El tenor Javier Camarena adelanta detalles de recital en Chile

El elogiado cantante llega en su mejor momento y se presenta el próximo miércoles en CorpArtes. Sobre su preferencia por el bel canto, dice: “Sus líneas melódicas no tienen comparación en la historia de la música”.

Lo hacen las estrellas de rock y también los actores de Hollywood. Cada cierto tiempo viene un tributo, una fecha o una causa noble y los más conspicuos miembros de la tribu se reúnen para compartir el escenario. En el terreno de la música clásica también existe el rito y la más recientes fue la Gala por los 50 años del edificio del Metropolitan Opera House en el Lincoln Center de Nueva York. Se puede decir que estaba la flor y nata de la lírica mundial y, en medio de Plácido Domingo, Renée Fleming y Joyce DiDonato, un mexicano de estatura mediana, tez morena y ojos claros dejó al público neoyorquino sin habla por enésima vez. Era Javier Camarena, el tenor lírico ligero que lidera el repertorio del bel canto.

Con 41 años cumplidos en marzo, Camarena se encuentra en su mejor momento y Chile tendrá la oportunidad de recibirlo por segunda vez en sólo 24 meses. La primera fue una presentación en el Teatro del Lago de Frutillar el 4 de julio del 2015, el mismo día que Chile le ganó a Argentina y obtuvo su primera Copa América. Ahora, en cambio, estará en Santiago, en el Teatro de CorpArtes, y ya no habrá distracción futbolística que opaque su presencia: Javier Camarena se presentará el próximo miércoles 2 de agosto, a las 20 horas, junto al pianista cubano Angel Rodríguez en un programa bastante heterogéneo, que va de Beethoven a los usuales compositores del estilo belcantista (Rossini, Bellini y Donizetti ) que tanto prestigio le han dado.

“Las líneas melódicas del bel canto no tienen comparación en la historia de la música, son hermosísimas”, dice Javier Camarena desde Ciudad de México, urbe donde vive cuando no está de gira en algún teatro de primera línea del mundo.

Formado en la Opera de Zurich (Suiza) y con una agenda que lo pasea entre el Teatro Real de Madrid, el Covent Garden de Londres o la Opera de Viena, Camarena es uno de los tres cantantes al que el público del Met ha pedido repetir el aria de una ópera: los otros son el italiano Luciano Pavarotti y el peruano Juan Diego Flórez. La última vez fue cantando Don Pasquale, de Gaetano Donizetti, en marzo del 2016.

“Antes que nada, el bel canto me es más cómodo por razones que son estrictamente naturales: mi voz es afín en términos de timbre, flexibilidad y potencia. Ahora, más allá de eso, a mí me gusta incluso por su nombre: el cantar bello”, agrega Camarena, que empezó en la Opera de Bellas Artes de México con La hija del regimiento, la ópera de Donizetti famosa por los nueve y casi imposibles do de pecho (dos muy agudos) del aria Ah, mes amis. El mexicano, que acaba de hacer esta obra en el Liceu de Barcelona y que repetirá el famoso pasaje en Chile, es el mejor exponente de una partitura cuyo máximo difusor fue Luciano Pavarotti.

“Le tengo un gran cariño al personaje del soldado Canio en La hija del regimiento. Sobre todo porque es una ópera donde la que se debe lucir es la soprano, pero que para mí en particular ha significado muchos aplausos”, cuenta Camarena.

Sin embargo, todo repertorio tiene fecha de vencimiento y de la misma manera que la soprano Diana Damrau ya no canta el aria de la Reina de la Noche de La flauta mágica que la hizo famosa, Camarena puede que más temprano que tarde abandone a Canio: “Aún disfruto La hija del regimiento, pero no es que la quiera hacer todo el tiempo. Estoy en un camino de búsqueda, incursionando en roles más dramáticos”.

Sobre este lento pero sostenido giro hacia personajes más dramáticos, Camarena entrega sus pruebas sobre la mesa. Son contundentes. “Así es como canté hace poco al Duque de Mantua en Rigoletto de Verdi (en el Liceu de Barcelona) o a Arturo en Los puritanos de Bellini (en el Real de Madrid y el Met de Nueva York), y en el futuro vienen Fernand en La favorita y Edgardo en Lucia Di Lammermoor, ambas de Donizetti (en el Real de Madrid). De lo que se trata es de cuidar la voz e ir paso a paso”.

Nuevos repertorios

Justamente su reciente incursión en Giuseppe Verdi es lo que más ha llamado la atención y para Camarena las razones son musicales y actorales. “De cierta manera me gusta eso de ser el malo de la película, como me pasa un poco con el personaje del Duque de Mantua en Rigoletto. Quedé muy contento con lo que logré en el Liceu de Barcelona. Pero sin haber hecho antes óperas de bel canto no podría haber llegado a Verdi. Quizás en el futuro haga Alfredo en La Traviata de Verdi”, comenta el cantante, que junto a sus habituales Rossini, Bellini y Donizetti abordará en Chile a Beethoven y Liszt.

“Antes de todo, creo que los Lieder Opus 83 de Beethoven destacan porque son nada menos que textos de Goethe, poesía pura”, dice. Y agrega: “En el caso de los Sonetos de Petrarca de Liszt, lo que tenemos son los versos de un gran poeta italiano del Renacimiento. Se trata, en ambos casos, de un preludio amoroso a lo que vendrá después. Es un tipo de música a la que quizás mi público no está tan acostumbrado. Melódicamente son bastante difíciles y requieren un gran despliegue de la voz y del piano”.

El recital del tenor de Veracruz en Chile el próximo miércoles 2 de agosto es el inicio de una semana de lujo para los conciertos clásicos, que se extenderá hasta el 10 de agosto. Siete días después de Camarena, el miércoles 9, se presentará en CorpArtes el pianista y director de orquesta argentino Daniel Barenboim junto a la Orquesta West Eastern Divan. Al día siguiente, el jueves 10, estará el gran violinista israelí Pinchas Zukerman junto a la Orquesta Sinfónica de Chile.

En esta agenda de presentaciones clásicas, el recital de Javier Camarena es una suerte de primer capítulo vocal y romántico, antes del virtuosismo orquestal y solista de Barenboim y Zukerman.

Al mexicano le llueven todos los buenos comentarios, partiendo por aquel calificativo de “príncipe” de los tenores que alguna vez le entregó The New York Times en 2014, a propósito de su interpretación en La Cenicienta de Rossini. Para él, el tema de los elogios es parte del juego de la vida del artista: “¿Qué puedo hacer? Son las cosas que la prensa, la gente, el público del teatro a veces dice. Para mí ese tipo de calificativos sólo me sirve para tratar de superarme y estar a las altura de las expectativas de los que irán a verme”.

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