Morir sobre el tablero
<P>Estrés y una condición coronaria anterior explicarían la muerte de dos ajedrecistas en Noruega.</P>
La final de la Olimpiada de Ajedrez, en Tromso, Noruega, fue empañada por la muerte súbita de dos jugadores el pasado fin de semana. Una extraña coincidencia, dicen los médicos, que da cuenta de que la tensión a la que están sometidos los jugadores de elite no es muy distinta a la de otros deportistas.
Kurt Meier (67), representante de las islas Seychelles, colapsó en una partida y se desplomó sobre el tablero. Falleció de un paro cardíaco. Horas más tarde, Alisher Anarkulov (46), de Uzbekistán, murió en su hotel. Según la policía, ambos decesos fueron por "causas naturales".
En el torneo organizado por la Federación Internacional de Ajedrez (Fide), los participantes pasan 15 días enfrentándose con sólo un par de días de descanso y jugando hasta siete horas diarias.
David Dorón, cardiólogo de Clínica Las Condes, explica que si bien es inusual que dos ajedrecistas mueran, su condición profesional hace la diferencia. "Estos jugadores están sometidos a una alta carga de estrés. Es un deporte que a ese nivel es de altísima competencia, los jugadores están sometidos tanto a estrés físico como mental", indica. Explica que hasta cierto punto, el estrés es necesario, pero "pacientes en situaciones de altísimo estrés pueden sufrir de infarto con o sin una enfermedad coronaria".
El cardiólogo de la Clínica Santa María, Pablo Pedreros, agrega que el estrés en cualquier tipo de competencia aumenta el estado adrenérgico (activación de adrenalina), sube la frecuencia cardíaca y la presión arterial, independiente de si hay actividad física."Si ese deportista tiene mal estado físico o mala preparación tiene mayor probabilidad de un evento cardiovascular", dice.
Lo mismo señala Luis Vergara, médico internista de la Red Salud UC-Christus. "Suponiendo que la causa del paro cardiorespiratorio es el infarto, éste se produce cuando no llega suficiente sangre oxigenada al corazón. Cualquier condición que haga que el corazón necesite más oxígeno, sea ejercicio, estrés o una droga, requiere más sangre al corazón y si tiene una arteria dañada previamente no va a ser capaz de recibir la que necesita", explica.
El estrés libera adrenalina y otras sustancias que hacen que el corazón lata más rápido, trabaje más y ello provoca el infarto. "Equivale a hacer ejercicio de alta intensidad", dice. Para Pedreros, incluso, oradores se ponen tan nerviosos que se infartan en pleno discurso. "No es el evento, están enfermos previamente", asegura.
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