50 años de la tragedia naval que remeció a la Armada

En agosto de 1965, un total de 52 marinos murieron y solo un puñado logró sobrevivir en la costa de Purranque. La conmoción que provocó en la sociedad de la época, sólo se puede comparar con el caso Antuco para el Ejército.

Andrés Vidal de la Jara, periodista del diario Crónica de Concepción, junto a su colega del diario El Sur, Darío Rojas Morales, fueron los dos únicos reporteros que pudieron llegar por tierra hasta la Bahía San Pedro, Purranque, en la Región de Los Lagos, para cubrir la tragedia del buque Janequeo de la Armada, ocurrida el 15 de agosto de 1965, hace 50 años. 

Para cumplir con su misión, a la que sumaron al fotógrafo Hernán Bernales Palma, el reportero cuenta a La Tercera que fue necesario engañar al chofer de la única camioneta repartidora de diarios que tenía la empresa. “Le dijimos que íbamos y volvíamos”, recuerda. Hicieron los mismo con un cuidador de un fundo para convencerlo de prestarles un par de caballos para cruzar la cordillera de la Costa y así bajar a la bahía.  El chofer los esperó en la camioneta. 

Pero los caballos nunca los devolvieron, el sonido de los helicópteros de rescate, que sobrevolaban la costa, espantó a los animales. A esas alturas ya era el  16 de agosto, día en que recién pudieron divisar al barco Leucotón varado a pocos metros de la playa.  La nave Janequeo de la Armada había sido comisionada para ir en su auxilio, pero todo terminó en una de las mayores tragedias en tiempos de paz de la Armada: 52 marinos muertos y sólo 28 sobrevivientes, entre ellos Armando Valenzuela quien dice que los mandaron a una misión imposible (ver entrevista en página 65). El Janequeo, en tanto,  ya no estaba a la vista, la mañana del día anterior se había hundido tras azotarse contra los arrecifes, en medio de un furioso temporal, con vientos de 148 kilómetros por hora y olas de hasta 15 metros.  

El capitán  de la nave, Mario Leniz Bennet, no pudo hacer nada para salvarla porque un cable de remolque se había enredado en la hélice, el 11 de agosto, lo que impedía salir de la zona de peligro. Se trató de solucionar el problema enviando un equipo de buzos, pero los esfuerzos fueron infructuosos. 

Al saber la noticia, la Armada envió al Casma a su rescate, sin embargo, recaló el día 15 a las 17 horas. Ya era tarde. A las 9:17  horas, el mar tenía el control absoluto del Janequeo, según una investigación publicada por el periodista Miguel Torres, en el primer número de la revista Punto Final.

Faros del sur

Una falla mecánica había obligado al  Leucotón a fondearse en  la Bahía San Pedro. La nave, construida en Texas en 1942, con capacidad para 33 hombres,  zarpó el 1 de agosto de 1965 desde Talcahuano a Chiloé, con la misión de mantener encendidos los faros de esta isla. Sin embargo, una gran ola empujó la nave hasta un banco de arena, a pocos metros de la playa de Caleta Lliuco, en la desembocadura del río del mismo nombre. En su auxilio la Armada envió al Janequeo, entregado por EE.UU. a Chile en 1963,  con capacidad para 85 hombres, junto a otras dos naves auxiliares:  Cabrales y  Galvarino.

La tripulación del Leucotón no se quedó impávida al ver lo que estaba pasando frente a sus ojos y decidieron armar una patrulla para apoyar desde tierra a los náufragos. El marinero Mario Fuentealba se ofreció para tender un cable que permitiera crear un andarivel entre la playa y el Leucotón, para que bajara el equipo de rescate. 

No fue el único gesto heroico de Fuentealba, marinero de 21 años, que no dudó en salvar a la tripulación del Janequeo lanzándose varias veces al mar. Después del tercer o cuarto intento, se ahogó. Hoy sus restos descansan  en la isla Quiriquina, junto a los de Leopoldo Odger del Janequeo, otro héroe de la tragedia, que dejó  siete hijos. 

Contingente 59

La hazaña de Fuentealba  y la historia de la tragedia se mantiene viva hasta hoy gracias sus compañeros de la promoción de  1959 de la Escuela de Grumetes. Los que quedan tienen más de 70 años  y están agrupados en el denominado Contigente 59, que hace seis años se propuso sacar a flote esta historia.“Era una historia que estaba perdida. Incluso, algunas personas de la Armada la desconocían. Fuentealba fue nuestro compañero así que decidimos darla a conocer al máximo de personas”, señala Carlos Cuadra, miembro de este contingente. 

La tragedia y el empuje de este grupo de marinos, son rescatados por Luis Yáñez, periodista  de la productora UAU Comunicaciones, quien realizó el documental “Janequeo, cuando el último parta”, en alianza con la U. Católica de la Santísima Concepción, en el que hay imágenes inéditas de Canal 13, que pudo llegar por mar hasta la zona. 

El documental se proyectó el jueves en Talcahuano, ante más de 300 personas. Entre el público estaba  el periodista Andrés Vidal de la Jara, quien recuerda que no pudo regresar por tierra a Concepción, después de reportear en Bahía San Pedro. Ya no tenían caballos y llevaban casi tres días en la zona, así que la Armada se los llevó en el buque Williams hasta Talcahuano.  Ahí pudieron alimentarse bien, bañarse y cambiarse ropa. A su regreso lo esperaban sus familiares que no sabían nada de ellos. Se abrazaron y lloraron.

“A los tres días apareció nuestro amigo Morales, el chofer, con una barba de este porte, sucio, muy flaco y lanzando una sarta de improperios irreproducibles. Robó papas de los potreros y en un tarro de leche las cocía y así se mantuvo, esperando nuestro regreso, como un perro fiel. La buena noticia es que conservó la pega”, dice Vidal de la Jara en su blog.

El documental, que también se exhibirá en Santiago el 26 de agosto, también recoge las muestras de la masiva despedida a las víctimas en Valparaíso, funerales que fueron encabezados por el presidente Eduardo Frei Montalva.

“El naufragio de la Janequeo para la Armada fue una tragedia que sólo es comparable en magnitud con la tragedia de los soldados de Antuco para el Ejército, por la cantidad de fallecidos, el impacto en la sociedad de la época y el cambio en los procedimientos de la marina para evitar que naufragios como este se repitan”, explica Luis Yáñez. 

En el epílogo de su investigación, Miguel Torres plantea que el episodio dejó muchas dudas abiertas sobre cómo se enfrentó el rescate del Leucotón. “Principalmente aquella que exige una explicación de las razones que se tuvieron en cuenta para enviar en auxilio del Leucotón, unidades de tonelaje insuficiente para enfrentarse a un temporal desatado”, escribió el periodista en 1965.

Quizás la mayor prueba de que era imposible sacar esta nave,  como cree uno de los sobrevivientes, es que hasta el día de hoy, quien visite la Bahía San Pedro puede ver sus restos varados en la playa.

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