Editorial

El duro balance de 40 días de guerra

Tras el anuncio de cese el fuego, el Presidente Trump proclamó una “victoria militar con mayúscula” en Irán. Sin embargo, ninguno de los objetivos anunciados al inicio de la guerra se consiguió, y el solo hecho de que el régimen siga en pie ya es un triunfo para Teherán.

La tregua de dos semanas alcanzada entre Estados Unidos e Irán, horas antes de que venciera el ultimátum fijado por el Presidente Donald Trump -que había amenazado con hacer “desaparecer toda una civilización”- ha demostrado transitar en estos días por una frágil cornisa que no asegura un fin definitivo al conflicto. La falta de acuerdo en las conversaciones entre Washington y Teherán en Pakistán el sábado pasado -el primer encuentro directo entre las partes desde 1979-, puso en suspenso las posibilidades de avanzar por esa vía y dejó claras las posiciones encontradas entre ambas partes. Mientras el vicepresidente de Estados Unidos JD Vance aseguró que Irán “había decidido no aceptar los términos propuestos”, el representante de Teherán acusó a Washington de haber sido “incapaz de ganar la confianza de la delegación iraní”. Paralelamente, Donald Trump lanzó una nueva advertencia a Irán.

Pero más allá de la posibilidad de que esas conversaciones puedan retomarse, lo sucedido este fin de semana deja claro que el cese al fuego no solo no garantiza que el conflicto pueda reactivarse, sino que deja un escenario más incierto en la región y en el mundo. Si bien el Presidente Trump anunció una “victoria militar con mayúscula”, lo cierto es que los hechos, junto con revelar que la tregua es inestable, también dan cuenta de que los objetivos anunciados al iniciar las acciones militares contra el régimen de los ayatolas en febrero pasado, no se lograron. Si bien el líder supremo Alí Jamenei fue eliminado en las primeras horas de la guerra, la promesa de un cambio de régimen y de una neutralización completa de la capacidad militar iraní están lejos de haberse conseguido. Por más debilitado que se encuentre tras el conflicto, el régimen sigue controlando el poder en Irán.

El Presidente Trump ha insistido que el nuevo liderazgo iraní es más dialogante; sin embargo, expertos en las dinámicas de poder al interior del régimen de los ayatolas, como Ali Vaez, director del proyecto Irán del International Crisis Group, sostienen todo lo contrario. Según Vaez, el actual liderazgo militar que controla el país no solo es más radical, sino menos averso al riesgo. Ello instala interrogantes sobre el camino que podrían tomar a futuro. El solo hecho que tras más de un mes de conflicto con la mayor potencia militar del planeta el sistema siga en pie en Irán, es un triunfo para el régimen. Además, como apuntaba la revista británica The Economist, si bien los aliados regionales de Irán fueron neutralizados por Israel, Teherán encontró en el estrecho de Ormuz una nueva llave de presión.

Tanto para los iraníes como para Trump perseverar en el conflicto solo traería más costos que beneficios. Para los primeros, la ya debilitada economía del país debe afrontar ahora los altos costos de recuperarse tras el conflicto, mientras que para el segundo, prolongar la guerra aumentaría los riesgos de enajenar a su base de apoyo y sufrir una severa derrota en las elecciones de medio término en noviembre próximo. Pero si bien los incentivos parecen estar puestos en alcanzar un acuerdo, las señales dadas hasta ahora no solo por Teherán y Washington sino también por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, lejos de favorecer un clima de conciliación, alimentan la tensión.

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