Molenbeek, el día después de los atentados
El barrio de la capital belga ha estado en el centro de la atención desde los atentados de París. En ese lugar de cerca de 100 mil habitantes, se habrían planificado los ataques y su cabecilla Salah Abdeslam se crió allí. Los hechos han sido devastadores para el barrio que ha perdido visitantes y su población se siente estigmatizada.
Molenbeek Saint-Jean, una de las diecinueve comunas de Bruselas, ubicada en la zona sur oriente se ha convertido en tristemente célebre después de los atentados en París en noviembre pasado.
Allí se habrían planificado los atentados y de allí habrían salido, también, las armas del anterior ataque contra la redacción del semanario Charlie Hebdo. Sin embargo, el viernes 18 de marzo último, tras la detención de Salah Abdeslam -el hombre más buscado en Europa y supuesto cerebro de los ataques de noviembre en París-, sus habitantes pensaron que ya no estarían en el ojo de los proyectores. Hoy se sienten tristes y furiosos, por los atentados que golpearon al corazón de la Europa comunitaria. “Esto es una catástrofe para nuestra comuna”, nos dice -desesperado- Saïd, de 48 años. “Las consecuencias de la estupidez de estos tipos nos dañan a todos”.
Alexandre Laumonier, antropólogo y editor, de 40 años, que vive y trabaja en Molenbeek-Saint-Jean, explica que muchas personas que siguen la causa yihadista en Siria, son originarios de algunos microbarrios de Molenbeek. Pero, subraya, sobre la base de las “mínimas estadísticas disponibles”, que si la mitad de los belgas que han partido a combatir en Siria son de Bruselas, la otra mitad son originarios de la zona flamenca. “Especialmente en Amberes, donde los proselitistas salafistas de Sharia4Belgium han sido considerados por la justicia belga como uno de los principales reclutadores de yihadistas belgas. El problema del yihadismo islámico sobrepasa las fronteras de Molenbeek”. Laumonier, denuncia la utilización de la palabra “ghetto” para referirse a su comuna. “Si existe un ghetto entonces Uccle, la rica comuna bruselense donde se instalan los exiliados fiscales franceses, es mucho más ghetto que mi comuna, hogar de la diversidad, donde más de cien nacionalidades viven sin que nunca haya habido tensiones comunitarias”.
Hassan, dice: “Les prometen el paraíso con miles de vírgenes. Que serán recordados como mártires. Claro, están desesperados, pero eso no es ninguna excusa”.
Mirjam, de 35 años, con cara larga, interrumpe para decir: “¡Estos terroristas no tienen ninguna excusa! ¿Tú crees que porque han tenido una vida difícil eso les va a justificar?”, -pregunta este papá de una niña de 3 años- “yo recibo una pensión de la mutual de setecientos euros y mi alquiler me cuesta novecientos, pero no me ando quejando, ¡un poco de dignidad! Estos tipos, que algunos llaman locos, no, no son locos. En realidad son unos huevones que no se hacen cargo de sus vidas y enlodan toda nuestra comuna y a la comunidad musulmana que vive acá”. Saïd, continúa: “cierto, ahora ni siquiera tendremos una oportunidad para conseguir trabajo, con sólo poner en tu currículo que vives en Molenbeek ya te miran raro”.
“Antes de los atentados en Paris, la Chaussée de Gand (importante calle comercial), tenía un gran poder de atracción a nivel internacional. Los días sábados, venían numerosos clientes de Holanda y Francia. Pero desde el mes de noviembre pasado, la gente ya no viene”, nos explica Icham. “Ahora ya casi no hay clientes, como usted lo puede ver. Nos pasamos el día viendo las informaciones en la televisión, esperando, que ya no hablen más de Molenbeek como si fuera la cuna del terrorismo. Acá somos gentes de trabajo y de paz… En realidad nos sentimos abandonados por las autoridades”.
Por su parte Mohamed, propietario de una pequeña cafetería, aún no comprende lo que sucede. “Yo soy holandés, y vine a instalarme acá hace tres años, porque Bruselas es un lugar único en el mundo. Hay más de ciento setenta y tres nacionalidades mezcladas que conviven en paz y respeto. Hoy es la catástrofe. Primero los atentados en París y ahora acá… no importa quienes sean estos criminales, la gente pensará -de todas maneras- en Molenbeek”.
Loubna, joven mamá de tres niños, nieta de marroquíes se siente desilusionada “por la manera en que los medios de comunicación han desacreditado nuestra comuna, basados en prejuicios e ignorancia. Hablan del barrio Molenbeek, cuando se trata de una comuna de más de noventa y seis mil habitantes. Hablan de nuestra comuna como la “cuna del yihadismo europeo”, nos igualan a todos a esos delincuentes y criminales. Cuando fueron los atentados de Paris nosotros salimos a la calle para manifestar nuestra solidaridad y rechazo, así mismo lo hacemos -ahora- que estos actos atroces se repiten en Bruselas, nuestra ciudad”.
Delphine, de 40 años, dice: “va a pasar mucho tiempo antes que la gente comprenda que estos tipos no tienen nada que ver con la religión musulmana, ni con los habitantes de Molenbeek. Ya eran delincuentes comunes, irresponsables y eso no tiene nada que ver con nuestra comuna o con la religión. Yo soy atea, pero he vivido toda mi vida acá, mis mejores amigas son de abuelos marroquís que llegaron a nuestro país -después de la guerra- para reconstruirlo y hacerlo más rico, ellas son casi más belgas que yo misma, conocen todas las fiestas y tradiciones locales. Algunas son de confesión musulmana otras no, y eso es tan importante como si yo soy vegetariana o carnívora. Ya está bueno que la gente deje de meter a todo el mundo en el mismo saco”.
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