Arturo Vidal: el Rey que partió cobrando su sueldo en comida para su familia

La historia de carencias y necesidades del nuevo astro del Barcelona.


“Me quiero salir de la pensión. No quiero tener privilegios sobre mi familia”. Arturo Vidal, el mismo astro que acaparó la atención mundial al firmar en el Barcelona y que cobrará nueve millones de euros por año en la Ciudad Condal, el broche de oro para carrera que ya lo consolidó económicamente, está parado frente a la asistente social que disponía Colo Colo para atender a sus juveniles y le plantea la singular petición. El Rey aún no era rey. Más bien, recién despuntaba en las series juveniles de los albos. Eso sí, en Macul ya había certeza de que se trataba de un jugador distinto, proyectable y exportable. Su actitud frente a la funcionaria dejó las últimas dos convicciones. Se trataba de un jugador de fuerte carácter y que privilegiaba a su núcleo íntimo por sobre todo.

Colo Colo activó inmediatamente un plan para que la nueva joya del club estuviera cómoda. De hecho, su presencia en la Casa Alba ya constituía una excepción: era el único jugador residente en Santiago que recibía el beneficio. Sin embargo, Vidal sufría. La incertidumbre respecto de que su madre o hermanos no pudieran comer lo motivaba a pedir el cambio.

Luis Baquedano, gerente del área formativa del club popular en la época, relata la estrategia que adoptaron para satisfacer su petición, pero, fundamentalmente, para atenuar sus necesidades. “Elevé el caso al directorio de Blanco y Negro y Raimundo Valenzuela, entonces director, se preocupó personalmente de él. Se le arregló la casa y las primeras ayudas fueron en mercadería, para que ni a él ni a su familia les faltara comida. Después, se le realizó un contrato. De esa cantidad, se le descontaba una cifra a modo de préstamo por los arreglos que se realizaron en su hogar. En realidad, ese dinero se le fue aumentando, pero la idea era que Arturo no sintiera que se le estaba haciendo un regalo. Ya sabíamos que su personalidad era distinta”, revela el exdirectivo. Otro dirigente de la época desestima que se le hubiesen realizado descuentos, pero aporta otro dato decidor: “En su casa no había vidrios en las ventanas, sino plásticos. Faltaban muchas cosas”.

Paralelamente, Claudio Borghi, quien dirigía al primer equipo, ya estaba enterado de las virtudes, pero también de las carencias que tenía Vidal. El Bichi puso de su parte y comenzó a sumar al promisorio juvenil a las concentraciones del plantel popular en Santiago. Los objetivos eran dos: que el emergente futbolista comenzara a adaptarse a la rutina de un futbolista profesional y que, principalmente, recibiera todos los beneficios que implica estar en el primer equipo del Cacique. “En las concentraciones se come bien, se duerme bien. Eso era lo que buscábamos”, comenta otro directivo de la época, que prefiere el anonimato.

Con informes técnicos que hablaban de un jugador de excepción y sociológicos que seguían advirtiendo de sus urgencias, el plan siguió en marcha. “Hay mérito de nuestra parte también. Nos jugamos una apuesta con el chico. Borghi también opinaba que iba a tener una carrera fuerte. Todo resultó para él, pero partió con una estrategia solidaria. Un gesto que correspondía”, resalta Baquedano.

La ejecución de las mejoras en la casa de Vidal estuvo a cargo de la constructora de Valenzuela, quien se encargó de acompañar personalmente a Vidal para que comprar lo que necesitara para amoblar su nuevo hogar. El club también envió a algunos de sus funcionarios para que ayudaran en las faenas, En Macul, el Negro, como lo apodaban ya era considerado una joya. Había que cuidarla. La corona de Rey llegaría apenas unos años después.

 

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