Nacional

Tres horas bajo asedio: el tormentoso paso de Lincolao por la Universidad Austral

Testigos relatan cómo la secretaria de Estado permaneció resguardada en un auditorio mientras aumentaba la tensión con manifestantes. Desde La Moneda los subsecretarios Máximo Pavez y Andrés Jouannet monitorearon el grave incidente.

JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

Como invitados de la inauguración del año académico de la casa de estudios y ante la ausencia de personal de Carabineros, los funcionarios ya descritos terminaron tomando la iniciativa para sacar de la universidad a una secretaria de Estado que, según testigos de la escena, se encontraba en shock.

Sin buscarlo, tres funcionarios de la seremi de Ciencia de la Macrozona Sur; el jefe regional de la PDI; y un subjefe de la Gobernación Marítima de la Armada, adquirieron este miércoles un inusitado protagonismo en la evacuación de la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, tras la agresión sufrida en una de las sedes de Valdivia de la Universidad Austral.

Y es que durante cerca de tres horas la ministra Lincolao permaneció atrapada en la institución junto a parte de su equipo, donde también estaba el propio rector Egon Montecinos y gente que lo acompañaba a él, tras una manifestación que escaló rápidamente desde consignas políticas a violencia directa. El episodio, según reconstruyen testigos de los hechos, dejó en evidencia un cuadro de descoordinación interna en materia de seguridad y una situación que la propia autoridad no anticipó como riesgosa.

La jornada había comenzado con normalidad. La ministra ingresó al Aula Magna poco antes del mediodía, tras recorrer dependencias del campus sin mayores inconvenientes. En el ambiente sí se advertían carteles y consignas de carácter político, pero de acuerdo a los relatos recogidos el escenario no parecía, en ese momento, fuera de control. A más de 800 kilómetros, en La Moneda comenzaron a circular los primeros antecedentes de lo que ocurría en el campus Isla Teja. Según distintas versiones recogidas en Palacio, incluso antes de que la ministra iniciara su charla se levantó una advertencia sobre la presencia de manifestaciones al interior de la universidad.

Pero en Valdivia, acompañada por autoridades universitarias, equipos regionales y representantes institucionales, Lincolao inició su intervención en un contexto que consideraba, hasta ahí, seguro.

Ese diagnóstico cambió abruptamente. Según se lee en la querella presentada por el gobierno, cuando la presentación de la ministra llegaba a su fin, en primera instancia los manifestantes intentaron acceder por una vía lateral, situación que fue controlada por funcionarios de la universidad. Y que finalizada la presentación de Lincolao, ella, a quien le habían recomendado abandonar el lugar ante el deterioro de las condiciones en el exterior, intentó hacerlo, lo que fue imposible dado el volumen de manifestantes y su distribución en las distintas puertas.

Y es que un grupo no menor logró ingresar al recinto por accesos laterales que sólo se abren desde adentro, elevando la tensión en el auditorio. El rector intentó un primer intercambio con ellos, sin éxito.

Según los testimonios, la ministra también optó inicialmente por una salida dialogante. Su disposición a conversar con los manifestantes marcó los primeros minutos del incidente, incluso accediendo a sostener un intercambio directo con alumnos. Tras este primer acercamiento, buena parte de los casi 200 estudiantes que habían bloqueado las salidas laterales -no así el acceso principal- simplemente se fueron.

Esa primera conversación derivó en recriminaciones que excedían el ámbito de su cartera y no logró descomprimir del todo el ambiente, porque algunos estudiantes se quedaron en el lugar y grupos más radicales de universitarios, según detallan diversas fuentes, ya había subido el tono de sus consignas. Ellos, según la querella del Ejecutivo, vestían capuchas y portaban diversos elementos amenazantes.

Atacan a ministra Lincolao en Valdivia

A medida que la situación se tornaba más hostil, el resguardo de la autoridad se volvió prioritario. Testigos aseguran que, ante el ingreso masivo de manifestantes al recinto, Lincolao fue protegida en una zona baja del escenario por funcionarios de la PDI que acompañaban al director regional de la institución, prefecto José Miguel Cea, que sólo estaba en el lugar como invitado y terminó adquiriendo un rol preponderante. Allí permaneció resguardada detrás de una tarima junto a parte de su equipo, el rector Montecinos y acompañantes de la autoridad universitaria.

Desde allí siguió el desarrollo de los hechos, mientras se evaluaban alternativas para evacuarla.

Monitoreo y evacuación

Cerca de las 14.00 en La Moneda ya se manejaban antecedentes más claros sobre la magnitud del episodio. Los primeros en tomar conocimiento formal de la situación fueron autoridades de Interior y Seguridad, entre ellos el subsecretario Máximo Pavez y el subsecretario Andrés Jouannet. Minutos más tarde comenzaron a circular los primeros registros audiovisuales que rápidamente comenzaron a viralizarse y que daban cuenta del nivel de violencia dentro del campus universitario.

En esos minutos, la secretaria de Estado no mantuvo contacto directo con personeros de Palacio. Mientras permanecía al interior del recinto, testigos reseñan que la ministra estaba visiblemente afectada y concentrada en intentar manejar la situación, por lo que dar aviso a La Moneda no estuvo dentro de sus prioridades en ese momento. Así, las coordinaciones se canalizaron a través de su jefa de gabinete, Camila Skewes, quien tomó contacto con el Ministerio del Interior para informar en tiempo real.

En Valdivia, en tanto, Vicky Carrasco, la delegada presidencial que también era parte de la actividad, posterior a esta tenía un comité policial y una pauta de prensa, lo que la hizo irse antes del lugar sin mayores complicaciones, lo que contrastó con la situación de la ministra, quien permaneció en el recinto por un periodo prolongado. Algunas fuentes señalan que Carrasco conminó a Lincolao a irse juntas, pero ella declinó porque quería irse “por las buenas”, sin escándalo.

En ese afán y mediado por la máxima autoridad universitaria, quien había salido cuatro veces a tratar de calmar a los alumnos, la secretaria de Estado accedió a conversar con tres representantes de los estudiantes, entre ellas Daniela Carvajal, vocera de la coordinadora de la Facultad de Filosofía y Humanidades. El compromiso, según Montecinos, era que tras ello la dejarían salir sin inconvenientes. Tras hablar de sus inquietudes, la ministra reforzó la idea de irse, ya que “encerrada no podía atender sus demandas”, según relatan testigos. Esas mismas personas vieron cuando Lincolao fue objeto de empujones y lanzamiento de objetos, en un contexto de alta confusión.

Las versiones sobre por qué la policía no actuó son diversas y mientras fuentes de Carabineros insisten en que no los dejaron entrar, desde la universidad han negado esta información. “Nunca estuvo en nuestra intención llamar a Carabineros porque queríamos resolver esto dialogando. Y así fue planteado y acordado con los estudiantes. Lamentablemente, ese acuerdo no se respetó”, dijo en Radio Biobío el rector Montecinos, donde también señaló que había efectivos en las inmediaciones de la institución, sin despejar la duda de por qué no ingresaron en casi 3 horas de conflicto.

En lo que diversas fuentes sí concuerdan es que fue el jefe regional de la PDI el que adquirió un rol protagónico para finalmente sacar a la ministra de la universidad, ante la falta de accionar tanto de la seguridad privada de la casa de estudios, como de carabineros. “Ante la situación, el prefecto José Miguel Cea coordinó el abandono del lugar, velando por la seguridad de la señora ministra”, se lee, de hecho, en la querella del gobierno.

JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

Al poco andar, Lincolao fue blanco de empujones, gritos e insultos, arrojándole agua y objetos contundentes. Ante esto no lo quedó más que correr hacia el vehículo que trasladaba al funcionario de la Armada -el que se encontraba más cerca de donde ella estaba- que cerca de las 14.45 horas partió de manera abrupta, a toda velocidad y con una puerta abierta. Fue la propia ministra quien la cerró.

La contención en La Moneda

Recién una vez logró salir del campus se produjo el contacto directo con el Presidente Kast. Según fuentes de gobierno, el Mandatario la llamó por teléfono para conocer de primera fuente lo ocurrido y monitorear su estado.

En medio de eso era trasladada a dependencias de la Policía de Investigaciones, donde pudo resguardarse tras el episodio. Para entonces, el impacto en ella del incidente ya era evidente, según relatan testigos de las horas posteriores. Ahí ya se había percatado de las lesiones en su cabeza y brazo derivadas de las agresiones.

En las horas siguientes, Lincolao suspendió completamente su agenda pública. De acuerdo a su entorno, se encontraba en estado de shock tras una experiencia calificada como inesperada y de alta violencia, especialmente considerando que su visita tenía un foco académico y de promoción científica.

Ese mismo día, ya en Santiago, participó en una reunión con el Presidente, además de un encuentro con las ministras del gabinete. Según asistentes, la instancia estuvo marcada por gestos de contención personal hacia la secretaria de Estado. En ese contexto, la Primera Dama, María Pía Adriasola, tuvo un rol directo en su asistencia inmediata, aplicándole hielo en las manos como medida de alivio tras las lesiones menores sufridas durante el incidente.

Mientras avanzan las indagatorias para esclarecer responsabilidades, el caso de Lincolao se instala como uno de los incidentes más delicados que ha enfrentado en terreno últimamente algún ministro.

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