Opinión

El test de Habermas: Confianza y deliberación en el nuevo ciclo chileno

Habermas

La llegada de marzo trajo consigo una curiosa coincidencia. Mientras Chile iniciaba el gobierno del Presidente Kast, el mundo despedía tres días después a Jürgen Habermas, uno de los arquitectos de la democracia contemporánea. Más que efeméride, su legado ofrece valiosas lecciones para el ciclo que comienza.

La política tiene sus tiempos y toda administración tiende a privilegiar la eficacia, ordenar prioridades y avanzar con velocidad. Pero un presidente gobierna para todos los ciudadanos, no solo para su base. Por eso, tan importante como la toma de decisiones rápida, es cómo se justifica públicamente. Habermas nos invita a mantener un vínculo entre el ejercicio del poder y los procesos de formación de la opinión y la voluntad colectiva.

No debemos ignorar que la demanda por reencuentro en el espacio público es nítida. El Tercer Estudio Nacional de Polarizaciones de Criteria y 3xi muestra que la polarización política supera con creces a la social. Mientras la élite se atrinchera, la ciudadanía pide encuentro. En ese claroscuro, buscar consensos es un imperativo.

El nuevo Ejecutivo asume con un mandato claro: reactivar la economía, enfrentar la inseguridad y contener el crimen organizado. Ya presentó un Plan de Reconstrucción Nacional, fijó urgencias legislativas en 20 proyectos y retiró 43 decretos en toma de razón. El impulso por copar la agenda del “gobierno de emergencia” es evidente.

Aquí subyace una alerta. Si se aspira a generar confianza sostenida, estas medidas exigen un sentido más alto de legitimidad. Tomando a Habermas, el punto es que aparezcan como razonables y justificables en un espacio público más amplio que el gobierno.

Por ejemplo, la ausencia de la sala cuna universal en las urgencias ingresadas por Segpres al Congreso, no es solo la omisión de una política específica: indica un problema mayor. ¿Puede proyectarse una reactivación integral sin remover la principal barrera a la participación laboral femenina? Si la meta es retomar el crecimiento, el debate no puede reducirse en este ámbito a incentivos o disciplina fiscal. Las infraestructuras sociales de la inclusión, que vuelven sostenible y compartido el crecimiento, son decisivas.

Desde la democracia deliberativa de Habermas, fijar agenda implica considerar los problemas que emergen de las experiencias sociales. El diálogo requiere brindar razones que aspiren al reconocimiento de todas las partes. La emergencia puede explicar la velocidad de las decisiones, pero no es suficiente como justificación de ellas.

El legado de Habermas es la idea exigente de una razón pública, donde la confianza se construye en la interacción entre decisiones institucionales y su justificación mediante procesos de deliberación, sometiendo las decisiones a la prueba de razones compartibles.

Quizás la pregunta final es si la partida de este influyente pensador coincide con el inicio del declive de la deliberación en nuestras democracias o si mejor nos tomamos en serio la tarea de entendernos.

Por Alejandra Sepúlveda P.,Gerenta de Proyecto Integridad Electoral y Género (RLAC)-IDEA Internacional

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