...
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ASÍ COMO la publicidad está claramente separada de los textos informativos, de manera que sea fácil distinguir entre esos contenidos, también la información periodística debe estar diferenciada de la opinión. Al menos tres o cuatro cartas de lectores indican en los últimos días una supuesta confusión en algunos reportajes, en los que no podían establecer con claridad qué era información y qué opinión. Los corresponsales sostienen que las fuentes no siempre se identifican con precisión. Enrique Vélez, que es uno de ellos, y lector "en papel" (las cremillas son suyas), indica que "el torbellino informativo de estas semanas ha ido creando un ambiente de confusión sobre lo que es propiamente noticia y lo que es opinión". Y, pregunta: "¿dónde queda la sensata objetividad del diario?"
El trabajo periodístico que se realiza en La Tercera demanda de reporteros y editores un sincero esfuerzo profesional por reflejar los hechos con honestidad, fidelidad y claridad. Aunque los lectores no aportan ejemplos concretos que les generaran confusión, la "sensata objetividad" que reclama Enrique Vélez, se manifiesta en la presentación del texto, que hace inaceptable la mezcla o la insuficiente separación entre lo que constituye información propiamente tal y lo que es opinión de terceros. La norma figura en los estándares editoriales de La Tercera, que también disponen que los periodistas y editores no deben emitir opiniones propias en los contenidos, salvo que ello se realice a través de columnas identificadas en esa calidad o en notas editoriales.
¡Sendo problema!
Escribe el lector Andrés Falcone: "En la edición del día domingo 5 de junio descubrí 'sendos errores de redacción'. Primero, la bajada de una noticia (en página 22) señala que 'desconocidos se robaron $ 4 millones'. Creo que el pronombre 'se' es superfluo pues el sujeto de la oración se menciona: ¿quién iba a robar ese dinero si no los mismos desconocidos ya indicados?
Su observación es correcta. "Desconocidos robaron $ 4 millones" era suficiente.
Y, agrega: "el segundo error está en la nota que hace referencia a la carrera política de Keiko Fujimori. Allí se sostiene que su padre renunció a la presidencia 'en medio de un sendo escándalo de corrupción'. La palabra 'sendo' ni siquiera aparece en el diccionario".
Esta segunda observación es incorrecta, porque "sendo" está registrado como americanismo en el diccionario para indicar que algo es importante o esencial. A modo de ejemplo, "él tiene un sendo problema". "Sendos", en plural, tiene un sentido distributivo y significa " uno para cada cual, de un par o de un grupo de objetos, individuos o hechos".
El problema lo originaron jóvenes que impusieron los adjetivos “sendo y senda” con un valor ponderativo, es decir, para expresar asombro o admiración: “¡Senda nave la que se gasta Fulano!”. Es frecuente que la creación de palabras, cuando ocurre entre la juventud, reciba la condena de los mayores. Hay una tendencia conservadora que considera execrable toda novedad en el lenguaje. La Fundación del Español Urgente sostiene que no todo lo que se inventa en materia lingüística es aceptable, pero muchas veces es válido, y constituye una forma de enriquecimiento del idioma.
Ricardo Hepp
Representante del Lector
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