Histórico

El tango malentendido

Unánimes alabanzas cosechó Piazzolla, el mal entendido, biografía que define al bandoneonista como un compositor que pagó con incomprensión eterna su desafío al tango.

El tango no es una fuerza monolítica de pura identidad argentina, sino que puede expandirse en varias corrientes sonoras de conexiones cosmopolitas. Esa fue la primera convicción de Astor Piazzolla que lo expuso a la polémica. Al autor de Adiós, Nonino lo tuvo siempre sin cuidado el tango entendido como postal turística e incluso se rebeló ante su imposición de acompañamiento al baile. Hasta su muerte, en 1992, mantuvo una disidencia porfiada con la institucionalidad del género. Para el marplatense, el tango era un material dúctil, que su generación debía convertir en algo diferente al sonido de salón.

"Es lógico que Piazzolla, educado estéticamente en Nueva York rechazara ese mundo cerrado que declamaba su propia representatividad con ese tono de acto escolar que podía escucharse en las películas argentinas de la época. Y es lógico que los músicos de tango se sintieran atacados por ese bandoneonista que siempre los miraba un poco desde arriba, que escribía cosas que ellos no podían tocar y que no se cansaba de hablar en voz alta acerca de su mediocridad y falta de horizontes". La cita es de Piazzolla, el mal entendido, la impresionante biografía levantada por los periodistas Diego Fischerman y Abel Gilbert, y que ha supuesto un hito en el estudio del músico.

Asombra el detalle de la investigación y, sobre todo, la profundidad a la que los autores llegan para explicar sicológica y emocionalmente a un autor que en Argentina, sigue asociándose más a la rebeldía que al genio. No es un libro sobre "tango", sino sobre la corriente  musical que Piazzolla conectó al jazz de George Gershwin, la vanguardia sinfónica de Stravinsky, el bop del Octeto de Gerry Mulligan, y hasta el rock progresivo.

A Piazzolla lo definió en vida su opción de enfrentarse a escenarios poco convencionales. Nació en Buenos Aires en 1921, pero al poco tiempo estaba instalado en Nueva York junto a su familia. La fusión de culturas de esa ciudad lo marcó para siempre. Ya en su adolescencia manejaba con fluidez cuatro idiomas. Su primer bandoneón fue el regalo que le compró su padre en una casa de empeños en Chinatown. "Era lo que podría haber sido un saxofón o una batería", recordaría él.

Mar del Plata, Nueva York, Buenos Aires, París, Milán, Roma: los 10 capítulos del libro se separan por las ciudades que ayudan a entender su música. Al no encontrar en el Buenos Aires de los años 50 la calidez de un ambiente que lo identifique, el tango termina siendo esa ciudad imaginaria en la que el compositor acomodó su existencia. Desde esa diferencia, esta investigación logra un retrato más amplio que el de una biografía convencional, pues incluye el recorrido por una época, por unos prejuicios y por las urbes definitorias de la música del siglo XX.

Piazzolla murió en Buenos Aires, a los 71 años. Ni en sus últimos años su figura encontró consenso en el ambiente artístico de su país. "Piazzolla no era un iconoclasta [...]. Jamás negó o abjuró completamente de los linajes. Así y todo, su espíritu renovador era demasiado para cierto umbral de tolerancia a la novedad", explican los autores. "Entenderlo es, además de acercarse a una de las músicas más trascendentes del siglo XX, entender una sociedad contradictoria, moderna y provinciana a la vez, conservadora e inmensamente ávida de cambios, ampulosa en sus declaraciones y desmesurada en sus visiones de sí misma, que, al mismo tiempo, lo ahijó y lo condenó, lo bastardeó y lo convirtió en unos de sus orgullos".

Soundtrack para Chile

Los vaivenes políticos del compositor son ejemplificados en el libro con una serie de opiniones de alta incorrección, y con un guiño a Chile al detenerse en su colaboración con el cineasta Helvio Soto para la banda sonora de Llueve sobre Santiago, "una película que exalta la figura de Salvador Allende, sin ocultar ciertas simpatías por su verdugo, Augusto Pinochet. La despreocupada elasticidad le permitía ser músico de las 'cancillerías' de dos dictaduras argentinas". Piazzolla opinaba de coyuntura desde un lugar evasivo y algo ajeno: nunca fue un intelectual, aseguran los autores, y su itinerancia entre hemisferios lo hacía mirar a su país desde la impresión más que del análisis.

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