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Cómo impulsar la creatividad y aplicarla en distintos ámbitos de nuestras vidas, según Trini Guzmán

La artista visual acaba de publicar La creatividad te busca a ti (Editorial Planeta, 2026), libro que invita a reconectar con el acto de crear como una condición esencial de lo humano, más allá del arte. Acá, profundiza en los límites que nos imponemos y en cómo materializar ideas y proyectos.

Cómo impulsar la creatividad y aplicarla en distintos ámbitos de nuestras vidas, según Trini Guzmán Sebastian Utreras

A principios de este año, en medio de una calurosa tarde de verano, Trini Guzmán se encontraba en su departamento en Santiago, repasando los párrafos que había escrito para lo que, meses después, sería su nuevo libro.

Todas las ventanas estaban abiertas, cuando de repente, en un acto inesperado, entró una libélula. Era la primera vez que veía una en su hogar.

La libélula entró y salió en reiteradas ocasiones del departamento, hasta que finalmente, se quedó parada en una cortina.

Aquello despertó la atención de Guzmán. Sorprendida por la repentina visita, buscó información sobre estos seres vivos.

Descubrió que la vida de las libélulas inicia en el agua: las hembras ponen sus huevos bajo la superficie, estos eclosionan y viven su primera etapa de vida (la acuática) respirando a través de branquias.

Luego, cuando la larva está lista para comenzar su metamorfosis, se expone al aire y empieza a respirar. Después de completar su transformación interna, su piel se abre y emerge la libélula adulta, como las que usualmente conocemos.

Tras mantenerse por unos momentos en la cortina, la libélula se fue del departamento, con la misma rapidez con la que había llegado.

Para Guzmán, fue un momento mágico, una suerte de mensaje, uno directamente relacionado a la temática de su libro.

Creo que hay una metamorfosis que está dispuesta a ocurrir cuando entramos en nuestros procesos creativos y nos relacionamos de una manera más consciente con la creatividad. Cuando estaba escribiendo, no sabía muy bien cómo ponerle palabras a lo que sentía y justó entró la libélula”, relata a La Tercera.

“Quizás siempre pensamos que somos como estos seres, que viven primero en el agua, pero no sabemos que también tenemos la capacidad de volar cuando entramos en contacto con el aire”.

“Se presentó como una analogía muy bonita, para entender que podemos experimentar un tipo de metamorfosis en el momento en que nos ponemos en contacto con nuestro poder creativo o tenemos el coraje de entrar en un proceso creativo. Es increíble la cantidad de resistencias que nos ponemos, sobre todo cuando queremos desarrollar un proyecto”.

La destaca artista visual acaba de publicar La creatividad te busca a ti: un camino hacia el encuentro con nuestro poder creativo (Editorial Planeta, 2026), libro que invita a reconectar con la creatividad como una condición esencial de lo humano, más allá del arte.

En sus páginas, aborda cómo enfrentar los bloqueos creativos; la relación entre la creatividad, la autoestima y el bienestar; y comparte herramientas prácticas que pueden aplicarse en distintos contextos y áreas.

La creatividad va más allá de disciplinas artísticas como dibujar, pintar o tocar un instrumento musical, sostiene la autora. Más bien, está presente en nuestro entorno, en cómo nos relacionamos y en las decisiones que tomamos.

En esa entrevista, profundiza en los límites que nos imponemos y en cómo materializar ideas y proyectos en diferentes ámbitos.

La creatividad te busca a ti es su segundo libro, tras la publicación de La revolución del bordado (Editorial Planeta, 2017).

Cómo impulsar la creatividad y aplicarla en distintos ámbitos de nuestras vidas, según Trini Guzmán Cortesía

Al inicio de La creatividad te busca a ti relatas que el libro tiene su origen en cuando comenzaste a hacer clases de bordado en 2016. Un año más tarde hiciste tu primera publicación editorial. ¿Qué nuevas reflexiones tuviste en el periodo de casi una década que pasó entre el lanzamiento de ambos libros?

—Fue un camino súper interesante para mí. Cuando empecé a hacer clases de bordado, surgieron cosas muy inesperadas. Empezó a llegar mucha gente a mis clases y todas eran muy distintas. En su mayoría eran mujeres, pero también había hombres. Tenían edades, estudios y experiencias diferentes. También venían de diversas ciudades y países.

Lo que más me llamó la atención es que, si bien mi idea inicial era empezar clases de bordado, finalmente se transformaron en clases de creatividad a través del bordado, con los relatos y experiencias que las personas traían. El bordado era el medio, pero en realidad, todo se trataba más de cómo nos conectamos con esa creatividad.

La gran mayoría de las personas siempre iniciaba su presentación diciendo: “Yo no soy creativa” o “yo no me relaciono con la creatividad”. Usualmente hacían un gesto con la mano, como de separación.

Con el tiempo me empezó a perturbar muchísimo que tantas personas dijeran lo mismo. Entonces, comencé a parar más las antenas en relación a eso y lo trabajamos muchísimo en las clases.

En La revolución del bordado lo abordé de una manera muy introductoria. Sin embargo, en los años posteriores, cuando me volví a dedicar a los murales y a hacer diseños para marcas y organizaciones, me llamó la atención que volvieran a aparecer estos comentarios. Nuevamente, de personas de todo tipo de áreas diferentes.

Ya ni siquiera era en el contexto de clases, sino en cualquier instancia. Era una conversación muy recurrente.

Ahí me pregunté: “¿En qué momento se genera esta fractura en la que empezamos a pensar que no somos seres creativos?”.

Yo entiendo la creatividad como inherente al ser humano. No solamente tiene que ver con pintar, bordar, hacer cerámica o dibujar, sino que en todo momento estamos creando en relación a nuestro entorno.

Es vital en nuestras relaciones, en la crianza, en cómo resolvemos problemas, en cómo nos enfrentamos a un desafío, en cómo salimos de una situación que nos aqueja. Todo esto requiere de nuestra creatividad para poder prosperar cuando estamos en momentos adversos.

Cuando me hice esa pregunta, la entendí como una investigación personal. Y observé también mi propia experiencia al momento de crear, cuando surgen todas las inseguridades, los miedos, el pensar: “Hay muchas personas más preparadas que yo para hacer lo que quiero hacer”.

Me cuestioné cómo todas esas dudas nos afectan en nuestra relación con la creatividad.

En un minuto eso llevó a que empezara a escribir el libro. Consideré que era un asunto urgente, sobre todo con el surgimiento tan potente de la inteligencia artificial (IA) y esta percepción colectiva de que va a tomar nuestras actividades y vamos a quedar obsoletos como seres humanos.

Por lo menos para mí, la creatividad es nuestra llave. Es súper importante, más que nunca, que podamos empoderarnos con nuestra creatividad y confiar en nuestro poder creativo. Es un proceso humano, y eso la IA nunca lo va a poder reemplazar.

Son cosas que pueden coexistir. La tecnología es maravillosa y entrega un montón de beneficios y avances.

¿Cuáles dirías que son los principales errores que cometemos al pensar en la creatividad?

—Más que errores, pueden ser confusiones, porque no creo tengamos culpa en eso, sino que hay una construcción cultural con respecto a la creatividad. Por ejemplo, que es para los “talentosos” o los “virtuosos”, o que solo algunas personas “nacen artistas”. Una gran confusión es pensar que la creatividad es solo para personas “con talento”, que “nacieron así”.

La creatividad atraviesa todas las facetas de nuestras vidas, no solamente cuando nos dedicamos al arte. Todos tenemos la capacidad y la habilidad de seguir desarrollándola. En el momento en que entendemos que es parte de nuestra propia humanidad, es mucho más fácil conectar con ella y permitir que se expanda.

Muchas veces pasa que en nuestros relatos nos bloqueamos de inmediato. En el libro también está la sugerencia de que podamos observar mejor cómo nos hablamos a nosotros mismos y desde ahí formular nuestros relatos.

Cuando hacemos una sentencia tan tajante —como decir “no soy creativo”— de inmediato nos bloqueamos. Es difícil que pienses que eres un ser creativo si ya estás haciendo esa condena.

Creo que si observamos cuando estamos pensando ese tipo de frases, podemos detenerlas antes y reformularlas. Por ejemplo: “No me he sentido creativo hasta ahora, pero puedo intentarlo…”

Se trata de acercarnos de una forma más amable a lo que nos contamos y a lo que decimos a los demás.

Cómo impulsar la creatividad y aplicarla en distintos ámbitos de nuestras vidas, según Trini Guzmán Sebastian Utreras

En el libro relatas que, cuando surgieron tus intenciones de bordar, partiste con los elementos que tenías en tu casa. Cuentas que no tenías conocimientos previos sobre cómo hacerlo y que tus primeras puntadas fueron bruscas, pero que seguiste haciéndolo para ver qué ocurría. ¿Por qué es importante experimentar con nuestra creatividad y no esperar a que se den supuestas “condiciones perfectas” para materializar una idea?

—Tiene mucha relación con el miedo que sentimos, el “no estar lo suficientemente preparado”. Pero al final, estar preparado es decidir: “Lo voy a hacer y voy a ver qué pasa en el proceso”. Sino, nunca se estaría lo suficientemente preparado.

Eso me pasó en el momento en que me puse a bordar. Me dije: “Voy a empezar, con los materiales que tengo a disposición en este momento. Nadie me va a evaluar, así que partiré ahora”.

Años después, cuando decidí hacer este nuevo libro, pensé con un enorme entusiasmo: “Tengo muchísimo que decir respecto a la creatividad, he observado un montón de cosas. La manera en que la experimento me llena de ilusión de poder escribir”.

Así estuve hasta que me senté a escribir. Ahí pensé: “¿En qué momento se me ocurrió presentar este proyecto? Quizás debería leer un libro más, buscar más referentes, revisar lo que dicen más autores”.

Es increíble cómo podemos entrar en un loop sin fin, buscando y recopilando información para sentirnos más preparados, cuando en el fondo se puede dar un primer paso y experimentar el proceso: “No manejo todas las variables, pero esto es lo que sé hasta ahora y esto es lo que puedo hacer con lo que tengo en mis manos”.

Uno de los elementos más lindos que me enseñó aquello y que observo hoy en día, es que como seres humanos no podemos saltarnos los procesos.

Hoy con la IA, con la inmediatez que nos ofrece la tecnología y las redes sociales, queremos todo de inmediato. Pero hay un enorme valor en todo lo que pasa en nuestro proceso. Nos puede llevar en distintas direcciones, muchas veces inesperadas. Podemos dar vueltas en direcciones que quizás nunca antes imaginamos.

Creo que hay algo muy valioso en el proceso creativo, más que en el resultado que queremos alcanzar. No hemos hablado lo suficiente de los procesos, de cómo entramos en ellos, cómo los vivimos y qué información nos traen, porque estamos muy obsesionados con el resultado final y con que, en el fondo, se nos retribuya de una manera inmediata todo lo que queremos hacer.

Hay que vivirlos, escarbarlos, entrar en ellos. Pueden traer muchísimo bienestar para nosotros y para compartir con nuestro entorno.

Muchas veces tendemos a infravalorar nuestras ideas, porque sentimos que no son lo suficientemente originales. ¿Qué podemos considerar para evitar que esto frene la materialización de un proyecto?

—Hay un misterio que nunca terminamos de entender en toda su amplitud, que nos conecta a cada uno de nosotros como seres humanos. Hay algo espiritual y divino en cada una de las ideas que nos visitan, que se nos ocurren, y que de alguna forma nos conectan con unas personas y no con otras. Son conexiones muy mágicas y es muy lindo cómo se retroalimentan.

Es muy difícil que una idea sea pura y prístina, y no tenga influencia de nada más. Lo lógico es que una idea esté influenciada por todo lo que nos hace ser nosotros. La influencia cultural, de la generación en la que hemos nacido. Todo está lleno de influencias.

Siento que es muy importante honrar esas influencias. No tiene nada de malo. En el fondo, esa idea pasa a través de ti como si fueras un canal y desde ahí se transforma y tiene algo nuevo que entregar.

La creatividad es esa energía que quiere entrar en cada uno de nosotros para seguir desplegándose y multiplicándose, porque esa es su naturaleza. Y cuando la frenamos, dice: “Ok, aquí no pasa nada. Entro en otra persona y lo interpretará de otra manera”.

Es vital que cada uno de nosotros se atreva a crear honrando sus referencias, no negándolas, porque son muy valiosas.

A mí también me pasó cuando decidí escribir sobre creatividad. Me pregunté quién más había escrito sobre este tema, y cuando me puse a leer a otros autores, con algunos conecté y con otros no.

Con los que conecté, hubo momentos en los que me emocioné hasta las lágrimas. Por ejemplo, cuando leí El acto de crear (Diana, 2024) de Rick Rubin, pensé: “No puedo creerlo. Está poniéndole palabras a lo que yo había sentido, y que se sentía tan descabellado que no había sido capaz de externalizarlo”.

Cuando uno encuentra esos referentes que han logrado ponerle palabras, que han tenido más experiencia, es súper emocionante. Es una manera también de encontrar evidencia de sentimientos y sensaciones que a veces no caben en las palabras o habilidades propias, y eso es valiosísimo.

Más que pensar en que nuestro trabajo tiene que ser completamente original, lo primero es honrar a esos referentes. Lo segundo es cómo lo interpreto y qué versión sale a través de mí.

Cómo impulsar la creatividad y aplicarla en distintos ámbitos de nuestras vidas, según Trini Guzmán. Foto: referencial.

¿Cómo el proceso creativo y las distintas formas en que lo manifestamos influyen en nuestro bienestar y autoestima?

—Lo observo en los niños. Yo tengo una hija de ocho años. Desde que era muy chiquitita se ponía a crear, rayar, pintar, sin ninguna preocupación sobre si lo que hacía estaba bien o mal.

Cuando somos niños esa es una parte crucial de nuestro aprendizaje, porque nos empezamos a relacionar con nuestro entorno de una forma muy creativa, a través de nuestros bailes, disfrazándonos, usando una caja pensando que es una nave espacial.

Hay un elemento completamente creativo en cómo tratamos de entender este planeta cuando somos niños. No estamos pendientes de si un dibujo es bonito o feo, o de si le va a gustar a los demás. Estamos completamente inmersos en la experiencia de crear para poder entender dónde estamos.

Después, cuando vamos creciendo, ponemos foco en si le gustó a otras personas. Comenzamos a tener esta noción de que hay otros que evalúan nuestro desempeño. Nos relacionamos con el entorno de una manera en la que hay que mediar, lo cual no creo que sea malo, pero como sociedad tenemos que ir balanceando y equilibrando.

Es muy peligroso cuando eso nos limita y pensamos, por ejemplo: “Esta persona canta bien y yo lo hago mal. Por lo tanto, no debo cantar”.

Ahí se genera esta confusión, el “otras personas pueden hacerlo y yo no”.

Generalmente, hay miedo por experiencias pasadas o eventos traumáticos, o comentarios muy feos que nos dijeron en una etapa de nuestras vidas y que nos marcaron. Y quizás no sabemos cómo salir de ese juicio, que nos ha ido alejando de intentar. Queda alojado dentro de nosotros, en nuestro cuerpo y nuestras emociones, escondido en un rincón.

No lo procesamos, pero de alguna manera, impide que nos podamos acercar, por ejemplo, al dibujo, a la pintura o al ámbito que sea.

Por eso es tan importante que podamos observar cómo nos sentimos cuando queremos hacer algo y no podemos hacerlo. Debemos abordar qué está pasando y qué podemos hacer al respecto.

Se aprende mucho en el camino. El hecho de atreverse es crucial para poder ir desenredando esta maraña de emociones que de repente van quedando desde que somos niños o adolescentes. Vamos guardando sin darnos cuenta.

Para mí, el libro era una conversación importante de tener, sin necesariamente tenerla 100% resuelta. Al escribirlo, mi intención no era presentar una fórmula para la creatividad, sino reconocer las mismas limitaciones que yo sentía y abordar qué ejercicios podemos hacer para salir de ahí en menor tiempo. Son pequeñas técnicas que se pueden ir incorporando para que te hagan más fácil y llevadero el proceso creativo.

¿Qué recomendaciones darías para impulsar nuestra creatividad y materializarla en proyectos, independiente del área?

—Me funciona mucho pensar que estoy haciendo una investigación. Para mí, esa palabra es muy liberadora y me parece casi mágica, porque en el momento en que entendemos el proceso como una investigación, nos estamos dando el permiso de probar, de saber que podemos confirmar una hipótesis o no.

Nos abrimos un poco a que pueden aparecer diferentes resultados, que si bien pueden ser esperables, también pueden ser completamente diferentes.

Cuando se entiende como una investigación, una exploración o un experimento, estás dándote la posibilidad de crear y ver qué pasa en el camino.

Es vital tomar acción. Cuando nos quedamos solamente pensando, con la idea dando vueltas, y no ejecutamos de ninguna manera, no tiene cómo desenredarse esa información ni cómo entrar en el campo físico.

Hay que darse la oportunidad de aprender, entender, ver que hay cosas que van a resultar y otras que no. De repente vas por un camino y descubres algo nuevo, y eso te dio pie para entrar en otro territorio. Hay que guiarnos por nuestra curiosidad e intuición.

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