Manejo de la información sobre accidente en Juan Fernández
<P>Es positivo que la Fach haya reconocido sus errores comunicacionales y se muestre dispuesta a evitar que se repitan en el futuro.</P>
LAS REVELACIONES acerca de la manera en que la Fuerza Aérea llevó a cabo una serie de procedimientos relativos a la mantención del avión Casa 212 y al vuelo en que éste se accidentó en septiembre del año pasado, provocando la muerte de 21 personas, pusieron a esta rama de las Fuerzas Armadas en una incómoda posición ante la opinión pública. En esto tuvo mucho que ver el deficiente manejo de la información que hizo la Fach, el que dejó al descubierto una estrategia comunicacional que no se mostró a la altura de las exigencias de transparencia y celeridad que hoy demanda la población de las instituciones.
Ante una solicitud realizada por este diario invocando la Ley para la Transparencia, con el objetivo de conocer aspectos relativos a la mantención de la aeronave siniestrada, la Fach negó el acceso a la información, aduciendo que estaba cubierta bajo secreto militar. Esta negativa despertó críticas incluso desde el Ministerio de Defensa, cuyo titular finalmente se comprometió a que la Fuerza Aérea haría públicos los antecedentes requeridos, cuestión que ocurrió días más tarde. Más adelante se conoció que el avión había despegado con un leve exceso de peso (165 kilos) desde Santiago y también que una de sus alas presentaba una pequeña trizadura que había sido recubierta con pintura.
Con excepción del dato acerca del sobrepeso, todos los antecedentes relativos a la mantención y al vuelo habían sido entregados al ministro en visita a cargo de la investigación del accidente, en cumplimiento de la obligación legal que tiene la Fach de colaborar con la justicia en el esclarecimiento de las razones que motivaron un siniestro entre cuyas víctimas se encontraban conocidas figuras públicas y que provocó enorme conmoción ciudadana.
Sin embargo, la institución no exhibió similar diligencia para entregar información significativa acerca de lo ocurrido con el Casa 212 ni con el vuelo en el que éste capotó. Así, por ejemplo, un dato relevante, como el hecho de que todo indique que quien pilotaba la nave no era la teniente a cargo del mismo, sino su copiloto, fue conocido gracias a la labor de los medios y no por información oficial originalmente emanada desde la Fach. De la misma forma, aunque es muy probable que ninguno de los antecedentes que han salido a la luz en los últimos días sean útiles para explicar por qué cayó al mar el avión en Juan Fernández, la actitud asumida por la Fach en la entrega de los mismos ha terminado generando dudas en la opinión pública. La institución quedó situada en la incómoda posición de tener que dar explicaciones y reaccionar ante una crisis que forzó el pase a retiro de su séptima antigüedad y obligó, el martes, al comandante en jefe a comparecer durante tres horas ante la Comisión de Defensa de la Cámara de Diputados.
Es muy positivo que en esa instancia el general Jorge Rojas haya reconocido la responsabilidad de la Fach en provocar confusión en la opinión pública, al señalar que no manejaron la información con claridad suficiente, y que también haya mostrado el propósito de evitar que situaciones parecidas vuelvan a repetirse. La Fuerza Aérea también sufrió pérdidas dolorosas en el accidente de Juan Fernández, por lo que sin duda entiende y comparte la necesidad de la ciudadanía de conocer los aspectos relativos a una tragedia que enlutó al país entero.
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