Gratuidad y distribución de ingresos
La gratuidad puede funcionar como consigna de campaña, pero a la hora de gobernar, la candidatura ganadora deberá evaluar el probable impacto de una medida como esta; no vaya a ser que termine empeorando la desigualdad de la sociedad chilena.<BR>

EN UN LIBRO que se publicará este mes, Martín Carnoy, profesor de Economía de la Educación de la Universidad de Stanford, junto a varios colegas de diversos países, presenta un análisis de la relación entre expansión del acceso a la educación superior, movilidad social y desigualdad. Los casos analizados incluyen países que forman el Bric (Brasil, Rusia, India y China), las cuatro economías en desarrollo más grandes y que en conjunto representan el 40% de la población mundial.
Los resultados del estudio son algo paradojales. En resumen, muestran que la enorme expansión del acceso a la educación superior en los últimos años en estos cuatro gigantes no ha servido para hacer más igualitaria la distribución del ingreso. De hecho, la desigualdad aumentó en China, India y Rusia, mientras que en Brasil se mantuvo establemente alta.
¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo es posible que si más gente accede a un título profesional, no se emparejen los ingresos a medida que aumenta el tamaño de la clase media educada? Muchos factores entran al juego en un fenómeno tan complejo como la equidad social, pero el libro ofrece observaciones sobre la estructura y financiamiento de la educación superior en estos países, que pueden ser relevantes para nuestro debate sobre la gratuidad.
Primero, está la diferencia enorme que se verifica en estos países en el gasto por alumno, entre el sector universitario de elite, y las instituciones no selectivas (mayormente privadas) encargadas de la educación de las masas. Como los estudiantes de clase alta son los que predominan en las universidades de elite, son ellos los que se benefician de esta mayor inversión educacional, que resulta en mayores ingresos una vez que se gradúan. Nótese que las universidades públicas de Brasil, India y Rusia, donde estudia la elite socioeconómica, son gratuitas, y en el caso de China, las mejores están altamente subsidiadas por el Estado y los aranceles están congelados desde 2005.
¿Cómo es esto relevante para Chile? Nuestra economía es mucho más pequeña, pero compartimos con los países Bric algunas características en la educación superior: mayor gasto por alumno en las universidades más selectivas, grandes sectores privados en la educación, currículum profesionalizante y exigentes sistemas de selección a la universidad. Quizá a esta lista se agregue en el futuro la gratuidad de los estudios universitarios, tal como se debatió este lunes entre los presidenciables.
La experiencia de los Bric nos recuerda que la desigualdad es un fenómeno multidimensional, que la educación superior puede no ser la mejor herramienta para corregirla, y que considerar sólo el modo de financiamiento de los estudios universitarios, sin reparar en las distorsiones que provienen del sistema de selección a la universidad o la situación del sector privado de la educación superior (incluyendo las instituciones no universitarias), puede arrojar resultados contrarios a los deseados.
La gratuidad puede funcionar como consigna de campaña, pero a la hora de gobernar, la candidatura ganadora deberá evaluar cuidadosamente el probable impacto de una medida como esta; no vaya a ser que termine empeorando la desigualdad de la sociedad chilena.
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