Nuevo ataque terrorista en Francia
La única respuesta válida contra el fanatismo yihadista que busca destruir la libertad y diversidad que promueve la sociedad occidental es reforzar y mantener vivos esos valores.<br>

A OCHO meses de los atentados en París, que dejaron más de 130 muertos en el peor acto de ese tipo en la historia de Francia, el terrorismo volvió a golpear a ese país y lo hizo nuevamente allí donde más duele. El ataque no sólo fue el día de la toma de la Bastilla, la fiesta nacional de Francia, sino que se llevó a cabo en Niza, uno de los epicentros del turismo veraniego en Europa, justo en momentos en que miles de personas estaban reunidas en el Paseo de los Ingleses, la costanera de la ciudad, para ver los fuegos artificiales y para escuchar música y disfrutar de una noche de verano en un día festivo. Pero la alegría se convirtió en tragedia de la mano aparentemente del fanatismo yihadista, dejando al menos 80 muertos y más de 200 heridos, 50 de los cuales se debatían hasta ayer, según el Presidente francés, entre la vida y la muerte.
Hasta ahora ningún grupo se ha reivindicado oficialmente el ataque, pero todos los indicios apunten a vínculos con el Estado Islámico, al igual que en el atentado de noviembre pasado. La relación es aún más evidente si se recuerda que hace sólo un par de meses el vocero de esa organización yihadista emitió un mensaje a través de las redes sociales llamando a sus simpatizantes a cometer ataques terroristas durante el mes sagrado del Ramadán, que concluyó hace sólo una semana. "Atacar a los que llaman civiles es lo más útil", señaló, agregando que para ello cualquier método sirve: "piedras, cuchillos, atropellos, veneno o estrangulación". Durante las últimas semanas se ha registrado precisamente la más intensa ola de acciones terroristas de los últimos años, con atentados en Bangladesh, Arabia Saudita, Irak, Líbano, Estambul y ahora Niza.
Pero exista o no una relación directa entre la acción del autor del ataque del jueves con el Estado Islámico, lo cierto es que como aseguró el Presidente francés "los tiempos han cambiado y Francia deberá comenzar a convivir con el terrorismo". En el último año y medio el país ya lleva al menos cuatro ataques terroristas y un saldo de muertos que bordea las 300 personas. Un terrorismo cuyo blanco es el estilo de vida occidental, por lo que el objetivo no sólo es Francia, sino Occidente en general, lo que exige una mayor coordinación entre los principales organismos de inteligencia hemisféricos. Ello, al margen de que los franceses deben hacerse cargo tanto de sus propias tensiones sociales internas con la población de origen magrebí -caldo de cultivo para que florezcan propuestas radicales- como de sus evidentes fallas de seguridad para evitar estos actos.
Lo sucedido en Niza revela el fanatismo y la desesperación de una ideología cuya única inspiración es la violencia, como ha quedado de manifiesto durante los últimos dos años con las dramáticas imágenes difundidas por los líderes del EI. Además, se da en momentos en que ese grupo ha comenzado a perder territorio en Medio Oriente y parece haber optado por un cambio de estrategia. Por ello, la única respuesta frente a lo sucedido es la condena unánime de todo tipo de violencia. El terrorismo como método para generar cambios no puede ni debe nunca ser objeto de justificaciones, provenga de donde provenga. Además, la única reacción posible frente a los intentos del yihadismo por debilitar los principios de libertad y diversidad que guían a las sociedades occidentales no puede ser otra más que mantener vigentes esos valores.
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