Hermógenes en el exilio
Dos libros, un viaje a la isla Juan Fernández y la fundación de una ciudad austral, son los proyectos del otrora columnista de El Mercurio, que ha optado por el ostracismo público y el mutis por el foro.

Hermógenes Pérez de Arce Ibieta asegura que definitivamente la alegría le llegó, tal cual predijo el 31 de diciembre pasado, cuando renunció públicamente a su comentada tribuna semanal en El Mercurio. Sin embargo, casi nadie de sus cercanos le cree. Muchos le han expresado su preocupación porque dicen que puede estar deprimido. Incluso su mujer, María Soledad Vial, no acepta que a él no le importe no tener columna ni figuración ni reuniones ni debates. "Dice que mi mutis por el foro la ha afectado más que a mí", ironiza este abogado.
Pero él insiste: "Estoy feliz, porque por primera vez en mi vida hago lo que le gusta a mi yo interno, al cual, en general, le he hecho muy poco caso en el pasado y es muy distinto del personaje que represento en el escenario público". No siente nostalgia, porque, según él, salvo los aplausos, que eran escasos y poco ostensibles, lo demás eran predominantemente molestias. Con todo, reconoce que le habría gustado escribir un poema sobre el "trotecito anhelante para ver a Fidel".
Menos irónico, elocuente y radical que el personaje de sus escritos, Pérez de Arce se pasea hoy sin corbata ni impecable traje sastre a la medida. Con camisa y pantalones de algodón, se ve relajado y afable. Tenía la esperanza de que lo dejaran de reconocer en la calle, pero eso no ha sucedido: en las bombas de bencina y los peajes todavía lo llaman con cierta frecuencia "senador". "Parece que algunos creen al electorado mejor de lo que es" satiriza, pero luego admite que últimamente le dicen menos insultos que cuando escribía esas columnas que a pocos dejaban indiferentes.
EL INVERSIONISTA
Durante la década del 60, Pérez de Arce dejó de ejercer como abogado con clientela. Además de sus múltiples labores en El Mercurio, La Segunda y Las Últimas Noticias, durante varios años estuvo a la cabeza de una imprenta ubicada en Providencia.
Hoy ese negocio está en manos de su hijo mayor. Allí trabaja una docena de personas. El giro principal es la publicidad, pero también imprimen libros. "Aunque en este rubro no es muy competitiva, la clientela de nuestras ideas la prefiere", explica Hermógenes. De hecho, la editorial Maye -de propiedad del ex ministro del régimen militar Alfonso Márquez de la Plata y que permanentemente publica los textos de ex generales de la DINA y pensadores afines al gobierno de Pinochet- suele contratar los servicios de los Pérez de Arce.
Aunque no está involucrado en la administración de esta pyme, Hermógenes aún es propietario de las casas que la albergan. Por eso su oficina -tapizada de archivos, libros, diarios y cuadros antiguos- todavía se encuentra ahí. Hoy se dedica principalmente a tratar de "defender" el resto del patrimonio personal y familiar, lo que, por culpa de la crisis, se ha tornado en algo bastante difícil.
Repartido su "haber" en inversiones de renta fija, variable y operaciones agroindustriales en la ribera del Maipo, Pérez de Arce navega por la debacle financiera global con optimismo.
"Pienso que la crisis nos resultará, a la larga, muy rentable a los que durante ella hemos comprado activos desvalorizados", opina.
-Usted debe ser una de las pocas personas que se atrevieron a renunciar en plena crisis…
-Mira, el fisco se quedaba con el 40% de lo que ganaba en El Mercurio y la universidad, de modo que el saldo disponible era relativamente poco. Soy una prueba viviente de que los altos impuestos personales reducen la producción. Así es que no ha cambiado mi nivel de vida, que por lo demás es bastante austero. Nosotros no viajamos, no damos grandes recepciones, no gastamos en lujos gastronómicos ni de vestuario. El único "gusto de rico" que nos damos, fuera de buenas casas, es tener dos buenos autos, pero uno solo es nuevo; el otro ya tiene seis años.
POCIMA DE MADRE TERESA
En general, hay pocos días que se repiten en la vida actual de Pérez de Arce, pero existen ciertas rutinas básicas que el hombre cumple casi a modo de cábala. Sagradamente se despierta antes de las 7:00 de la mañana y comienza la jornada tomando un gran vaso de su remedio natural favorito: los tibicos. Se trata de una especie de algas que se alimentan de chancaca y a las cuales les debe cambiar el agua todos los días.
La "pócima" era recomendada por la Madre Teresa y, según Hermógenes, sus bondades lo tienen "como tuna".
Mientras toma desayuno, aprovecha de dar una mirada a la prensa nacional. Sin embargo, tras su "retiro hacia la privacidad", este abogado y economista dejó de leer los diarios con apremio. "Antes me sentía obligado a tener una opinión sobre casi todos los temas de interés público. Ahora no me doy ese trabajo. Sólo estoy informado y no preparado para opinar de lo humano y lo divino, tal como antes cuando me sentía responsable por el país, aunque el país no se hubiera dado cuenta...".
El ritual continúa -como desde hace ya casi 30 años- con alrededor de 40 minutos de trote. Hoy lo hace por el parque de la calle Charles Hamilton, muy cerca de donde se sitúa su casa, la cual está emplazada en un condominio donde además residen tres de sus cuatro hijos con sus respectivas familias.
Si el día lo permite, de regreso a su hogar, Hermógenes aprovecha de nadar. "Así me ahorro la ducha, porque el gas y el agua están muy caros", ríe.
Ya en su oficina, la rutina de ejercicios -para la mente y el cuerpo- prosigue. Tras meditar durante 20 minutos con los ojos cerrados y sentado frente a su escritorio, el ex columnista de El Mercurio procede a encender una grabadora digital. A través de ésta se oye su voz; profunda, calma, precisa: son las indicaciones de los movimientos y posturas que debe adoptar para la práctica del tai chi, un arte marcial chino que Pérez de Arce realiza durante media hora cada día, antes de comenzar a trabajar.
AUTOBIOGRAFIA NO AUTORIZADA
Luego de revisar su correo electrónico, despachar los e-mails de rigor, ver cuánto han caído sus inversiones y hacer los correspondientes llamados telefónicos de urgencia -siempre los hay-, Pérez de Arce procede a escribir un par de horas.
Está enfrascado en dos obras totalmente distintas: su autobiografía y una novela policial futurista. Por estos días ha dado mayor prioridad a la historia de su vida, pero aclara que el trabajo de escritor "no se organiza, se hace".
Algunos lo tildan de "Llanero Solitario", porque es individualista y le gusta trabajar solo. Por lo mismo, hasta hoy nadie ha leído una línea de estos escritos. La autobiografía ya está comprometida con una editorial, pero aún no tiene fecha de publicación asignada. En un comienzo la quería titular como "Autobiografía no autorizada", pero en el transcurso de su escritura cayó en cuenta que ya existía ese nombre. Hoy tiene otro título en mente, pero no piensa revelarlo para que no se lo copien.
Lleva redactados cinco capítulos (en orden cronológico), cada uno de 50 páginas, aproximadamente la mitad del ejemplar. Y está contento porque dice que una de las cosas gratas de la existencia es hablar de la propia persona. Pero toma precauciones: "Hay que darles a los otros lo que más les interesa, que no es la vida de uno, sino el humor, la anécdota curiosa y los entretelones del pasado histórico".
Con esa idea en mente, Hermógenes reproducirá en este libro la anécdota que vivió en 1989 cuando un grupo de amigos decidió que debía ser precandidato presidencial. Con ese propósito le consiguieron una audiencia con Pinochet, para pedirle su apoyo. Cuando fue a La Moneda, Pinochet fue escueto: "Yo lo apoyo, pero no tengo plata para su campaña". Luego, el militar se paró frente a los periodistas y repitió que lo apoyaba, pero suprimió la segunda parte. "Como había otros precandidatos que gozaban de la simpatía de los medios, ningún canal mostró las imágenes y sólo uno o dos diarios publicaron algo", remata el economista.
Sobre la novela de ficción revela que la escribe en colaboración con un amigo que es arquitecto y astrónomo. El tomo ya tiene seis de los 10 capítulos que Hermógenes diseñó en la sinopsis de la trama completa, pero agrega que le quedan muchas horas de trabajo de revisión por delante, pues hace poco la estuvo leyendo y se aburrió.
"El trabajo más importante de un escritor es el de revisar detenidamente el libro cuando está terminado. Lo mismo rige para un columnista. Yo demoraba más en revisar mis columnas que en escribirlas; las mejores solían ser las más revisadas", agrega.
ENTRE SHAKESPERARE Y MC DONALD'S
Almuerza en su casa con su mujer. Antes, eso sí, practica tenis durante un cuarto de hora en el frontón (en todas sus casas tiene uno).
Después de almorzar, se entrega a uno de sus mayores placeres: la lectura. Su autor preferido es William Shakespeare. Como género prefiere las biografías y la historia. Para Navidad uno de sus hijos le regaló Hitler y Churchill, los Secretos del Liderazgo y simplemente no lo pudo soltar. Uno de los libros que más ha disfrutado es Chile y su Historia, de Arturo Alessandri Palma. Y desde hace 10 años que su texto de cabecera es Una Historia de la Antigüedad, del irlandés Peter Fredet.
En este momento está sumergido en The Decline and Fall of the Roman Empire, de Edward Gibbon, con el cual tiene para rato. Sin embargo, en ocasiones interrumpe las lecturas más pesadas y despacha rápidamente algo sobre actualidad. Así sucedió en febrero, cuando se devoró La Muerte del Camaleón de Víctor Farías, libro que trata, dice, sobre las inconsecuencias y volteretas de los democratacristianos. Ahora, pretende suspender a Gibbon para leer la "Autobiografía de un Yogui".
A veces, mientras lee le da sueño. Duerme una siesta de media hora y cuando despierta va directo al escritorio a jugar ajedrez con un rival electrónico que tiene. "En el nivel básico le gano, pero cuando subo me gana él. Y rabio bastante porque a mi adversario lo tengo programado para comentar mis jugadas y dice frases burlescas muy cargantes cuando me equivoco".
Escribe hasta las siete de la tarde. Luego lee La Segunda, donde es fiel seguidor de las columnas de Gonzalo Vial. Después de comer, por lo general conversa con su señora, salvo que la TV esté transmitiendo Doctor House. No se pierde el noticiero, preferentemente el de Mega, porque "no es de izquierda ni sesgado".
Si se trata de salir, a los Pérez de Arce Vial les gusta ir los martes al Alto Las Condes a ver una película. Ojalá sean de época o sobre alguna arista de la Segunda Guerra Mundial. La última que vieron fue "La Condesa", el lunes pasado. "Antes, tras el cine, íbamos a algún restaurante, pero ahora preferimos comprar unas pechugas grillé en el McDonald´s y las llevamos a la casa para comerlas antes de que se enfríen", confiesa.
DE COPAS CON WHELAN
Durante estos dos primeros meses de autoexilio de la vida pública, las rutinas de Hermógenes se han desarrollado principalmente en las casas que el matrimonio tiene en Reñaca y Algarrobo. Ambas propiedades cuentan con oficinas con vista al mar e internet para trabajar y escribir sin mayores sobresaltos.
Pero el lunes pasado viajó con uno de sus hijos a Villarrica y ahí las cosas cambian. En el sur le gusta salir de su casa, navegar los lagos, explorar lugares poco habitados y andar a caballo.
Pero su espíritu aventurero va más allá: el próximo 23 de marzo tiene planeado viajar a la isla Juan Fernández junto a un amigo. "No conozco el archipiélago y quiero ir a la cueva y al mirador de Selkirk, a las cuevas de los patriotas exiliados durante la Reconquista, al lugar del hundimiento del Dresden, a la playa donde están tratando de desenterrar un tesoro y cualquier otro lugar de interés, aunque haya que explorar, escalar o caminar bastante. Para eso hay langosta para reponerse", cuenta entusiasmado.
Entre viaje y viaje, sin embargo, hay un día en que Pérez de Arce sabe que debe estar en Santiago: el próximo 17 de marzo tiene agendado un importante almuerzo en el restaurante Carrousel. Se trata de su primer encuentro en varios meses con el periodista estadounidense James Whelan, autor de "Desde las Cenizas", larguísimo texto que exalta la labor del gobierno militar.
Tras vivir durante largos años en Chile, Whelan debió volver a Estados Unidos en diciembre pasado por problemas de salud. "Vamos a reeditar la Asamblea General de la Derecha Mundial, asociación que tiene como integrantes a James y a mí, aunque hay algunos otros postulantes que todavía no nos animamos a aceptar en nuestras filas". El almuerzo, como es costumbre, comenzará con un martini Tanqueray.
FUNDAR UNA CIUDAD
Hoy Hermógenes Pérez de Arce se considera un hombre relativamente libre y por eso espera poder concretar "emprendimientos australes". Se trata de uno de sus proyectos más desconocidos: quiere fundar la ciudad más austral del mundo. Le gustaría que el urbanista detrás del proyecto fuera el arquitecto chileno radicado en Inglaterra Marcial Echenique. El negocio estaría en vender los sitios a millonarios excéntricos. Él también construirá una casa allí. "Quedará al sur de Navarino, en una ensenada que tengo perfectamente ubicada y en la cual desemboca un río".
La quiere bautizar como Puerto Poisson, en honor al almirante Maurice Poisson, ex redactor de El Mercurio y quien le regaló el Atlas Hidrográfico de la Armada para que pudiese proyectar su iniciativa. Aunque está decidido a convertir su sueño en realidad, Hermógenes dice que aún no sabe por dónde partir. Tampoco está seguro de derribar los obstáculos burocráticos para poder materializarlo. Pero ganas no le faltan y asegura que pronto tocará las puertas del Ministerio de Bienes Nacionales para hacer los primeros intentos. Además, se propone escribir todo el proceso de fundación que conlleva su emprendimiento.
También tiene ganas de escribir un "programa de gobierno". Como es de suponer se tratará de un documento "liberal-conservador" y "por tanto, revolucionario", agrega el abogado. Sostendrá por ejemplo que no debería existir el Ministerio de Educación, pues "con la monstruosa cifra que éste gasta todos los años se les podría dar a todas las familias pobres de Chile el dinero suficiente para llevar a sus hijos a buenos colegios particulares de su elección. Lo mismo en materia de salud. Hay que privatizar todo y darle a los pobres los billones que derrochan y cosechan los burócratas y los camaradas del partido".
Según Pérez de Arce, esto es todo lo contrario a lo que proponen los candidatos actuales: "Frei es más estatista que su padre. Y Piñera dijo el domingo pasado en El Mercurio que quería un Estado más fuerte y que se hiciera cargo todavía más de la educación y la salud, como si lo que ofrecieran hoy fuese muy bueno".
"ME HICIERON UN FUNERAL DE PRIMERA"
Dice Pérez de Arce que la decisión de dejar la columna la tomó seis meses antes de su renuncia definitiva.
"Como en toda decisión de esa índole, hubo no menos de una docena de factores, pero el que la precipitó fue haber quedado como una voz solitaria pidiendo que la derecha tuviera un candidato presidencial de sus ideas", sentencia.
-Llama la atención que haya decidido dejar también su cargo de editorialista. Es una labor anónima, que no acarreaba críticas personales. ¿Por qué lo hizo?
-Porque quería completa libertad personal. Como editorialista de planta, desde hacía unos cuatro años estaba obligado a ir una vez a la semana al diario y a escribir un artículo sin firma. Éste fue un estatuto que yo mismo pedí. Pero, además, últimamente casi siempre me asignaban sólo temas secundarios.
-¿Cómo fue su despedida? ¿Le organizaron algún festejo?
-Me ofrecieron hacerme una manifestación, que decliné, pero agradeciendo mucho el gesto. Me despedí mediante una carta a las más altas autoridades del diario y a mis colegas redactores. Estoy muy agradecido de El Mercurio y, en particular, de Agustín Edwards, que siempre me llenó de distinciones, designaciones e invitaciones honrosas. Además, trataron muy generosamente el tema de mi alejamiento y considero que con todo lo que publicaron me hicieron "un funeral de primera". Fue más que suficiente.
-¿Cómo fue su última conversación con Agustín Edwards?
-En rigor, mi última conversación con él fue telefónica. Me llamó para pedirme que reconsiderara mi idea de renunciar al diario. Al expresarle yo que la decisión era definitiva, me comunicó cuánto lo lamentaba. Y me pidió que si viajaba al sur fuera a su casa del lago Ranco, donde se proponía permanecer durante febrero. Pero yo no pude ir.
-¿Lo considera un amigo?
-Definitivamente, sí. Conmigo siempre se ha portado como un buen amigo. Puede que en algunos aspectos yo no le haya podido corresponder. Ha habido algunas excelentes invitaciones suyas que mi mujer y yo no pudimos aceptar por limitaciones familiares.
-¿Cómo formalizó su dimisión?
-En realidad, yo procedí por el camino legal de notificar -de acuerdo con mi contrato y con la anticipación debida- a mi contraparte en el contrato, el gerente de Recursos Humanos, Enrique Rosselot. Luego, mediante un mail le comuniqué al director del diario lo que había hecho. Él me contestó que lo tomaba de sorpresa y dándose cuenta de los términos indeclinables de mi decisión, me señaló que lo lamentaba mucho.
-¿Con cuánta anticipación le comunicó su decisión?
-Con la anticipación de 30 días exigida por la ley y el contrato.
-¿Ha mantenido contacto con sus ex colegas del consejo de redacción?
-Como renuncié a partir del 31 de enero y antes hice uso de mis vacaciones, no he vuelto a verlos desde diciembre. Me despedí por carta con cada uno de ellos, que son 23. Uno, Francisco José Folch, me mandó varios mails manifestándose desolado por mi decisión. Otro, Hernán Cheyre, me recordó que alguna vez yo había declarado en una entrevista que nunca dejaría El Mercurio. Bueno, nadie es perfecto. Y un tercero, Álvaro Fischer, contestó mi carta con una suya muy simpática. Yo pedí encarecidamente que no hubiera ninguna manifestación de despedida, como algún buen amigo había anunciado, porque heriría mi modestia y ya la tengo bastante maltrecha. Pero a todos los aprecio y con cada uno mantengo una relación cordial. Sin embargo, hay unos pocos, a quienes yo llamo "el voto duro", que estamos comprometidos a tener una cena de reafirmación de posiciones durante marzo, en mi casa, como tuvimos en años anteriores. Espero que asistan esta vez las viudas de los recordados miembros de este selecto grupo que nos han dejado, como Teresa Adriasola de Poisson -viuda de Maurice- y Angélica Calvo de Bardón, viuda de Alvaro.
-Hablando de Alvaro Bardón, ¿cómo vivió su muerte?
-Sabíamos hace casi un año lo que venía. El también. Así que estábamos resignados. Él lo afrontó con mucha entereza y hasta con humor. Un amigo común le preguntó hace seis meses cómo estaba y él le dijo: "¿Qué querís, la respuesta chilena o la verdad? "La verdad", dijo aquél. "Tengo cáncer y me voy a morir, pus huevón", contestó Alvaro. Lo importante fue que dejó un legado detrás muy poderoso. Considero legó frases para el bronce, que representan no sólo una gran verdad, sino la quinta esencia de su predicamento: "Nunca ha habido un Ministerio del Pan. Por eso nunca la fabricación, el abastecimiento y la calidad del pan han sido un problema".
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Plan digital + LT Beneficios por 3 meses
Comienza el año bien informado y con beneficios para ti ⭐️$3.990/mes SUSCRÍBETE












