Por Teodoro RiberaChile y los minerales críticos

Chile posee inmensas reservas mundiales de litio y cobre. No se trata solo de riqueza mineral: es un activo geoestratégico de primer orden en un mundo donde los minerales críticos son poder. A ello se suma una condición menos subrayada, pero igualmente relevante: es la principal puerta de salida al Océano Pacífico de los recursos minerales de Bolivia y del noreste argentino. Esto proyecta al país como un nodo logístico indispensable en las cadenas globales de suministro y reconfigura nuestro peso internacional. Aprovechar este patrimonio exige no solo eficiencia económica, sino claridad estratégica de la política exterior.
El mercado de minerales críticos es parte de la competencia estratégica entre las superpotencias. La transición energética y el desarrollo tecnológico elevaron estos recursos a la categoría de activos de poder nacional y seguridad económica. En este contexto, la rivalidad entre EE.UU. y China se expresa en una disputa por su acceso, control, procesamiento y trazabilidad a lo largo de toda la cadena de valor.
Ambas potencias han intensificado sus esfuerzos por asegurar cadenas de suministro confiables, promoviendo acuerdos que, bajo marcos de cooperación, financiamiento o inversión, pueden incorporar condiciones que trascienden lo económico. Entre ellas, mecanismos de fijación o administración de precios que limiten la autonomía nacional; cláusulas que permitan revisar o vetar operaciones sobre activos estratégicos bajo argumentos de “seguridad nacional”; exigencias de integración vertical o localización de etapas de procesamiento bajo estándares definidos externamente; o acceso a información geológica sensible sin garantías equivalentes de reciprocidad.
Este tipo de compromisos puede erosionar y reducir nuestra soberanía sobre el cobre y el litio, trasladando tensiones globales al Norte Grande, afectando su desarrollo.
Frente a este escenario, Chile no puede limitarse a una lógica de mercado tradicional. Debe definir principios claros para su inserción internacional: resguardar la soberanía sobre sus activos mineros, proteger el carácter estratégico del conocimiento geológico, fortalecer capacidades estatales y evitar dependencias asimétricas. Al mismo tiempo, resulta clave diversificar sus vínculos, fortalecer su posición como plataforma regional y promover encadenamientos productivos que aumenten el valor agregado interno.
Chile dispone de una oportunidad excepcional, pero también enfrenta presiones inéditas. Administrar su riqueza mineral con visión estratégica, patriotismo y prudencia geopolítica será determinante para resguardar sus intereses nacionales.
Por Teodoro Ribera, rector de la Universidad Autónoma de Chile y ex ministro de Relaciones Exteriores
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