Diario Impreso

Viaje al mundo del doctor Hopp

<P>Llegó a Chile en barco en 1961; a su padre biológico no lo conoció e ingresó a estudiar Medicina a la UC presentando estudios falsos en California. El doctor era la mano derecha de Schäfer, ayudó a falsear su identidad y suministraba psicotrópicos a los colonos. Esta semana se fugó del país. Aquí su historia.</P>

En marzo de 1973, Hartmut Hopp tenía 29 años y fue admitido para ingresar directamente a estudiar el tercer año de Medicina en la Universidad Católica. Se trataba de un ingreso especial, un traslado interno a la casa de estudios desde la prestigiosa Universidad de California. Hopp empezó sus clases sin problemas, pese a que nunca pasó por las aulas del recinto estadounidense: asistía al San Joaquín Delta College, una suerte de instituto ubicado en en Stockton, un pequeño pueblo a 134 kilómetros de San Francisco. El college impartía carreras técnicas del área de la salud, como Enfermería, Radiología y Fonoaudiología, pero no Medicina.

El 2 de enero de 1978 Hopp obtuvo su licenciatura en Medicina en la UC y se convirtió en el primer colono con un título universitario otorgado en Chile. Nunca se especializó y comenzó a ejercer inmediatamente.

El doctor había llegado a Chile en barco en 1961, con la mayoría de los colonos alemanes. Lo hizo junto a su madre, su abuela, cuatro hermanos y su padrastro. A su padre biológico nunca lo conoció: murió en combate el mismo año que él nació, 1944. Hopp no era ni del grupo de los adultos traumados por la guerra ni el del de sus hijos pequeños, inconscientes de lo que ocurría. Tenía 17 años y rápidamente pasó a formar parte de la elite de la Colonia Dignidad, de los que se preocupaban por mantener a los disidentes a raya. Era obediente y considerado como el más brillante de su generación.

Cuarenta y nueve años después, con una docena de procesos judiciales a cuestas y una estadía de cinco meses en la cárcel en 2005, Hopp decidió evadir la justicia, al igual que lo había hecho su líder, Paul Schäfer en 1996, cuando escapó hacia Argentina.

Schäfer tenía fascinación por la medicina. Sus amigos chilenos le decían "Doctor Schäfer", aunque nunca se supo con certeza si había sido enfermero durante la Segunda Guerra Mundial, como se dijo durante años. Apenas pudo construyó un hospital en Villa Baviera, el más moderno de la zona, y necesitaba doctores para manejarlo. El elegido fue Hopp.

Según la mayoría de los testimonios de quienes lo conocieron, Schäfer era hipocondríaco. Había perdido un ojo y sufrido una herida de escopeta en un pulmón. Pero el alemán también tenía otra serie de dolencias, las que están documentadas en la ficha médica del Hospital de Villa Baviera.

Hopp era su médico y, como tal, se involucró en un desconocido episodio para suplantar la identidad de Schäfer. Al líder de Colonia Dignidad le gustaba jugar a las escondidas: desaparecía por largos períodos, hacía creer que estaba muerto o mandaba "dobles" a lugares públicos para que se pensara que estaba en otras ciudades o países. No tenía causas judiciales vigentes en su contra, pero en julio de 1991 decidió una secreta "operación": duplicar su ficha médica, borrar sus iniciales y reemplazarlas por las de "WLW". Así, desde esa fecha y hasta 1996, Hopp emitió decenas de órdenes de exámenes de laboratorio a nombre de Walter Laube Wendland, un colono de la misma edad de Schäfer, cuya identidad usó el alemán para atenderse en Santiago. Las clínicas Las Condes, Alemana, Santa María, el Centro Radiológico Flemming y el Hospital Clínico de la UC le enviaron al doctor decenas de resultados con los exámenes realizados.

Al interior de Villa Baviera, Hopp era el encargado de mantener el "control químico" de los colonos. En 2005, un equipo de periodistas del programa Contacto grabó la farmacia del hospital y comprobó la abundante existencia de psicotrópicos, pese a ser un centro que no atendía público en esa época. En la lista estaba la Tioridazina, un neuroléptico; Amitriptilina, antidepresivo, y Meleril, usado en el tratamiento de desórdenes psicóticos. Tras esta denuncia, el Servicio de Salud del Maule incautó más de tres mil dosis del antiepiléptico Fenobarbital y se descubrió que en 1999 habían llegado a tener más de 10 mil dósis. La pregunta era entonces: ¿Tantos colonos tenían epilepsia?

Al enfrentar las primeras voces disidentes, Schäfer tuvo que desarrollar nuevas técnicas, que luego se convertirían en método, para quebrar la voluntad de los colonos en Villa Baviera. Comenzó con amenazas, luego con golpes y después los encierros prolongados como castigo. Cuando construyeron el hospital sometieron a los más rebeldes a electroshocks y acudieron a las drogas. Todos los días los colonos iban en fila a recibir sus medicinas. Ni siquiera preguntaban para qué las tomaban: no tenían voluntad para oponerse. Estaban dopados y así trabajaban 13 horas diarias sin recibir sueldo. Sólo unos pocos se mantenían lúcidos. Los que ostentaban una relación de dominio frente al resto, que podían entrar y salir con libertad del enclave alemán, manejaban el dinero y tenían los contactos con el exterior. De ellos, sólo uno podía adquirir y administrar los medicamentos. Era entonces el más poderoso: Hartmut Hopp.

Andreas Schmidtke salió de la colonia hace siete años. Se casó, pero no ha podido tener hijos. Tampoco ha podido mantener un trabajo estable ni establecerse ni en Chile o Alemania. Se desconcentra fácilmente y es irascible. Le empezaron a dar drogas cuando era un niño.

"Cuando tenía como seis o siete años las pastillas me dieron alergia, rojo bajo los pies, fui al hospital, me dejaron acostado y en la noche yo transpiré harto, todo mojado. Yo decía qué pasó, después sacaron las pastillas, pero no terminaron con ellas, empezaron con nuevas pastillas. Me probaron como conejo parece, me probaban con nuevas pastillas, entonces me mareaba, me daba dolor de cabeza. Tenía que trabajar así, y un día tenía harto dolor de cabeza, me acosté en el piso. Yo pensé qué pasó conmigo ahora, tengo que morir, me llevaron al hospital de nuevo, me encerraron en la pieza igual por las pastillas. De nuevo una semana más, me dejaron en libertad, pero siguieron las pastillas igual. Yo tomé hasta siete pastillas por día.

Recién cuando cumplió 18 años se le ocurrió que las pastillas eran lo que le hacía mal y fue al hospital para pedir que se las suspendieran. "Un día fui al doctor Hopp, pero él no quería que dejara las pastillas", señala.

¿Qué decía?

Usted está bien, yo también tomo pastillas. Usted está bien, está sano. Para qué quiere terminar con las pastillas.

¿Por qué le daban las pastillas?

Eso todavía no lo sé. Ahora me doy cuenta, yo estoy loco, creo, porque no me daba cuenta qué era lo que Schäfer estaba haciendo conmigo o con la gente que no habla de este asunto.

Cuántos de los problemas de salud y de conducta que tienen hoy varios colonos, a causa de secuelas de las drogas que les dieron, aún no se ha investigado.

La ex colona Ingrid Szurgerlies recuerda que por más de 30 años, todos los días, le daban a tomar una pastilla. Le habían dicho que tenía epilepsia y que era parte del tratamiento.

¿Quién era el responsable de las drogas que se daban y que se compraban en el hospital?

Doctor Hopp y la Dorothea Whitmann, su esposa. Ellos administraban la compra de remedios.

El uso de drogas y sus efectos en los colonos continuó incluso cuando Schäfer ya había escapado de Villa Baviera. Hopp entonces era el vocero y líder sin contrapeso.

Ni las parejas ni tampoco los matrimonios estaban permitidos por Schäfer. En paralelo, al separar a las familias de sus hijos, se acabaron los nacimientos en Villa Baviera. El jerarca sentía atracción por los menores. Entonces comenzaron las adopciones: al menos 17 niños chilenos llegaron a la colonia. La mayoría de las veces eran en circunstancias poco claras y con madres que firmaban papeles que no entendían. También estaban los padres que decían haber dejado a sus hijos para un tratamiento en el hospital y que nunca más supieron de ellos.

Un ejemplo es Michael, el niño que adoptó Hopp.

A mediados de los 70, el doctor se casó con Dorothea Whitmann, 10 años mayor que él. Nunca vivieron juntos ni tuvieron hijos, pero por estar casados podían adoptar niños chilenos.

Diez años después, Sonia Godoy, campesina de San Fabián de Alico, analfabeta y madre soltera de cinco niños, llegó hasta el hospital de Villa Baviera pidiendo ayuda para su hijo de seis meses que estaba enfermo. El menor quedó hospitalizado. Pasó el tiempo y los colonos le comenzaron a explicar que el niño tenía una enfermedad muy grave y que, por este motivo, no lo podían dar de alta. En 1988 le dijeron a Godoy que tenían que trasladar al menor a Santiago para hacerle exámenes, y que ella tenía que firmar unos papeles para autorizar la tuición.

La mujer asegura que firmó los documentos sin saber que estaba entregando a su hijo en adopción a Hopp y su esposa.

Michael nunca vivió con la pareja alemana. Dorothea trabajaba y dormía en el hospital. Hopp habitaba una pieza continua a la de Schäfer. El menor creció con los otros niños chilenos que vivían en el "Internado Intensivo" de la villa.

Cuando en 1996 se conocieron las primeras denuncias sobre los abusos a los que eran sometidos estos niños, varios testimonios aseguraron que Michael, entonces de 13 años, era otra de las víctimas. Al iniciarse una causa judicial, Hopp viajó fuera de Chile con su esposa y el menor, quien regresó al país en 2002, ya era mayor de edad. Cuando Hopp regresó, ocupó el dormitorio que había sido de Schäfer y se concentró en la estrategia para enfrentar a la justicia, administrar el dinero que tenían en el extranjero y, como se ha conocido ahora, preparar los detalles de su propia fuga.

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