Puerto Madero celebra sus 20 años con sus hits más importantes
<img height="16" alt="" width="60" border="0" src="http://static.latercera.cl/200811/193728.jpg " /><br /> Desde la última gran colección de arte de Buenos Aires hasta un show de tango en un exclusivo cabaret, qué ver y hacer en el barrio más moderno de la ciudad, que este mes cumple 20 años.
Puerto Madero es la imagen de la nueva Buenos Aires. O al menos de una ciudad modelo que muchos quisieran y que ya se exportó a otros países: sin ruido ni suciedad, con trazado planificado, veredas anchas, parques amplios, respeto por el peatón, más de 20 cámaras de seguridad en las calles y policía propia.
Aunque este mes cumple 20 años, Puerto Madero es el barrio más joven y el menos poblado de Buenos Aires, con 12 mil habitantes. No es extraño el dato si se tiene en cuenta que el metro cuadrado ronda los US$ 5.000. Sus detractores dicen que es demasiado perfecto y ordenado. Que no tiene supermercados ni escuelas ni cafecitos. Que es un barrio sin alma.
Más allá de la polémica sentimental, propia de los argentinos, a Puerto Madero parece no haber llegado la crisis. Se ven autos importados, los departamentos cuestan cientos de miles de dólares y las grúas construyen los edificios más altos de la ciudad. Como el futuro Hotel St. Regis o El Aleph, complejo urbano en el Faena Art District, como se conoce a la zona vecina al Hotel Faena, que costará más de 20 millones de dólares. Se trata de la primera obra en América Latina de Norman Foster, el reconocido arquitecto inglés.
Estas noticias todavía corresponden al futuro, pero el edificio que alberga la Colección Fortabat ya es una realidad de este barrio moderno y preferido por solteros "workaholics", extranjeros y hasta por el director de Google para América Latina.
Además del Tranvía del Este, un tren nuevo que recorre el barrio por la Av. Alicia Moreau de Justo, entre Córdoba e Independencia, en Puerto Madero hay tres hoteles cinco estrellas, una reserva ecológica, una de las esculturas más bellas del país, un complejo con ocho cines y un buen número de restaurantes y parrillas. A continuación, los hits de este barrio estrella.
COLECCION FORTABAT
Amalia Lacroze de Fortabat es la mujer más rica de Argentina y acaba de inaugurar el museo más nuevo de la ciudad. "La señora agrandó el living de su casa y expone su patrimonio", me dice José María Ugarte, administrador de la colección, mientras recorremos las espaciosas salas con pisos de roble de Eslavonia. Se exponen 230 obras, en su mayoría de arte argentino, pero también hay una pintura de la plaza San Marcos –asegurada en US$ 60 millones–, con la fantástica luz de William Turner; un paisaje nevado y lleno de anécdotas de Brueghel y un autorretrato pop de Amalita hecho por Andy Warhol a partir de una foto.
En el segundo nivel hay una buena vista al skyline vecino al Dique, obras de Raúl Soldi –el pintor de la cúpula del Teatro Colón– y también, un valioso mural bizantino, una vasija griega y una máscara egipcia, entre otros objetos que la empresaria atesoró durante años en su piso del Hotel Pierre de Nueva York.
Antes o después de la visita, tenga en cuenta el café La Colección, al mando de Carlos y Jorgelina Esnal, quienes también regentan el Armani Café. Muy buena cocina mediterránea.
Colección Fortabat. Olga Cosentini 141, f. (54 11) 4310 6600; www.coleccionfortabat.com.ar. Horario: martes a viernes, de 12:00 a 21:00, y sábados y domingos, de 10:00 a 21:00. Visitas guiadas gratuitas: a las 15:00 y a las 17:00. Entrada: US$4.
ALGO DE HISTORIA
Puerto Madero está compuesto por 16 dársenas y cuatro diques, que durante mucho tiempo estuvieron abandonados. Su historia se remonta al siglo 19, cuando el ingeniero Eduardo Madero proyectó un puerto muy costoso, que demoró casi 20 años en construirse, y cuando estuvo terminado, ya era obsoleto. Puerto Madero tuvo menos de 30 años de prosperidad como puerto principal del país. Pronto cayó en desuso y fue abandonado durante 60 años.
En 1989 se creó la Corporación Antiguo Puerto Madero, con el fin de urbanizar, recuperar e integrar a la ciudad las 170 hectáreas del puerto abandonado y crear una nueva relación entre la ciudad y el río. Este nuevo barrio no estaría de espaldas al río sino de frente. Entre otras premisas, los edificios históricos podrían ser reciclados pero no destruidos.
A lo largo de un paseo peatonal adoquinado frente al canal, se ven los docks, esos enormes galpones que mantienen la arquitectura industrial inglesa de principios del siglo 20. En el pasado almacenaban la carga que traían los buques al puerto y hoy están convertidos en modernas oficinas y lofts.
DEPORTE AL ATARDECER
Mariana Juárez vive en San Telmo y viene tres veces por semana a patinar a Madero Este, donde están los hoteles y donde hoy se construye la mayoría de los edificios.
A Mariana le gusta el ambiente de la tarde. Se cruza con otros deportistas, gente que corre o anda en bicicleta, y también ve el movimiento de los turistas, que van y vienen con sus compras. Suele patinar al atardecer, cuando el cielo se vuelve rosa y se refleja en los ladrillos de los docks. "A veces, en esta época en que oscurece tarde y todavía hace calor, patino de noche. Acá me siento segura", me dice, y se despide para seguir su ejercicio.
Desde el banco de madera donde estoy sentada veo cómo, además de los porteños, los turistas seguramente hospedados en los hoteles cercanos o de San Telmo, que queda muy cerca, se han contagiado del espíritu deportivo del barrio. Y pasan haciendo footing o en bicicletas arrendadas. Un dato para los que corren: el que prefiera hacerlo sobre tierra, que no se pierda la reserva ecológica, también en Puerto Madero.
UNIVERSO FAENA
Alan Faena fue pionero del barrio. Compró cuando había que comprar, cuando Puerto Madero era una apuesta. Hoy es dueño del Faena Hotel + Universe y de varios edificios de residencias que se venden a extranjeros. A la zona se la conoce como Faena Art District.
Para reciclar El Porteño, un edificio de 1902 construido con ladrillos traídos de Manchester, Faena viajó a París a buscar al diseñador Philippe Starck. Juntos idearon el Faena, un cinco estrellas atípico, un templo kitsch y glamoroso donde se hospeda gente del mundo del espectáculo. Cuando Duran Duran vino la última vez a Buenos Aires, el mismo Faena los esperó con un asado en El Mercado, uno de los restaurantes del hotel. Madonna no se quedó aquí, pero sí apareció un día y se pasó la tarde en el hotel.
Hospedarse es caro. Las promociones de Semana Santa rondan los US$ 395 más IVA la doble. El precio incluye un trago en el Library Lounge, clases de yoga y la sensación de pertenecer a ese exótico universo.
Los que no se queden pueden agendar El Bistró, restaurante donde todo, salvo las rosas rojas, es blanco: las cortinas, los sillones y las esculturas de unicornios que cuelgan de las paredes. El chef es Mariano Cid de la Paz, quien trabajó con Ferrán Adriá, y esa influencia se nota en el juego de texturas, en las espumas. Increíbles los capelettis de cordero con espuma de menta. El menú consta de 14 pasos, maridados por el ojo entrenado del sommelier Aldo Graziani, y cuesta US$ 118.
Al final del larguísimo hall con inspiración de catedral gótica, el Faena tiene su Cabaret, donde por las noches hay un show (US$ 150) que cuenta la historia del tango, con orquesta, bailarines y striptease incluido.
Faena Hotel + Universe. Martha Salotti 444, f. (54 11) 4010 9000; www.faenahotelanduniverse.com
COSTANERA SUR
Se llama así la zona donde está la reserva ecológica, el Museo de Calcos y Escultura Comparada y una amplia rambla, perfecta para correr, patinar, andar en bici o comer un choripán. Este lugar es parte del barrio, pero no tiene nada que ver con el Puerto Madero exclusivo. Al atardecer, los carritos con nombres como El Parrillazo, El Rey o Mi Sueño prenden sus luces estilo navideño y venden por menos de tres dólares un sándwich de vacío (un corte de vacuno), churrasco o pan con chorizo.
La Reserva Ecológica Costanera Sur es el mayor espacio verde de la ciudad y dobla en extensión a Puerto Madero. El lugar se ha logrado con terrenos ganados al río con los escombros de las autopistas de Buenos Aires. La marea se ocupó de traer plantas y animales, para formar un ecosistema. La reserva tiene un sendero perimetral de 8 kilómetros, además de otros caminos internos.
Reserva Ecológica Costanera Sur. Achával Rodríguez 1550, f.(54 11) 4893 1640. Mar. a dom., de 8:00 a 18:00. Entrada gratuita. Si hay luna llena, llame antes y reserve: hay paseos nocturnos, también gratis.
SUSHI EN EL HOTEL MADERO
Si Puerto Madero tuviera una comida barrial, sería el sushi. Quizás porque este barrio se construyó en los 90, en la misma época en que el plato japonés se expandió con fuerza por el mundo. El mejor lugar para probarlo es el Hotel Madero. Para el sushiman del hotel, la frescura es lo más importante. Diego Culota incluye en su carta interesantes combinaciones con salmón chileno, pulpo, lisa y, cuando hay, atún rojo. El sushi se come en Rëd, el elegante restaurante del hotel, y también en White, el bar con DJ en vivo. Para quien extrañe el pisco sour, el de aquí es muy bueno.
Recientemente incorporado a la cadena internacional World Hotels, el Hotel Madero es un lugar de estética minimalista, relajado y con habitaciones a buen precio para un cinco estrellas (desde US$ 180 la doble).
Del sushi, destacan los cuidados cortes de sashimi, los nigiris de langostinos y los uramakis, con mango, calamar sellado, palta y salsa de naranja y lima. Una pareja gasta unos US$ 45, sin bebida. Martes a sábados, mediodía y noche.
Hotel Madero. Rosario Vera P. 360, f. (54 11) 5776 7777; www.hotelmadero.com
PUENTE DE LA MUJER
El Puente de la Mujer, en el Dique 3, se ha convertido en un símbolo de Buenos Aires. Lo construyó el español Santiago Calatrava a pedido del empresario Alberto González, quien luego lo donó a Buenos Aires. Es un puente peatonal y giratorio: un tramo se desplaza 90º sobre su eje en sólo dos minutos para permitir el paso de embarcaciones. Si se queda un rato lo verá. Se inauguró en 2001 y su nombre tiene relación con la zona, ya que las nuevas calles de Puerto Madero tienen nombre de mujer.
BRUNCH EN EL HILTON
Los domingos al mediodía, en el restaurante El Faro, del Hilton Hotel, cuesta conseguir mesa. La propuesta se llama brunch, pero es más que eso: un completo buffet –incluye ostras, carne a la parrilla, pastas, ensaladas, postre y vino– por US$ 50. En las mesas que dan a la peatonal, donde los sábados por la tarde suelen ir las novias a sacarse fotos, se ven turistas que se acercan a vivir el hotel, aunque no sean huéspedes: un café, una patisserie en la panadería, una comida en El Faro. El Hilton fue el primer hotel de Puerto Madero. Hubo una época en que quedaba lejos. Hoy, después de la gran urbanización del barrio, es el hotel más cercano a Corrientes. Entrar al lobby, donde hace algunos años se filmó Nueve Reinas, la película en la que Ricardo Darín encarnaba a un estafador, se ha convertido en parte del recorrido por el barrio.
Hilton Hotel. Macacha Güemes 351, f. (54 11) 4891 0000; www.hilton.com
ANTIGUO HOTEL DE INMIGRANTES
El refrán dice que "los argentinos bajaron de los barcos", y el Antiguo Hotel de Inmigrantes es prueba de eso. Medio escondido, atrás de Buquebús, dentro de la Dirección de Migraciones se halla este museo. Tiene un dejo de abandono el gran edificio construido para albergar y alimentar a los inmigrantes que desde fines del siglo 19 llegaban de Italia, España, Francia, con hambre y sin trabajo. Argentina estaba despoblada y necesitaba gente, por eso hacía campañas para que los extranjeros encontraran aquí una patria nueva.
El Hotel de Inmigrantes funcionó entre 1913 y 1953. Tenía capacidad para tres mil personas. "Bajaban de los transatlánticos ahí –me dice Martín Verlini, el guía, señalando una construcción vecina– y caminaban hasta acá, donde podían quedarse cinco días hasta que consiguieran casa y trabajo".
Se exponen fotos conmovedoras de partidas, llegadas, documentos, maletas y objetos personales. Se pueden leer algunas historias de vida y ver cómo vivían los inmigrantes en este hotel. Tras su charla, el guía ofrece a los visitantes llevarlos al cuarto piso. De repente, Verlini busca en su bolsillo una llave y abre una puerta. Adentro hay 250 camas sin colchón. Así dormían muchos inmigrantes, después de viajar más de un mes. Corazones sensibles, llevar pañuelo.
Además de museo es un archivo, y los hijos y nietos de inmigrantes pueden rastrear aquí los pasos de sus antepasados.
Antiguo Hotel de Inmigrantes. Av. Antártida Argentina 1355. Lun. a vie., de 9:00 a 17:00, sab. y dom., de 11:00 a 18:00. Entrada gratuita.
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