Trump deja la Casa Blanca

Foto: Andres Perez



Las fuerzas que generaron el trumpismo siguen, listas para reemerger en algo nuevo sin Trump.  El movimiento se conoció como MAGA (Make America Great Again).  Esta frase, usada muchas veces por Trump en su campaña de 2016 resonó con una población que estaba desilusionada del sistema político, y que buscaba encausar su miedo y desesperación.

Miedo a funcionar en un mundo que no se comprende, uno donde hay inseguridad en el trabajo porque no se tienen las competencias que otros tienen para progresar. Miedo porque los puestos de trabajo a los que se pueden aspirar se van disipando en manos de inmigrantes o se exportan a países de ingresos más bajos. La evidencia sobre la evolución de los salarios para trabajadores sin educación superior o sin especialidades, indica que este miedo es plenamente justificado.

Llegar al fin de mes con un ingreso limitado, manejar enfermedades y problemas familiares ha sido parte de la vida por siempre. Lo nuevo es el desapego y la desesperanza de muchas personas, mayoritariamente hombres jóvenes y de poca educación.

EE.UU. es uno de los tantos países que sufre de un periodo histórico de grandes divisiones. En algunos países de Europa la desesperanza se ha volcado en animosidad contra los inmigrantes, aun cuando ellos son los más dispuestos a tomar los trabajos que pagan poco. En EE.UU. la desesperanza se volcó contra el sistema político establecido, y encontró un líder en Trump. Creyeron que haría el país “great again”, lo que interpretaron como la vuelta a empleos seguros y bien remunerados.

En Chile, la desesperanza y desilusión se tradujo en un rechazo a la empresa privada con la idea confusa de que “soy pobre o estoy endeudado porque los ricos se lo llevan todo”.  En muchos países la ciudadanía está dividida 50/50 entre volver al pasado (que recordamos fue mejor) o apoyar propuestas de progreso.

Chile y el resto del mundo necesitan un esfuerzo nacional hacia el entrenamiento y reentrenamiento de su fuerza de trabajo para enfrentar mejor los cambios tecnológicos. La reducción vertiginosa en el costo de la computación creó la oportunidad de desarrollar programas que manejan máquinas que eficientemente ejecutan tareas repetitivas.  Para que el trabajo de las personas sea bien remunerado, este tiene que redefinirse para complementar las tareas repetitivas que se han hecho muy baratas. Lo que hace falta es saber aprender a usar máquinas, a tomar decisiones, a trabajar en equipo, a estar dispuesto a cambiar -a veces el quehacer dentro de una empresa y muchas veces el empleo hacia otra actividad.  Estos cambios involucran inversión de tiempo, recursos y voluntad nacional. No podemos desentendernos del miedo que estos cambios generan en las personas. Se trata de reorganizar el mundo del trabajo y reentrenar a las personas, una tarea urgente que, si la tomamos en serio, nos sacará de la división y la desesperanza.

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