Turquía en estado de emergencia
[despues del golpe] El pasado 15 de julio, un grupo del Ejército turco quiso concretar un golpe de Estado, acción que en unas pocas horas fue desbaratada por el Presidente Recep Tayyip Erdogan. A un mes de esos hechos, la nación euroasiática vive un momento sumamente complejo.
“La soberanía yace en el pueblo de la Nación”. La emblemática frase que se encuentra inscrita como un principio básico de la Constitución turca, atribuida al primer Presidente del país, Mustafa Kemal Atatürk (1923-1938), aparece impresa en miles de carteles repartidos en todas las grandes ciudades de Turquía, como un símbolo de repudio al intento de golpe de Estado, el 15 de julio pasado.
Los recuerdos de lo ocurrido esa noche de viernes, cuando un grupo del Ejército turco intentó tomar el control de zonas clave de Ankara y Estambul, se palpan en cada rincón de esta última ciudad. A los carteles, se suman las banderas y fotografías del Presidente Recep Tayyip Erdogan, que se observan en museos, edificios y el transporte público. Nada es al azar.
El espíritu “democrático”, como se le dice coloquialmente, se ve reforzado con las manifestaciones que cada noche los partidarios de Erdogan llevan a cabo en distintas plazas, siendo la más multitudinaria la que ocurre en Taksim, centro neurálgico de Estambul. Incluso, muchos jóvenes han comenzado a escuchar música que evoca el Imperio Otomano.
Aún más, el famoso puente que cruza el Bósforo ya cambió de nombre. Ahora la señalética lo denomina como puente “de los mártires”, en alusión a quienes murieron en ese lugar durante los combates entre los militares golpistas y las fuerzas leales al gobierno. Según las autoridades turcas, el levantamiento y la respuesta para controlarlo provocaron casi 300 muertos, “la mayoría de ellos civiles” y más de 1.400 heridos.
El gobierno acusó entonces a la comunidad religiosa dirigida por Fethullah Güllen -clérigo musulmán, ex aliado de Erdogan que está exiliado en EE.UU.- de estar detrás del golpe fallido. Esto porque desde los 80, Güllen ha infiltrado a sus seguidores en el seno de la administración y las fuerzas de seguridad. No sólo el oficialismo piensa en esa tesis, sino que un 64,4% de los turcos están de acuerdo con esa percepción, según una encuesta de Andy-Ar divulgada a fines de julio.
“No creo que Tayyip esté detrás del golpe fallido, para mí fue Fetullah. Pero muchos en Turquía creemos que él (Erdogan) supo antes de que se intentaría hacer un golpe, dejó que ocurriera y ha tomado ventaja de la situación, adoptando medidas represivas”, dice a La Tercera un periodista turco que prefirió no ser identificado.
Como resultado de la purga de Erdogan, más de 10.000 personas han sido detenidas, al menos 1.400 militares han sido expulsados y 81.000 empleados públicos han sido despedidos o suspendidos.
En Estambul los recintos militares están bloqueados por camiones y custodiados por la policía para impedir que los seguidores del clérigo escapen. Un miembro de la Marina, que pidió ser identificado como Adem, manifiesta su preocupación por la situación que vive su país tras el intento de golpe. “Estamos muy asustados, porque no sabemos qué va a ocurrir. Es cierto que Fethullah Güllen se ha infiltrado en el Ejército y en la Marina. Sé de algunos casos en que la presión ha sido tan grande que se han terminado suicidando”, señala. “Creo que es cierto que estuvo detrás del intento de golpe, ayudados por otros grupos, porque el Ejército está dividido, pero ahora Erdogan quiere hacer una reforma a las Fuerzas Armadas y no sabemos qué ocurrirá”, añade.
La reestructuración que menciona Adem se relaciona con un plan lanzado por el gobierno haciendo uso de los poderes otorgados por los tres meses del estado de emergencia que se decretó tras la acción militar. La reforma al Ejército busca endurecer medidas en contra de los generales y, así, evitar que se repita un complot que pueda llevar a derrocar a Erdogan, un islamista-nacionalista que dirige Turquía desde 2003 . Entre las disposiciones que se han concretado figura el cierre de los colegios militares, algunos de los cuales tienen una tradición que data de la época del Imperio Otomano.
Analistas han advertido que la tarea de reformar el Ejército es enorme y amenaza no sólo a la propia seguridad de Turquía, sino que también a su rol como un bastión en contra del caos que se vive entre sus vecinos de Medio Oriente.
“Estos son momentos de mucha incertidumbre para Turquía”, afirma Halil Karaveli, investigador del Instituto de Asia y el Cáucaso en la Universidad Johns Hopkins, citado por el Financial Times. “Se ha roto la disciplina, la jerarquía. Lo que estamos viendo es un intento desesperado por el gobierno de permanecer en control de unas FF.AA que han colapsado”, añadió.
El intento de golpe ocurrió apenas dos semanas después de un atentado en el aeropuerto Atatürk en Estambul, que dejó a 41 personas muertas y 230 heridos y que fue reivindicado por el “Estado Islámico”. Se trató del sexto atentado en Turquía este año y el noveno desde julio de 2015.
Esta situación ha elevado las medidas de seguridad al punto que en lugares como el Gran Bazar o el Bazar Egipcio, los visitantes son revisados por policías con detectores de metales. “No teníamos policías revisando las carteras antes del atentado en Atatürk. Estábamos acostumbrados en los centros comerciales o en los museos”, cuenta Aysel, estudiante de medicina. “Está bien así, porque ahora nos sentimos más seguros, aunque los turistas no piensen eso, porque cada vez tenemos menos”, comenta a La Tercera.
Tal como plantea Aysel, los atentados han dañado al turismo, uno de los sectores más importantes del país y una industria que registra una caída del ingreso entre 35% y 40% este año. Esto, porque el número de visitantes ha caído fuertemente. De hecho, en mayo -antes del último atentado- el arribo de visitantes disminuyó 37,4% en comparación con el mismo mes del año anterior, la mayor caída en 22 años.
“Es muy triste lo que está ocurriendo. Nadie entiende mucho lo que estamos viviendo, pero estamos muy preocupados. Con este gobierno ha aumentado la islamización: hay más mezquitas que colegios. Hemos tenido muchos atentados. Muchos, especialmente los con mayor educación, están pensando en irse. Creo que se va a producir una gran fuga de cerebros”, dice Sila, quien trabaja en una empresa de marketing. “Quizás es tiempo de irse mientras se pueda, porque no sé dónde va a terminar”, concluye.
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