"¿Aló, Daniela? Hay un riñón compatible para ti"
Detrás de cada estadística hay una persona, una familia, que espera un donante. En el Día Nacional del Donante, la periodista de <b>La Tercera</b> Daniela Silva cuenta cómo fue su experiencia cuando ese momento ocurrió.
Eran las 3.30 de la mañana cuando mi celular empezó a sonar. Yo, entre dormida y despierta, pensaba que era muy pronto, que estaba muy oscuro y que la alarma sonaba muy insistentemente.
Pero no era la alarma. Era una llamada.
El sueño desapareció y entré en piloto automático. Contesté sin querer hacerme muchas esperanzas. Pero el nombre que aparecía y la hora de la llamada quizás, solo quizás, indicaban algo más.
- Aló, ¿Silvana?
- Dani, ¿cómo estás?
Esto parecía una conversación a mitad del día, no a mitad de la madrugada.
- Bien, bien, ¿tú?
- Bien. Oye, te cuento: hay un riñón compatible para ti.
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Hay muchas enfermedades que pueden llevar a una insuficiencia renal. Hay varios niveles, etapas, en donde el riñón lentamente se va apagando y la función renal se acaba.
Lo mío, lo que me llevó en menos de una semana a diagnóstico de Insuficiencia Renal Crónica Terminal (Etapa 5, la última) fue una inusual y rápida enfermedad autoinmune en el 2014.
En una semana caí en la UCI y luego de una biopsia que confirmó el diagnóstico (algo llamado Síndrome Goodpasture), empecé el tratamiento de hemodiálisis.
Hay poca información sobre cómo es la hemodiálisis y para qué sirve. Una de las preguntas más frecuentes que me hacían era "¿y todavía te dializas? " ¿Cómo, en Navidad también te tienes que dializar? ¿Y en Año Nuevo?"
Diálisis es un tratamiento permanente. No es para esperar que el riñón se mejore, es para reemplazar a todo el riñón. Si no te dializas, te intoxicas con las mismas cosas que comes y bebes, y te mueres, así de simple. Por lo tanto, el tratamiento debe ser continuo. Se puede estar cayendo el mundo y si te toca sesión de diálisis, debes ir.
Tres veces a la semana, cuatro horas cada sesión. Eso sin contar el tiempo de viaje al centro de diálisis, el tiempo de conexión/desconexión de la máquina y otras cosas, como los dolores en general, los calambres, mareos, vómitos y bajas súbitas de presión que a veces hacen que más que "desintoxicada", sientas que el cuerpo se está cayendo a pedazos. Hay días y días. Días en donde sales relativamente bien de diálisis, y otros en donde quieres acostarte y no levantarte más.
El tratamiento se realiza con dos punciones en el brazo, por uno la sangre sale, y es limpiada por un filtro que hace de riñón, y por el otro la sangre vuelve al cuerpo. Esto, se realiza varias veces durante las cuatro horas de tratamiento.
Hay que pensar que un riñón sano funciona 24 horas al día, los 7 días de la semana. Está continuamente filtrando las toxinas de la sangre y transformándolo en orina. La diálisis se realiza "solo" -y digo "solo" porque las horas ahí, amarrada a una máquina muchas veces se hacen eternas- por cuatro horas, tres veces a la semana, por lo que la limpieza nunca es suficiente, y hay que tener una dieta muy estricta para no llenar el cuerpo de toxinas que pueden provocar graves problemas a la salud.
Por ejemplo, las cosas más sanas, como las naranjas, las papas, el plátano, la palta, son algunos de los alimentos que tenía con consumo restringido. "¡Pero si la palta es tan sana! ¡Tiene harto potasio!" Claro, pero si los riñones no funcionan, no puedes eliminar el exceso de potasio, y este se acumula en la sangre y puede provocar problemas cardiacos graves.
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Luego de casi tres años en diálisis, al parecer tendría una nueva oportunidad. En el caso del riñón, existe la opción de donante vivo. Sin embargo en mi caso no era posible: no tengo hermanos y mis padres no tenían el estado de salud adecuado para poder ser donantes. Mi única opción de dejar la diálisis era la de un donante cadáver.
Luego de la llamada de la enfermera de trasplante para avisarme que había un riñón compatible todo fue muy rápido.
A las 5.15 de la mañana ya estaba en la clínica, donde me hicieron exámenes previos para ver cómo estaban mis niveles de fósforo, potasio, entre otros.
A las 6, mi familia estaba llegando desde Valparaíso para verme rápidamente mientras me realizaban el último chequeo. A las 7 estaba entrando a pabellón.
Ha pasado casi un mes y la vida sin diálisis es algo que aún no puedo asimilar bien. Había olvidado lo que era sentirme sana.
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Los primeros meses post trasplante hay que realizar controles semanales permanentes para chequear con el nefrólogo que el riñón esté en perfecto estado y no ocurra un rechazo. Los medicamentos a tomar son para toda la vida y sí, el peligro de un rechazo del órgano es permanente, es un fantasma con el que hay que vivir, pero no lo cambiaría por nada. La vida sin diálisis significa una nueva oportunidad, nuevas posibilidades. Viajar, estudiar, trabajar, todas esas cosas que estaban limitadas por las horas de diálisis ahora puedo realizarlas sin problemas.
Agradezco infinitamente a la persona que decidió ser donante y entregarme una nueva oportunidad de vivir. Cuando estuve hospitalizada en el mismo pasillo había otros dos trasplantados, un hombre que había recibido medio pulmón, y otro que había recibido un hígado. Y yo, que había recibido un riñón. Todos del mismo donante.
Cuando caminé por primera vez post operada por los pasillos pude verlos a través de los ventanales de la UTI, y la felicidad compartida de nosotros los trasplantados y de los familiares era inmensa, y parecía permear todo el piso y al equipo médico.
El otro riñón y la otra mitad de pulmón fueron enviados a otro centro hospitalario para también ser trasplantados a otras dos personas.
Alguien murió, pero gracias a su generosidad, y a su familia que respetó su decisión, nos entregó vida a mí y a otras cuatro personas más.
Agradezco el apoyo y el trabajo de mi nefróloga, del cirujano de trasplante, de las enfermeras y de todo el equipo médico involucrado. El cariño que se siente por ese alguien anónimo que decidió donar es indescriptible y no solo eres tú, el trasplantado, quien siente este agradecimiento, es tu familia, es tu equipo médico, es cada persona a quien le cuentas que recibiste un órgano y una nueva oportunidad de vivir.
El ser donante es una decisión personal, y debe ser así. Pero es importante informarse de los mitos antes de negarse, es importante hablar con la familia, es importante leer sobre el tema, y si hay dudas, hablar con alguien que se encuentre en lista de espera o quien trate con pacientes en lista de espera.
Yo tuve una suerte infinita de ser compatible con esta persona que decidió donar sus órganos, pero hay miles de personas que continúan en lista de espera. Yo conozco por lo menos a una treintena: Mis compañeros del centro de diálisis con los que compartí por casi tres años. Ellos y muchos otros continúan esperando.
Porque a veces las cifras son solo eso, cifras. Pero detrás de cada número hay una persona, una familia, que solo espera la llegada de un donante.
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