Desafíos de la modernización del Estado

La modernización del Estado suele mirarse con el prisma y la ansiedad de los ciclos políticos. Cada gobierno llega con la expectativa —a veces implícita, a veces explícita— de “dejarlo moderno” en cuatro años. Y cuando eso no ocurre, el juicio suele ser severo. El problema es que esa expectativa no conversa bien con la naturaleza real de los procesos de modernización, que son largos, acumulativos y, muchas veces, poco vistosos en el corto plazo.
¿Qué entendemos realmente por modernizar? Bajo ese concepto caben cosas muy distintas. Hay reformas institucionales que ordenan, crean capacidades y preparan el terreno, y hay cambios más profundos que alteran la forma en que se toman decisiones, se usan los datos o se prestan servicios a la ciudadanía. El error habitual es exigirle a las reformas institucionales los efectos inmediatos de las reformas sustanciales. Esa confusión genera frustración y alimenta la sensación de que “nada cambia”, cuando, en realidad, muchas transformaciones están recién en etapa de cimientos.
En ese contexto, han habido avances en la administración actual. Se ha empezado a consolidar la idea de que la Transformación Digital no es solo subir formularios a una web, sino repensar cómo el Estado funciona y se relaciona con las personas. También se han fortalecido piezas menos visibles —normas, estándares, capacidades técnicas— que rara vez generan titulares, pero sin las cuales cualquier transformación futura simplemente no ocurre. En los procesos de modernización del Estado, lo que no se ve suele ser lo más importante. Sin embargo, aún hay importantes desafíos pendientes.
¿Cómo medimos los avances del proceso? Se ha avanzado en instalar la conversación sobre cómo medir la modernización, pero todavía cuesta asumir que sin métricas comunes y sostenidas en el tiempo, el debate se vuelve más bien opinología. Medir no es un ejercicio neutro ni cómodo: obliga a compararse, a mostrar rezagos y a reconocer que no todos avanzan al mismo ritmo. Aun así, es un paso inevitable si se quiere que la modernización sea algo más que un buen relato.
También se ha aprendido —a veces por ensayo y error— que intentar modernizar todo al mismo tiempo suele terminar en dispersión. La experiencia muestra que los avances más sólidos vienen cuando se prioriza, cuando se acepta que no todo es urgente y que algunos cambios requieren madurar antes de escalar. La transformación digital, por ejemplo, no ocurre porque sí después de digitalizar trámites; ocurre cuando se rediseñan procesos completos y el proceso es acompañado con una buena dosis de gestión del cambio. Eso toma tiempo y, sobre todo, constancia.
La coordinación entre instituciones es otro de esos desafíos que nunca desaparecen del todo. Hay mejores condiciones que antes para compartir información y colaborar, pero las inercias siguen ahí. Cada servicio tiene su historia, sus urgencias y sus restricciones. Romper esos silos no es solo un problema técnico; es un desafío cultural y organizacional que ningún gobierno resuelve por sí solo.
Mirando hacia adelante, el gran reto para el próximo gobierno no será inventar una nueva modernización, sino potenciar la que ya está en marcha. Darle continuidad, corregir lo que no ha funcionado y profundizar lo que sí. La tentación de partir de cero, de cambiar nombres y estructuras para marcar diferencia, suele ser grande. Pero en modernización del Estado, la ruptura constante suele salir cara y su postergación repercute en quienes más la necesitan.
Al final, modernizar el Estado no es llegar a una meta, sino sostener una trayectoria. Es aceptar que los resultados más importantes no siempre se ven en un período presidencial, pero que se construyen con decisiones coherentes a lo largo del tiempo. Reconocer avances, asumir límites y perseverar puede no ser políticamente épico, pero es, probablemente, la única forma de que la modernización deje de ser una promesa recurrente y se transforme, de verdad, en una experiencia cotidiana para las personas.
Por Alejandro Barros y Carlos Castro, Centro de Sistemas Públicos (CSP)Ingeniería Industrial, U. de Chile
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