Opinión

La fórmula chilena

En este camino a encontrar nuestra propia fórmula, esta semana surgieron propuestas interesantes de parte de los gremios: las medidas de CPC y Sofofa, que apuntan, por un lado, a restablecer el orden y la seguridad en la zona, como también a fomentar la integración territorial y productiva de la región.

El lunes, la comisión mixta aprobó 18 escaños a pueblos indígenas, solo nueve de estos dentro de los 155 convencionales. Sebastian Beltran Gaete

Desde el adiós a Diego Maradona hasta los premios Princesa de Asturias de 2017 o la despedida de las víctimas de los atentados en Nueva Zelanda en 2019. Todos momentos de alta connotación mundial en los que ha estado presente el haka, la tradicional danza maorí. Pero no siempre fue así. Mucho antes de que el haka representara el exitoso modelo de integración cultural, social, política y económica entre Nueva Zelanda y el pueblo maorí, hubo años de un álgido conflicto que tuvo prácticamente dividido el país en dos por varios siglos.

Hoy, en cambio, los maoríes tienen escaños reservados en el Parlamento neozelandés e incluso, un tribunal especial para investigar reclamos de cualquier maorí que se sienta perjudicado en sus derechos o intereses. Pero, también, se han incorporado como protagonistas a la producción de energía renovable, desempeñando distintas labores, desde el cultivo de hierbas para la producción de biocombustibles, hasta la coadministración de parques eólicos con empresas estatales dedicadas a energía y empresas de producción de Energías Renovables No Convencionales. También tienen presencia en rubros como el forestal, pesquero, agrícola y áreas de servicios y turismo. En 2018, los maoríes representaron nada menos que casi el 6% del PIB de Nueva Zelanda.

Pues bien, ¿la receta neozelandesa sirve para resolver el conflicto en La Araucanía? ¿Puede atender las demandas históricas del pueblo mapuche y, al mismo tiempo, poner fin a la escalada de violencia desatada en la zona? “La experiencia neozelandesa puede entregar una guía, pero, en definitiva, la que Chile elija debe ser una fórmula chilena”, respondió Christopher Finlayson, exnegociador con los maoríes en Nueva Zelanda, en entrevista con este diario el año pasado.

En este camino a encontrar nuestra propia fórmula, esta semana surgieron propuestas interesantes de parte de los gremios: las medidas de CPC y Sofofa, que apuntan, por un lado, a restablecer el orden y la seguridad en la zona, como también a fomentar la integración territorial y productiva de la región.

Soy de los que creen que los empresarios y emprendedores de manera directa también tenemos mucho que decir y hacer para aportar a esta fórmula.

Por ejemplo, en el ámbito del venture capital, apoyando como “inversionistas ángeles” proyectos donde estén involucrados emprendedores de la etnia mapuche y que tengan altas potencialidades de crecimiento. Porque, aunque muchos no lo sepan, existen empresas innovadoras fundadas por personas mapuche que están impactando no solo a nivel local, sino también global.

Es el caso de la plataforma de inteligencia artificial Lirmi, que ya opera en Chile, Perú, Colombia, México y Brasil, y se prepara para ingresar al mercado estadounidense; la firma de biotecnología para el cultivo de plantas y frutales, Myconativa, nacida a partir de la investigación científica de una académica de la etnia; o el caso de Frutos del Budi, firma dedicada a la multiplicación in vitro de diversas plantas, que comercializa en todo Chile y exporta a Uruguay, Perú y Argentina.

En el ámbito de recursos humanos también hay camino por recorrer. Entendiendo el valor que una mayor diversidad entrega a las organizaciones y así como se está trabajando activamente por sumar más mujeres y personas en situación de discapacidad o de la tercera edad, podría ser un objetivo integrar a más profesionales de los pueblos originarios a las compañías.

Algunas empresas ya han hecho su propia ruta. Por ejemplo, el proyecto Künu -que significa “espacio ceremonial” en mapudungun-, de Arauco con Elemental -liderada por el arquitecto Alejandro Aravena- y la Asociación Comunal Mapuche de Loncoche, que tiene como objetivo crear un lugar simbólico para que, según los gestores, chilenos y “peñis” “vuelvan a parlamentar”, proceso clave para que podamos encontrar la “fórmula chilena”. Otro, que se inició hace algunos años, es la elaboración del primer vino mapuche que crearon Viña San Pedro en conjunto con la comunidad de Buchahueico en el Valle del Malleco. CMPC, por su parte, ha buscado relacionarse de una manera distinta con la comunidad mapuche y su propio presidente, Luis Felipe Gazitúa, ha tomado la causa como propia.

Pero aún hay mucho camino por delante para poder hallar la “fórmula chilena”, donde también será necesario encontrar líderes no solo empresariales sino políticos que vayan más allá de los ciclos electorales y estén disponibles para sumarse a este propósito.

Cualquiera sea el camino, este debe tener como centro el diálogo, donde una condición base es recuperar el orden público para iniciar un largo proceso de generación de las confianzas necesarias para este tipo de desafíos. Porque solo así podremos avanzar a un “mapa común” para lograr un futuro compartido que nos permita ser una sociedad que se potencia con la diversidad como parte de su esencia e historia.

-El autor es Gerente general del Grupo Prisma

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