Por Gonzalo CorderoEsperanza
Cuesta ser optimista en estos tiempos, las famosas palabras de Mc-Iver en su “Discurso sobre la crisis moral de la República”, al inicio del siglo pasado, hoy se quedan muy cortas al ver el deterioro de la convivencia, los casos de corrupción que han llegado incluso a las instituciones más importantes para sostener un orden civilizado, la inseguridad, la violencia, el debilitamiento de la ley, la pérdida total de las formas. En el Congreso, un diputado le lanza a otro un billete, en un gesto grosero, torpe, que degrada la función que ejerce y la representación que inviste.
Decía Václav Havel que “la sociedad es el espejo de sus políticos. Depende en gran medida de los políticos qué fuerzas sociales se liberan y cuáles se reprimen, si se apoyan más en lo mejor de cada ciudadano, o si lo hacen, por el contrario, en lo peor”.
Afortunadamente, el ámbito de lo público nos ofrece más que la descalificación, el discurso inmoral del populista o los sucesivos escándalos que llenan los medios de comunicación y las redes sociales. Esta semana tuve el privilegio de participar en las actividades del trigésimo quinto aniversario del centro de estudios Libertad y Desarrollo, institución a la que me honro en colaborar. La actividad principal fue un seminario en que cuatro excepcionales economistas aportaron su visión sobre los desafíos que enfrenta Chile para recuperar la senda del crecimiento, requisito indispensable para que la gente vuelva a sentirse parte de un proyecto común de sociedad.
Se habló, por supuesto, de reformas, de las que se hicieron en la década de los ochenta del siglo pasado y que pusieron a nuestro país en la senda de los treinta años más exitosos de su historia; también se analizaron algunos de los cambios que ha hecho el gobierno de Javier Milei en Argentina y que le han permitido sacar a cerca de doce millones de personas de la pobreza, mientras se reduce la carga tributaria en dos puntos del PIB y el gasto público en cinco, al mismo tiempo que se logra superávit fiscal. Parece un milagro, como lo pareció también en algún momento el éxito de Chile en la reducción de la pobreza.
Por último, se conversó sobre los cambios indispensables que ahora necesita nuestro país para volver al camino correcto, dejando de lado los discursos disociadores y la infernal -el adjetivo es mío- maraña de normas burocráticas que asfixian el emprendimiento y la creación de riqueza.
Libertad y Desarrollo nos permitió recordar a los asistentes que los problemas públicos no solo atraen la estridencia, el resentimiento y la mediocridad. También existen personas brillantes y generosas, cuya vocación es estudiar, generar conocimiento y trabajar en eso que llamamos el bien común, a pesar del injusto costo que muchas veces eso les acarrea.
Cuánta razón tenía el gran intelectual y político checo, la sociedad es el espejo de sus políticos, ojalá en la nuestra se impongan, en todos los sectores democráticos, los que con su sabiduría, talento y actitud nos devuelven la esperanza.
Por Gonzalo Cordero, abogado.
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