
El 4 de septiembre

El jueves 4 de septiembre se cumplen tres años del triunfo del Rechazo, un hito que, de cara a las elecciones, invita a mirar con perspectiva crítica y convertir la memoria histórica en aprendizaje. El libro Volver a Rechazar, recientemente publicado por el exconvencional Ruggero Cozzi, ofrece un hilo conductor: sus páginas recogen los debates que marcaron la discusión de la época —octubrismo, Estado plurinacional, justicia indígena, ecoconstitución, derechos de la naturaleza, extractivismo, eliminación del Senado, fin de los partidos, entre otros—, conformando no solo un catálogo, sino un verdadero mapa emocional de un periodo que transformó el clivaje político de nuestro país y que aún condiciona muchas de nuestras decisiones.
Fueron años de discursos y convicciones extremas que, presentadas como inevitables, fragmentaron el debate público. Ese enfoque convirtió el delirio en norma. No se trató solo de creerse del lado correcto de la historia; esa certeza terminó justificando los excesos y causando enormes daños al país.
Frente a ese clima, la sensación de vulnerabilidad compartida, de parte de la sociedad chilena, jugó un papel decisivo. Estuvimos al borde del abismo, y eso reforzó la urgencia de actuar y la determinación de quienes, transformaron la realidad, aun a costa de grandes sacrificios. El triunfo del 4 de septiembre no fue fruto de la inercia ni del azar, sino de estrategia, compromiso y esfuerzo, individual y colectivo.
Para la derecha, las lecciones de esos años son relevantes. Primero, reconocer que no comprendió plenamente el estallido social. Como advierte la paradoja de Tocqueville, las grandes movilizaciones no surgen en la escasez, sino cuando las expectativas crecen más rápido que la realidad. Esto muestra que no basta con indicadores económicos ni soluciones tecnocráticas: es necesario comprender tensiones, contradicciones y expectativas, y aceptar la ambigüedad del comportamiento humano. Segundo, la salida constitucional dejó heridas profundas y fracturó las confianzas. Piñera enfrentó la peor oposición desde sus propias filas, y el juicio a sus decisiones no fue de ideas, sino personal. Desde entonces, el carácter, la valentía y la determinación se han presentado como un vacío elemento diferenciador, absurdamente incompatible con la prudencia. Tercero, en el segundo proceso Chile Vamos debió haber hecho más. Por último, y esto resulta fundamental hoy, la derecha no solo tiene una oportunidad, sino que heredó una responsabilidad.
En la izquierda, y producto del fracaso, conviven hoy quienes no están dispuestos a tropezar de nuevo con la misma piedra y han declarado que no votarán por Jeannette Jara, y quienes, por el contrario, esperan el momento de remontar la derrota. A esa facción la veremos pronto en la calle como una oposición feroz, pues, como señaló Guillermo Teillier en su momento, aquel proyecto de Constitución no necesitaba ajustes y los representaba. Hoy, aunque se esfuercen por ocultarlo, la pulsión sigue viva.
De cara al futuro, se requerirá mucho más que carácter. La sociedad espera cambios concretos, y no basta con la buena voluntad ni con la firmeza personal: la esperanza no es un deseo, se construye, tal como se hizo en la gesta del rechazo.
Por María José Naudon, abogada.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
2.
3.
Contenido exclusivo y análisis: suscríbete al periodismo que te ayuda a tomar mejores decisiones
Oferta Plan Digital$990/mes por 3 meses SUSCRÍBETE