Crítica de cine: Registro de existencia
El artista visual G. Colón decidió realizar una exposición con pertenencias de un tal Hugo Cortés Oyarzún, encontradas en un clásico peladero, en la inmediaciones de Valparaíso. Aquellos objetos eran básicamente carcasas de viejos televisores, zapatos destrozados, fotografías amarillentas e instrumentos de reparación electrónica en desuso. Son los registros de existencia de un señor que Colón creía muerto y que de cierta manera significaban para este artista dado a las reflexiones filosóficas algo así como la precariedad de la existencia. A partir de esta experiencia se desarrolla este documental de ritmo pausado y personajes en retirada, siempre recortados contra el paisaje de un puerto que ya no es. El barrio de La Matriz es parte del horizonte visual retratado por el director Guillermo González y su equipo en Registro de existencia. Junto a esta obra de 46 minutos se exhibe en un programa doble el cortometraje Remitente: Una carta visual, de Tiziana Panizza. La cinta, narrada en primera persona, es un collage de imágenes de recuerdos de infancia y adolescencia de la directora. A pesar de su interesante impacto plástico, el filme carece de la fuerza para trascender más allá de un diario de vida.
Director: Guillermo González
Con: G. Colón y Hugo Cortés.
Duración: 46 minutos. Género: Documental.
Producción: Chile, 2009.
Calificación: Todo espectador.
Sólo en Centro Arte Alameda.
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