Por Fernando FuentesBrian Winter: “En Perú la población trata a la política como un show mediático que no tiene importancia en su vida”
El editor en jefe de la revista Americas Quarterly analiza el complejo escenario político en el país sudamericano, que este domingo celebra su primera vuelta presidencial. En entrevista con La Tercera, Winter también entrega su diagnóstico sobre el resto de la región, incluido Chile.

Analista experimentado de la política latinoamericana, con más de 25 años siguiendo los altibajos de la región, el editor en jefe de la revista estadounidense Americas Quarterly, Brian Winter, estuvo esta semana en Chile, en una visita que repite al menos una vez al año, dice a La Tercera.
Graduado de la Universidad de Texas, Winter vivió una década en Brasil, Argentina y México como periodista de Reuters antes de incorporarse a Americas Society y al Council of the Americas en Nueva York, donde también es vicepresidente de políticas.
Foreign Affairs lo ha descrito como “uno de los mejores cronistas y analistas” de la región, y GloboNews como “el mejor experto extranjero en Brasil del momento”. Coautor, junto con Fernando Henrique Cardoso, del libro de memorias El presidente accidental de Brasil, a fines de 2026 lanzará The Ugliest City You’ll Ever Love (La ciudad más fea que amarás por siempre).
En medio de su apretada agenda en Santiago, Winter conversó con este medio para entregar su análisis del actual escenario político en América Latina, con la llegada al poder de José Antonio Kast en Chile, el giro a la derecha de la región, las cruciales elecciones de este año en Perú, Colombia y Brasil, además de las crisis en Venezuela y Cuba, entre otros temas.
Su visita a Chile coincide con el primer mes de gobierno de Kast. ¿Qué sensación se lleva de esta visita y del escenario político?
De un país que está buscando cierta normalidad después de más de seis años de turbulencia y que tiene una chance ahora para reequilibrarse un poco. Pero está todo muy incierto, porque es un país que ya ha sufrido las consecuencias de la guerra con Irán, de la inestabilidad en el mundo, más que cualquier otro país de América Latina, porque importa más del 98% de su petróleo. Así que está mucho más vulnerable que otros países de la región como Brasil, México y Colombia. Pero igual, es un país que tiene muchas chances, con un empresariado bastante optimista y también que está en sintonía con el movimiento ideológico del resto de América Latina. Y eso abre posibilidades no solo en la diplomacia, sino en el comercio y la integración de infraestructura.
Usted habló de turbulencias, ¿es una crítica al gobierno de Boric o en general al escenario político?
Bueno, por un lado, la izquierda chilena acaba de perder una elección por 16 puntos. Ahora entra en una fase de reflexión, análisis y posiblemente nuevas agendas. Pero, por otro lado, hay que reconocer que la sociedad chilena ha cambiado radicalmente de opinión tres o cuatro veces en los últimos años. Era un desafío para cualquier gobierno. Hablemos con claridad, el presidente Boric fue elegido en el 2021 para hacer un gran cambio y ya a los pocos meses los chilenos decidieron parar el cambio y después hubo otro revés muy difícil para toda la clase política, no se trata de una sola figura. Pero ahora que ha pasado el tiempo, uno escucha una cierta ansia de parte de la sociedad chilena de volver a una cierta normalidad. El presidente Kast fue elegido con un mandato muy claro, desafíos muy grandes, especialmente el de seguridad, que no le será nada fácil. No ha sido fácil para ningún gobierno de América Latina en estos tiempos. Pero todavía con muchas posibilidades de tener éxito.

¿Le sorprendió el triunfo de Kast? ¿Lo ve como un representante de la extrema derecha?
Yo personalmente dudo sobre si ese término es adecuado en este caso. El discurso que dio el presidente Kast la noche de su victoria, cuando reconoce su triunfo sobre su rival, lo hace con mucha generosidad y aparentemente mucha sinceridad. O sea, parecía que hablaba de corazón. Esa no es una actitud de la llamada extrema derecha. No son palabras que uno escucharía de la boca de algunos otros líderes de esa corriente. Es difícil en la política siempre tener ese tono y yo sé que ha habido otros momentos cuando tal vez no hablaba con el mismo tono. Pero también yo señalaría la relación que ha construido con el presidente Lula. Una relación institucional entre países que son muy importantes a nivel regional. Y no es algo que se pueda tomar como si fuera algo automático, porque uno mira la región, uno mira América Latina y tenemos un presidente que ha llamado al otro de Hitler y otro que ha llamado al otro de asesino comunista, un momento de relaciones prácticamente congeladas entre México y Ecuador, para sólo citar unos ejemplos.
Yo creo que hay que celebrar a esos líderes que puedan construir lazos con gente y con otros gobiernos que piensen diferente. Sebastián Piñera también tuvo esa tradición. Vivimos en tiempos muy polarizados donde a veces los premios van para los líderes que sólo hablan con su base y con sus pares ideológicos, pero hasta ahora el gobierno Kast ha mostrado un compromiso para tener un espíritu más republicano y tiene una importancia que llega mucho más allá de lo simbólico. Gobiernos que se insultan entre sí generalmente no comparten inteligencia, por ejemplo. En un momento donde todos los países de la región enfrentan la amenaza del crimen organizado, donde en muchos casos son los mismos grupos, los mismos carteles, hay que compartir esas informaciones. Eso comienza con la relación entre esas dos personas que son los presidentes. Pasa lo mismo con la construcción de infraestructura, de más lazos comerciales.
A propósito de Lula, ¿piensa que fue un error de Kast no apoyar la candidatura de Michelle Bachelet a la secretaría general de la ONU, considerando que su postulación cuenta con el respaldo de Brasil y México? ¿Podría tener un impacto en las relaciones con esos países?
En la práctica yo no sé si tendrá tanto impacto esa decisión, porque uno entiende que el gobierno de Trump probablemente no toleraría a la presidenta Bachelet como secretaria general. No se han pronunciado sobre esa cuestión, pero uno entiende que van a apoyar a otros candidatos, tal vez Rafael Grossi que sería el candidato de Javier Milei, que también tiene una gran proyección como jefe de la agencia nuclear de la ONU. Así que sé que fue una decisión que generó cierto malestar en otras capitales y también obviamente un impacto doméstico en Chile, pero creo que el efecto práctico sería probablemente casi nulo.

El triunfo de Kast se suma al de otros líderes de derecha en la región. ¿Cree que este fenómeno responde al tradicional péndulo político o eventualmente puede convertirse en un ciclo de mayor duración?
Hay factores fundamentales que sugieren que pueda tener mayor duración. El desafío del crimen organizado es real y estructural. A veces es retratado como la percepción del crimen. Uno escucha a veces ese lenguaje, especialmente por parte de líderes de la izquierda. Yo creo que eso es un error. La producción de la cocaína en los últimos 10 años ha crecido más de tres veces.
Pero también son líderes que tienen que entregar resultados en seguridad, en crecimiento económico, en el gran tema del momento que es el costo de vida. Y si lo consiguen, creo que tienen chances de ser reelectos y podríamos estar ante un ciclo parecido a la marea rosa que vimos en los años 2000. Yo creo que esta es una fase que podría tener semejante duración e impacto, pero no hay duda de que los presidentes tendrán que entregar resultados.
¿Y cómo ve la situación en Venezuela, donde tras la captura de Nicolás Maduro, ahora EE.UU. reabrió su embajada en Caracas y levantó las sanciones contra Delcy Rodríguez? ¿La transición está en riesgo?
Es una incógnita. Venezuela es muy imprevisible y digo eso con humildad. Yo no esperaba la operación militar del 3 de enero que resultó en la captura de Nicolás Maduro. Yo no creía que Donald Trump colocara en riesgo la vida de tropas americanas por la causa venezolana. Mucho menos esperaba la continuación de Delcy Rodríguez en la presidencia y no sólo Delcy, sino todo el resto del aparato que fue responsable de la debacle económica, de la tortura y arrestos masivos de opositores en años anteriores. Muchos piensan que Delcy Rodríguez y su grupo están tratando de estirar los plazos, comprar tiempo para sobrevivir en el poder. Al mismo tiempo, uno comienza a ver el ritmo del cambio y preguntarse si hay gente en el régimen chavista, Delcy Rodríguez entre ellos, que entiendan por lo menos algo de la economía de mercado. Pero es muy difícil de analizar inclusive para el gobierno americano, donde hay discordancia dentro del mismo equipo de Trump sobre Delcy Rodríguez y sus motivos.

¿Cree que la guerra contra Irán sacó del radar de Trump a Cuba, que parecía ser el próximo objetivo después de Venezuela?
No creo que la estrategia con Cuba haya cambiado. La pregunta abierta es qué forma tomaría ese cambio. Si buscarán un modelo parecido con lo que hicieron en Venezuela, dejando la estructura en su lugar para no generar una fuga masiva de personas y para evitar un colapso todavía más drástico de la economía cubana que ya prácticamente ha colapsado. Estamos hablando de un país que ya perdió una quinta parte de su población en los últimos cinco años. Ha sido una crisis tremenda y sin igual en la larga historia de crisis en Cuba.
Este domingo Perú enfrenta la primera vuelta presidencial marcada por la fragmentación política, una cuarta candidatura de Keiko Fujimori y el retorno de la bicameralidad del Congreso. ¿Cómo lo ve?
Estuve en Perú ahora en marzo y vi un país casi separado de la política. Es impresionante. No hay nada igual en América Latina. Un país muy distante, una población muy distante de la política que lo trata como un show mediático que no tiene importancia en su vida. Es curioso, porque también a pesar de la crisis permanente de tener ocho presidentes en 10 años, es una de las economías más dinámicas de América Latina. La inversión está creciendo tal vez un 10% este año. Y son empresarios domésticos que están apostando en el país. Eso refleja la solidez de algunas instituciones, especialmente el Banco Central, donde su presidente Julio Velarde está presente en el poder hace más de 20 años. Muchos hablan de construirle una estatua por haber evitado el colapso económico durante estos tiempos tan inciertos.
Pero ningún país puede durar con esa realidad para siempre. Es un país que también tiene grandes desafíos. Más del 70% del país en la informalidad. El crecimiento de la minería ilegal, que ahora aparentemente supera la minería formal y que podría estar creciendo no un 2,5% como está actualmente, sino el 5%, 6% o 7%, dada la demanda que hay para sus minerales y otras exportaciones. Así que es un país que en el contexto regional, en la foto, no está muy mal, pero sin duda necesita un liderazgo más organizado para realmente avanzar y poder crear un cambio social. Algunos hablan de ese regreso a un sistema bicameral como la solución para, por lo menos, evitar un impeachment tan impulsivo como hemos visto a lo largo de los últimos 10 años, donde de un día para otro te despiertas y de repente el presidente peruano ya no está, pero mucho dependerá de quién sea elegido. Y con 35 candidatos todo es posible.

Keiko Fujimori aparece liderando las encuestas. ¿La ve realmente como una opción de gobierno?
Por lo menos, la expectativa entre la clase política que escuché en Perú, es que si Fujimori llega a una segunda vuelta, nuevamente, por tercera vez consecutiva, el candidato o candidata favorecida será el otro. O sea, fue la dinámica que nos dio a Pedro Pablo Kuczynski y también a Pedro Castillo. Impresionante. Es la única política que aglutina tanta fuerza como para siempre llegar a la segunda vuelta. Y lo curioso también es que entiendo que la resistencia a Keiko Fujimori no pasa tanto por la historia del padre ya, sino una resistencia muy personal a ella. Pero veremos. Es un país donde todo parece posible y no descartaría por completo la posibilidad de que ella gane.
En Colombia, el izquierdista Iván Cepeda, heredero del presidente Gustavo Petro, aparece como favorito para las elecciones de mayo. ¿Es una tendencia irreversible?
Es un país que está cambiando diariamente, donde hace seis meses todos esperaban que la derecha ganara. Por los mismos motivos que venimos hablando, preocupación por la seguridad, por la corrupción, una cierta insatisfacción con Gustavo Petro. Pero ahí parece que cambió significativamente la dinámica con el aumento del 23% en el salario mínimo que hizo Petro, que es una medida que puede producir estragos de mediano plazo, pero que por ahora obviamente ha agradado mucho a la población, en uno de los países más desiguales de América Latina, y la popularidad de Petro ha crecido 10 puntos. Iván Cepeda, su candidato, ha aprovechado esa onda de popularidad. Y hay divisiones en la derecha. Así que uno daría cierto favoritismo todavía a la derecha en esta elección, pero por una margen muy estrecho. Y a mí me parece que de las tres elecciones este año en América Latina, la de Colombia es la que tiene los caminos más divergentes y los stakes más altos.

En Brasil, las encuestas ya sitúan a Flávio Bolsonaro en empate técnico con Lula de cara a las elecciones de octubre. ¿Ve en riesgo la reelección del actual presidente?
Cuando Jair Bolsonaro, preso en el momento, en diciembre, hizo saber su intención de apoyar a Flávio, su hijo senador, como candidato, gran parte del establishment político y mediático en Brasil se rio y dijo que con esa decisión Lula ya había ganado la elección. ¿Por qué? Porque a Flávio lo percibieron con dos vulnerabilidades. La primera es la falta de carisma comparado con el padre y con sus hermanos, que es real. Y segundo, por cierto involucramiento en casos de corrupción, especialmente cuando era diputado de la Asamblea Legislativa de Río de Janeiro.
Pero ¿qué pasó? Se equivocaron. ¿Por qué? Porque es cierto que a Flávio le falta cierto carisma, pero esa falta de carisma está siendo interpretada por algunos brasileños como una opción más segura que el propio padre. O sea, ayuda a la imagen de Flavio como el Bolsonaro más moderado, el Bolsonaro más seguro, que tal vez no entraría en el mismo ritmo de crisis y choques que tuvo el padre durante la pandemia y con otras cuestiones durante su mandato. Y segundo, si bien es cierto que la imagen de Flávio Bolsonaro es asociada con esos escándalos, la irrupción en los últimos meses de un nuevo escándalo, un banco pequeño, el Banco Master, que tiene lazos con gran parte de la élite brasileña, hace que los supuestos pecados de Flávio parezcan pequeños al lado de esa crisis.
Así que, y de hecho, cada vez que la corrupción reaparece como un gran tema en Brasil, sea justo o no, Lula sufre. Y digo eso porque sería justo reconocer que Lula no ha sido implicado en este caso. Es un caso que ha salpicado a casi todos. Pero mi punto es que el regreso de la corrupción como gran tema que está en el noticiario de forma permanente, en la práctica, perjudica a Lula.
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