Abren exposición por los 15 años del ataque a las Torres Gemelas
El Museo Memorial del 11 de Septiembre de 2001 de Nueva York exhibe una muestra con 13 obras de arte que utilizan restos reales provenientes de los edificios, como cenizas o trozos de papel quemados.
La última columna, la última viga de acero de las Torres Gemelas, fue usada por los familiares de las víctimas como un sitio de memoria. Repleta de mensajes, fotos y banderas, refleja los momentos de horror que marcaron el ataque hace 15 años. Hoy se exhibe, junto a otros miles de objetos, en el Museo Memorial del 11 de Septiembre de Nueva York.
Tras bajar por interminables escaleras hacia las profundidades de lo que fue la Zona Cero, hay restos del edificio retorcidos que parecen esculturas abstractas, una bandera estadounidense chamuscada, un camión de bomberos quemado o fotos de los neoyorquinos tirándose desde las torres. En una esquina se ofrecen pañuelos desechables para los visitantes sensibles.
Lo más espeluznante es una resplandeciente tienda de regalos donde se venden desde peluches de perros policiales a corbatas o tazones y una enorme pared azul con una frase de Virgilio: “Ningún día los borrará de la memoria del tiempo”. Un cartel anuncia que detrás de esa pared hay miles de restos humanos que corresponderían a más de mil víctimas no identificadas.
Desde hace algunas semanas el museo presenta por primera vez una exposición más sutil: 13 obras creadas por artistas como respuestas al 11 de septiembre de 2001. La muestra Representando lo inimaginable abre en un momento en que el museo, que hasta ahora sólo ha mostrado su colección de archivos de la tragedia, es cuestionado por transformar el atentado en un destino turístico.
Una de las obras más impactantes es Tumbling Woman, una escultura de bronce de Eric Fischl que muestra a una mujer cayendo desde las alturas con un brazo extendido. Cuando se mostró por primera vez en el Rockefeller Center en 2002, la obra fue considerada demasiado inquietante y se retiró antes de lo previsto.
Para el propio artista la pieza representa a los que cayeron o saltaron de las torres y es “la ilustración más clara del nivel de horror” de ese día. El escultor, quien perdió a un amigo en el ataque, tenía la fantasía de que si esta escultura se exhibía en el espacio público los transeúntes intentarían sujetar su mano casi como un intento de detener el derrumbe.
De la muestra sólo una obra es de una artista latinoamericana. Mónika Bravo, colombiana que vive desde 1994 en Nueva York, tenía su taller en el piso 92 de una de las torres y la noche anterior al ataque hizo desde los ventanales una grabación de siete horas para un proyecto de arte. Sin saberlo filmó el último día de las torres en pie. “Dejé el estudio a las 23.30 horas y me llevé esa cinta de video. No así el artista Michael Richards que se quedó en el estudio y murió en el ataque. Mi videoinstalación se llama Septiembre 10 2001, Uno nunca muere la víspera y está dedicada a Michael”, recuerda Bravo.
Minutos después de que el primer avión golpeó una de las torres, el artista Todd Stone corrió a la azotea de su departamento en Tribeca para fotografiar y pintar lo que veía. Su primer impulso fue correr y ayudar a las víctimas, pero su esposa le dijo lo contrario. Como artista, tenía que registrar lo que veía: una bandada de palomas asustadas o una nube de fuego estallando en una de las torres. Esa mañana no paró de sacar fotos con su cámara, como si fueran escenas de una película de terror, pero en tiempo real. El resultado fue su serie Testigo, pintada con el polvo que se filtró a su taller.
9/11 Elegías, de Ejay Weiss, son cuatro pinturas realizadas tres días después de los ataques con cenizas de la Zona Cero mezcladas con acrílico negro. Las imágenes aluden a la forma de las torres, pero al mismo tiempo pareciera que el espectador puede mirar a través de ellas. Weiss tenía su taller cerca del World Trade Center y fue testigo del colapso de los edificios.
Caídos, de Doug y Mike Starn, son dos grabados hechos con trozos de papeles quemados que el viento llevó hasta el estudio de estos artistas en Brooklyn, quienes comenzaron a trabajarlos el mismo 11.
Tobi Kahn, cuyo arte se centra en la meditación, tardó una década para hacer una escultura que asemeja el horizonte sur de Manhattan en color blanco. Cuando era un niño, su padre lo llevó al restaurante panorámico del World Trade Center. Todavía recuerda que los edificios de abajo parecían tan pequeños como bloques de juguete.
Gesto, de Manju Shandler, es un mural compuesto por casi 3 mil pinturas inspiradas en fotos de The New York Times que representan el número de personas que murieron en el ataque cuando el artista realizó la obra. Finalmente, las víctimas de los ataques ascendieron a 2.977.
A su vez, World Trade Center como una nube, del pintor Christopher Saucedo, es una etérea representación de las Torres Gemelas en blanco y azul. Su hermano, Gregory, era bombero y murió tras el colapso de la Torre Norte.
Exhibición 13, creado por los tres fundadores del colectivo teatral Blue Man Group, es un video que muestra trozos de papel chamuscado provenientes de las torres, como cartas, páginas de agendas, una hoja arrugada en japonés, una solicitud de trabajo, contratos y documentos financieros en diferentes idiomas que fue arrastrados por el viento y llegaron al lugar de ensayo del grupo en Brooklyn. Tras el ataque, el FBI contactó a la agrupación teatral para contarles que era posible que uno de los autores del atentado hubiera presenciado una función del espectáculo del grupo la noche anterior al ataque.
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